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Washington, 23 de octubre de 2007
La creciente importancia económica de los países emergentes ha dado fuerza a su solicitud de mayor peso en los organismos multilaterales, como quedó de manifiesto en la Asamblea Anual conjunta del FMI y el Banco Mundial que terminó ayer.
Con EE.UU. de capa caída en medio de una crisis, las naciones emergentes se ven ahora en la inusual situación de tener que mantener a flote el crecimiento global.
Esta posición de fuerza explica el tono combativo con el que este año acudieron a Washington algunos de los dirigentes de las naciones emergentes.
Entre los que acaparó gran parte de la atención está el ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega, que criticó al FMI por no estar preparado ante la reciente crisis y por sus "cautelosas" recomendaciones a los países avanzados, bien distintas a los "planes de ajuste" a los que está acostumbrado el mundo en desarrollo.
"Es una situación irónica: los países que eran la referencia de buena gestión, buenas normas y conductas en el sistema financiero son los mismos que afrontan problemas graves de fragilidad financiera, lo que pone en riesgo la prosperidad de la economía mundial", dijo Mantega esta semana.
En similares términos se pronunció el ministro de Economía argentino, Gustavo Peirano, y el secretario de Hacienda mexicano, Agustín Carstens, quien celebró el que por primera vez en mucho tiempo "los países emergentes no son la fuente del problema".
Desde esa posición, los emergentes aprovecharon también para volver a exigir que su peso en la economía global se refleje en las estructuras del FMI y el Banco, cuyo reparto de poder ilustra la situación que existía en el mundo al final de la II Guerra Mundial.
Por el momento, se van a casa sin resultados muy tangibles, pero con la promesa de que están llamados a jugar un papel más importante del que han desempeñado hasta ahora.
El FMI se comprometió a que la redistribución del voto resulte en un aumento del poder de las naciones en desarrollo.También dijo que en la nueva fórmula que determinará el voto, el Producto Interno Bruto (PIB) será "la variable más importante" en la nueva fórmula que se utilizará para redistribuir el poder y se comprometió a aumentar las cuotas, que determinan el voto, en un 10 por ciento.
Aunque la mayoría de los países en desarrollo cree que esos pasos son insuficientes, los consideran alentadores, al empezar a dar respuesta a la vieja demanda de que su voz suene con más fuerza en los organismos multilaterales de Washington.
La Asamblea que concluye hoy en Washington en medio de turbulencias financieras es la última del español Rodrigo Rato como director gerente del Fondo.
En el Banco Mundial, Robert Zoellick participó en su primera reunión anual como presidente de la entidad y anticipó sus planes para dar al sector privado un mayor protagonismo en la institución.
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