El Comercio
Quito, 24 de abril de 2008
"se confirma la intención gubernamental de construir un Ejecutivo extremadamente poderoso, no solo en el plano económico y político, sino en otros campos como la planificación, la contratación pública y la administración seccional, mientas se ‘licua' la influencia de los poderes tradicionales en función de un presidencialismo duro". (El Comercio. Ecuador)
"...se confirma la intención gubernamental de construir un Ejecutivo extremadamente poderoso, no solo en el plano económico y político, sino en otros campos como la planificación, la contratación pública y la administración seccional, mientas se ‘licua' la influencia de los poderes tradicionales en función de un presidencialismo duro.
En lo económico, se quiere dejar la política monetaria y fiscal en manos del Ejecutivo, lo cual sumado a las reformas sobre los fondos petroleros da al Gobierno de turno un enorme poder real. Esto, a su vez, cambiará las relaciones con los organismos seccionales, amén de los cambios político-administrativos que están en curso y que incidirán en el peso de la representatividad política a escala nacional.
En cuanto a la planificación, la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo, Senplades, tendrá un gran poder, mientras el Consejo Nacional de Planificación no tendrá capacidad de decisión para modificar los planes. En materia de contratación pública, por ejemplo, el Instituto Nacional de Contratación Pública dependerá del Ejecutivo, lo cual dejará la decisión de los grandes contratos en esa esfera.
Mientras tanto, se plantea crear más funciones del Estado, entre ellas la de Control Social, que en la práctica puede depender también del Ejecutivo. Éste a su vez podrá disolver al Poder Legislativo, mientras que hay la intención de reducir al Poder Judicial a una Corte de Casación.
Algunos se preguntarán qué diferencia hay entre el actual superpoder -por la vía de la emergencia, en el manejo del presupuesto, en la adjudicación de contratos, etc.- y lo que viene, pero consagrar el superpoder Ejecutivo, en la Constitución y en las leyes, puede resultar muy peligroso, al margen de la buena voluntad de quien la ejerza".
Extracto del artículo publicado por el diario El Comercio de Quito
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