
Infolatam
Madrid, 7 de septiembre de 2007
(Especial para Infolatam) .- "Ninguno de los dos candidatos favoritos garantiza la futura gobernabilidad. Colom llega hipotecado por un partido debilitado internamente y con serios señalamientos de corrupción... Pérez Molina tendrá siempre una tentación: apelar al autoritarismo para resolver los problemas decretando, como ha prometido, el estado de excepción en las zonas más conflictivas. O acudir al ejercito para combatir a ese estado dentro del estado que son los cárteles de la droga".
Si se cumple lo que vienen anunciando las encuestas, Guatemala tiene una difícil elección para el próximo 4 de noviembre. En la segunda vuelta, este país centroamericano deberá optar para presidente entre Álvaro Colom y Otto Pérez Molina. Es decir, está condenado a elegir entre lo malo y lo peor. Por un lado, Colom: un político salpicado desde 2004 por los escándalos que han afectado a su partido, el cual padece de fuertes divisiones internas y sospechas de estar infiltrado por grupos de presión vinculados narcotráfico.
Por otro, Pérez Molina, un exmilitar que ha ganado popularidad defendiendo la "mano dura" contra la inseguridad que azota al país (no en vano el símbolo de su partido es "un puño cerrado"). El problema es que, más allá de eso, el líder del Partido Patriota no ofrece mucho más. O sí: aspira a impulsar una profunda reforma constitucional para cambiar la institucionalidad. Es decir, seguir el ejemplo de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, aunque desde la derecha, e introducir al país en un proceso de transición y provisionalidad del que se sabe como se entra pero nunca como se sale. Además, sus fuertes apoyos económicos echan una sombra de duda sobre su candidatura (el siempre bien relacionado magnate de la televisión, el mexicano Ángel González, el poderoso grupo Bosch-Gutiérrez o su alianza con los industriales Castillo Sinibaldi, uno de cuyos representantes es su compañero de fórmula)
Ninguno de los dos candidatos favoritos garantiza la futura gobernabilidad. Colom llega hipotecado por un partido debilitado internamente y con serios señalamientos de corrupción. Una agrupación que ha crecido mucho, casi en forma de aluvión, sin control y que ha dado cabida a todo, bueno y malo. Por su parte, Pérez Molina tendrá siempre una tentación: apelar al autoritarismo para resolver los problemas, por ejemplo, como ha prometido, decretando el estado de excepción en las zonas más conflictivas. O acudir al ejercito para combatir a ese estado dentro del estado que son los cárteles de la droga, cuyo poder en Guatemala no ha dejado de crecer gracias a la debilidad del Estado.
Los resultados de este domingo van a ratificar la maldición que pende sobre los partidos en el poder que nunca han sido capaces, desde la reinstauración de la democracia en 1986, de conseguir que su candidato triunfe en las elecciones presidenciales tras cuatro años de gobierno. Le ocurrió a la Democracia Cristina en 1990, tras ser gobierno con Vinicio Cerezo en 1986, al PAN en 2000 tras llegar a la presidencia con Álvaro Arzú en 1996, al FRG en 2004 tras gobernar este partido con Alfonso Portillo desde 2000. En 2007, le ha tocado el turno a la GANA, una alianza coyuntural nacida en torno al actual presidente Óscar Berger, y que contaba con un buen candidato, con carisma, como Alejandro Gimmattei, quien no pudo, al fin y a la postre, superar la maldición que persigue a los partidos oficiales.
La gran decepción de estos comicios tendrá nombre propio: Rigoberta Menchú. Su prestigio, el Premio Nobel de la Paz de 1992, no le ha servirá para pasar del 5% de los votos y habrá que ver si el esfuerzo ha valido para dar a conocer a Encuentro por Guatemala, el partido que la respaldaba, objetivo último de la líder de esta organización, Nineth Montenegro. De nuevo, tendrá un papel destacado, dentro de lo minoritario, Eduardo Suger, un intelectual -rector de la Universidad Galileo- que difícilmente puede conectar con la masa y cuyos planteamientos a veces son excesivamente utópicos (como convertir a Guatemala en una especie de Suiza confederal y descentralizada).
¿Cómo se desarrollará la segunda vuelta? Pues sin duda, habrá más de lo mismo. Colom buscará movilizar el voto rural donde lleva claramente ventaja y mostrar un rostro amable y de interés por los temas sociales en contraposición a su rival, caracterizado por "la mano dura". Señalará a Pérez Molina por su alianza con los poderes ocultos y no dudará en hacer referencia a su pasado en las Fuerzas Armadas y en los servicios de inteligencia del ejército.
Por su parte, Pérez Molina, cuya fortaleza electoral se encuentra en las zonas urbanas, seguirá acusando a su rival de corrupción y vínculos con el narcotráfico, además de hacer hincapié en que es el único capacitado para luchar contra la violencia y la inseguridad. Se presentará como un "líder fuerte" en contraposición con el "débil liderazgo" de Colom. Buscará asimismo suavizar su perfil recordando que fue uno de los firmantes de la paz con la guerrilla en 1996.
La remontada de Pérez Molina, que pasó de estar a 20 puntos de Colom a igualarle en las encuestas, hace prever que el exgeneral es el caballo ganador, pues sus opciones y su progresión es ascendente mientras que la de su rival está estancada, cuando no en franca regresión. Ha sabido conectar mejor con el electorado al que ha ofrecido soluciones a los dos problemas concretos que más afectan al país (promete dar "seguridad y empleo"). Mientras, el mensaje de Colom se ha diluido en propuestas voluntaristas y de escaso calado en un electorado como el guatemalteco de poca cultura política.
Así pues, la pugna entre Colom y Pérez Molina no ofrece un buen panorama de futuro para una nación a la que le quedan grandes retos que superar: la inseguridad que azota al país, la espiral de violencia que suma 16 asesinatos diarios, una pobreza que afecta al 50% de la población, y unos cárteles del narcotráfico que han penetrado por todos los rincones y llegan adonde el Estado no lo hace. Además, Guatemala debe tratar de no perder el tren de la globalización con todas las oportunidades que ofrece y todos los riesgos que conlleva, los cuales sólo podrá afrontarlos abriéndose al mundo y modernizando un sistema educativo más propio de los años 50 que del siglo XXI.
Colom o Pérez Molina. Los guatemaltecos deberán elegir entre lo malo y lo peor. Ustedes elijan ahora quién es en esta película el malo y quién es el peor. Para Guatemala, ambos, pésimos.
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