
Infolatam
Madrid, 10 de junio 2008
(Especial para Infolatam).-
"... Más allá de las oportunidades de negocio e inversión, notables en algunos sectores como el turístico y el de construcción de infraestructuras, responsabilidad directa de las empresas, hay otros terrenos donde el gobierno español puede reforzar la relación bilateral. Para que esto se cumpla es necesario que el gobierno y el parlamento mexicano hagan sus tareas y creen las condiciones para impulsar la inversión en algunos campos actualmente vedados al capital foráneo, como el de la energía".
Poco antes de comenzar su visita oficial a España, el presidente de México, Felipe Calderón, señaló en unas declaraciones a la prensa que "queremos más de España en México y más de México en España". De esa manera reflejaba el momento óptimo por el que atraviesan las relaciones bilaterales, y al mismo tiempo insistía en un hecho importante: es posible hacer un poco más para mejorarlas. Sin duda, la valoración del presidente Calderón se ajusta a la realidad, a la vez que reconoce dos cosas importantes: el recorrido favorable que tienen las relaciones y el hecho de que México sea hoy uno de los destinos favoritos de los inversores extranjeros, españoles incluidos, en América Latina.
América Latina ha dejado de ser una región homogénea. Por eso cuando se habla del buen momento que atraviesa la región es necesario aclarar de qué países estamos hablando, ya que no significan lo mismo Brasil, México, Chile o incluso Colombia y Perú, que Bolivia, Ecuador, Venezuela y Argentina. Mientras en los primeros se valora la inversión extranjera directa (IED), se estimula la presencia de empresas no nacionales como forma de crear riqueza y se cuenta con reglas de juego claras, en los segundos no sólo se desalienta y se sataniza a los inversores foráneos sino también las reglas de juego brillan por su ausencia.
Las declaraciones del presidente Calderón conducen directamente a la pregunta de cómo puede España estar más presente en México. Más allá de las oportunidades de negocio e inversión, notables en algunos sectores como el turístico y el de construcción de infraestructuras, responsabilidad directa de las empresas, hay otros terrenos donde el gobierno español puede reforzar la relación bilateral. Para que esto se cumpla es necesario que el gobierno y el parlamento mexicano hagan sus tareas y creen las condiciones para impulsar la inversión en algunos campos actualmente vedados al capital foráneo, como el de la energía. Urge en México que se complete la tan necesaria reforma energética, que un exceso de nacionalismo y politiquería tiene bloqueada. De este modo, se permitiría una mayor presencia de las empresas españolas, como han mostrado en el pasado la cooperación existente entre Pemex y Repsol o la actividad de algunas compañías eléctricas (Endesa, Iberdrola, Unión Fenosa) o Gas Natural. Son sólo unos pocos ejemplos de lo mucho que se podría hacer si se modificara el marco legal al respecto.
En lo referente a las relaciones intergubernamentales hay que recordar que en las últimas elecciones presidenciales, que dieron el triunfo al candidato del PAN (Partido Acción Nacional), se produjo la actitud incomprensible de Andrés Manuel López Obrador. Éste cuestionó la validez del resultado y se autoproclamó, en un rapto de ensoñación absoluto, "presidente legítimo" de todos los mexicanos, pese a que una amplia mayoría de ellos no lo votó. La respuesta del presidente de gobierno español José Luís Rodríguez Zapatero fue la correcta, ya que felicitó de inmediato al candidato ganador, Felipe Calderón, cuando aún no había terminado la disputa política, pese a las discrepancias ideológicas entre ambos.
El terreno está abonado para aumentar la cooperación intergubernamental en materias como el fortalecimiento institucional (justicia, lucha contra la corrupción o reforma fiscal) o el reforzamiento de los intercambios universitarios. España es hoy un destino importante para los estudiantes mexicanos de post grado, pero es necesario aumentar la cooperación entre centros académicos de ambos países y en ambas direcciones, como se ha visto recientemente en el acuerdo firmado por la Universidad de Alcalá de Henares y la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).
Sin embargo, se podría avanzar en otros temas más sensibles como la cooperación militar, policial o de inteligencia, un terreno que no se debe limitar a la lucha contra el terrorismo de ETA. El gobierno mexicano está actualmente implicado, de una forma total y absoluta, en su combate contra el narcotráfico. Por eso, sus principales amigos y aliados, como España no deben dejarlo sólo en su empeño. No se trata de reeditar una "iniciativa Mérida" paralela, en competencia o cooperación con Estados Unidos, sino de buscar es el camino para establecer los canales más sencillos y adecuados para una cooperación eficaz de España en la derrota del narcotráfico mexicano y algunas de sus manifestaciones colaterales más aberrantes, como las desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez.
México, como señaló el presidente Calderón, también debe incrementar su presencia en España. La estela de empresas como Cemex debe ser seguida por otras, de modo que el tejido empresarial en ambos países sea cada vez más denso. Sólo así los intercambios comerciales podrán alcanzar el elevado nivel que merecen. Ahora bien, como se señaló al principio, el punto de partida es óptimo. España y México, México y España, son estrechos aliados en el proyecto de construcción de la Comunidad Iberoamericana y la sintonía de los dos gobiernos en cuestiones multilaterales e iberoamericanas no puede ser mayor. Esto se observa en algunos temas delicados, como Cuba o Venezuela. Por eso, el camino recorrido debe ser completado para reforzar aún más, si cabe, la alianza estratégica ya existente.
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