EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

George W Bush y América latina: Un discurso de despedida

 

Infolatam
Nueva York, 30 de enero de 2008


(Especial para Infolatam)

"...En parte debido a que sus otras prioridades han terminando convirtiéndose en dolores de cabeza para Bush y para los estadounidenses, y en parte porque las relaciones con América Latina son una de las pocas áreas donde el presidente saliente puede demostrar logros relevantes, en su discurso de despedida Bush pareció volver a poner énfasis en la región del mundo que más parecía interesarle cuando asumió el poder en enero de 2001".

En su octavo y último discurso anual sobre el estado de la Unión, el presidente estadounidense George W. Bush dedicó más tiempo a discutir temas relacionados con América Latina que en cualquiera de los siete discursos anteriores. En parte debido a que sus otras prioridades han terminando convirtiéndose en dolores de cabeza para Bush y para los estadounidenses, y en parte porque las relaciones con América Latina son una de las pocas áreas donde el presidente saliente puede demostrar logros relevantes, en su discurso de despedida Bush pareció volver a poner énfasis en la región del mundo que más parecía interesarle cuando asumió el poder en enero de 2001.

Al comenzar su primer periodo, el Presidente Bush insistió en privilegiar la relación estadounidense con México. Al otorgarle al entonces presidente mexicano Vicente Fox el honor de ser el primer mandatario homenajeado con una cena de estado en la Casa Blanca a comienzos de septiembre de 2001, Bush intentó enviar el mensaje que México estaría al centro de la política internacional en su gobierno. Las relaciones con América latina serían prioritarias para este presidente que había ejercido anteriormente como gobernador de Texas.  

Pero inmediatamente después de la visita de Fox a Washington, los atentados del 11 de septiembre cambiaron radicalmente las prioridades de Estados Unidos. Afganistán primero y después Irak reemplazaron a México y a América Latina como áreas prioritarias para la administración Bush. El frustrado golpe de estado contra el presidente venezolano Hugo Chávez  en abril de 2002 tensionó las relaciones entre Washington y América Latina. Aunque no hubo evidencia de involucramiento directo del gobierno de Bush, las sospechas de que Estados Unidos miró con buenos ojos el intento de forzar la salida de Chávez recordó los años de la guerra fría cuando Estados Unidos apoyó y defendió a gobiernos no democráticos en la región.  

Pero aunque la guerra en Afganistán y la invasión de Irak sacaron a América Latina de la lista de prioridades de Washington, los acuerdos de libre comercio firmados con Chile en 2003 y con cinco países de América Central y la República Dominicana en 2005 dejaron claro que, aunque no era un tema prioritario, sí se podían producir avances en la relación con América Latina, especialmente en materias de promoción del libre comercio. Ya que el libre comercio parecía ser el único punto en la agenda donde había espacio para avanzar, Washington se apresuró a finalizar acuerdos de libre comercio con Perú, Panamá y Colombia en 2006. Si bien la iniciativa a favor de un Área de Libre Comercio de las América (ALCA) no se materializó en 2005 (como se había prometido con grandilocuencia en la cumbre de Miami en 1995) los avances en la promoción del libre comercio durante el mandato de Bush son evidentes. 

Por eso, en su último discurso sobre el estado de la Unión, George W. Bush resaltó la ratificación del acuerdo con Perú y llamó al Congreso a aprobar los acuerdos pendientes con Panamá y Colombia. Aunque resulta improbable que el Congreso lo haga sin que se introduzcan modificaciones importantes a los textos firmados, Bush se puede sentir satisfecho de los logros alcanzados en la promoción del libre comercio en la región. A diferencia de otras de sus prioridades—en particular las que tienen que ver con la economía estadounidense y la guerra en Irak—en la relación comercial con América latina, en los 8 años de Bush sí se produjeron avances. A diferencia de muchos otros temas donde el liderazgo de Bush profundizó la polarización política entre republicanos y demócratas, en iniciativas de libre comercio con América latina Bush sí logró apoyo de senadores y representantes de ambos partidos. 

Bush también dedicó parte de su último discurso a promover sus iniciativas a favor de una reforma migratoria. Convencido de la necesidad de permitir que los indocumentados obtengan visas temporales de trabajo, Bush se ha distanciado de las políticas anti-inmigrante de su partido. Si bien muchos demócratas quisieran una reforma inmigratoria más ambiciosa, las propuestas de Bush constituyen una mejora sustancial respecto al status quo. Pero ya que el Presidente tiene bajos niveles de popularidad y, porque la guerra en Irak y la crisis económica por la que atraviesa el país han debilitado su legitimidad y su influencia, la comprometida defensa de Bush a favor de una reforma inmigratoria parecía más una declaración simbólica que un llamado creíble a negociar una legislación que pudiera convertirse en realidad antes de que termine su periodo. Por más comprometido que esté con la reforma, Bush no tiene la fuerza para lograr que el Congreso legisle sobre un tema tan políticamente candente en un año electoral. Siendo víctima ya del síndrome de “pato cojo”, este presidente saliente no posee el poder ni la autoridad para lograr que republicanos y demócratas negocien un tema tan complejo y con tantas implicaciones electorales a sólo meses de la próxima elección.  

Aunque llamó a aprobar una reforma migratoria y destacó los logros en libre comercio e hizo un llamado a favor de la aprobación de los acuerdos pendientes con Panamá y Colombia, el énfasis en América Latina que Bush puso en su último discurso tiene una doble lectura. Más que demostrar voluntad de lograr avanzar más en temas de libre comercio y de alcanzar una reforma migratoria, el énfasis que puso Bush en América latina tiene más que ver con los problemas de su administración en los frentes de la guerra en Irak y con los complicados desafíos que enfrenta la economía nacional. Es improbable que en su último año de gobierno, Bush le ponga más atención a América latina que en los 7 años anteriores. Es más improbable aún que el Congreso lo acompañe en avanzar la agenda de las relaciones con América Latina.  

Por eso, si bien es valioso que Bush haya vuelto a poner los temas con América Latina en la lista de prioridades presidenciales, el hecho que lo haga durante su último discurso, cuando ya expira su mandato y cuando su influencia es cada día menor, es razón suficiente para no hacerse ilusiones sobre lo que se pueda alcanzar este año.

 
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