Análisis realizado por Román Ortiz

Farc: final del mito

 
 

El Tiempo
Bogotá, 15 de enero de 2008


"...una victoria militar del Estado es posible. Desde luego, esto no quiere decir que la búsqueda de una solución negociada haya perdido sentido. ... Pero ahora es la guerrilla quien debe asumir que el balance estratégico ha cambiado y negociar desde una posición de debilidad. La otra alternativa es una huida hacia adelante recurriendo al terrorismo indiscriminado". (El Tiempo. Colombia)

"...Durante años, las Farc disfrutaron de la aureola de ser invencibles. De hecho, el grupo liderado por 'Manuel Marulanda' ganó una considerable fama por su solidez organizativa y eficacia militar. Esta reputación fue el fruto de una combinación de factores. Sin duda, los éxitos bélicos de las Farc entre 1996 y 1998 (Miraflores, Las Delicias, etc.) contribuyeron a forjar la imagen de una guerrilla imbatible. Pero, además, otros factores derivados del contexto político-estratégico colombiano contribuyeron a alimentar esta mitología. Por un lado, el Estado tuvo una capacidad limitada para presionar a la guerrilla en la medida en que se vio forzado a confrontar otros desafíos de seguridad, como la escalada terrorista del narcotráfico en los años 80 y 90. Al mismo tiempo, la tradicional desconfianza de la opinión pública colombiana en las instituciones contribuyó a que las Farc fueran imaginadas como una estructura más sólida que el propio Estado.

Resulta difícil subestimar las consecuencias que tuvo la extendida convicción de la invulnerabilidad de las Farc. Para empezar, si la guerrilla no podía ser derrotada por medios militares, no valía la pena invertir en el aparato de seguridad estatal. En consecuencia, resultó imposible argumentar a favor de un incremento del gasto en defensa. Pero, además, si las Farc eran invencibles, la única vía para alcanzar la paz era mantener permanentemente abierta la puerta a una negociación donde se deberían hacer todo tipo de concesiones para conseguir que los violentos aceptasen silenciar sus fusiles. Un planteamiento que hacía imposible poner límites a las exigencias de la guerrilla para alcanzar un compromiso de desarme.

Sin embargo, una larga lista de fiascos militares y políticos ha resquebrajado el mito de la superioridad de las Farc. Durante el pasado año, las Fuerzas Militares han abatido a un buen número de mandos guerrilleros claves como Milton Sierra, 'JJ', el 'Negro Acacio' y 'Martín Caballero'. Esta cadena de pérdidas es una prueba inequívoca de que la Fuerza Pública esta debilitando a un ritmo acelerado la capacidad operativa de las Farc. Un desgaste que promete acentuar la parálisis de una organización que ha sido incapaz de montar un ataque de envergadura desde la toma de Cerro Tokio, en el Valle del Cauca, en el 2001.

El grado de descomposición de las Farc resulta más patente si se considera la incompetencia criminal con la que han manejado al grupo de secuestrados que pretende utilizar para forzar un intercambio humanitario. Primero fue el asesinato de los 11 diputados del Valle, donde parece claro que una partida de guerrilleros rompió la disciplina interna y cometió la masacre sin consultar a sus superiores. Ahora es el reconocimiento de que habían ofrecido la libertad de un niño que ni siquiera sabían dónde estaba. Ambos hechos son pruebas igualmente reveladoras de hasta qué punto la cadena de mando de las Farc se encuentra fracturada y el Secretariado ya no controla ni cuestiones políticas vitales, como el destino de los llamados "secuestrados políticos".

En tales circunstancias, resulta difícil mantener el mito de la indestructibilidad de las Farc. Dicho en otras palabras, la victoria militar del Estado es posible. Desde luego, esto no quiere decir que la búsqueda de una solución negociada haya perdido sentido. Un acuerdo de paz sigue siendo la opción más deseable cuando se piensa en la cantidad de vidas y recursos que la sociedad colombiana podría ahorrarse si fuese posible pacificar el país por esa vía. Pero ahora es la guerrilla quien debe asumir que el balance estratégico ha cambiado y negociar desde una posición de debilidad. La otra alternativa es una huida hacia adelante recurriendo al terrorismo indiscriminado. Pero, como demuestra la experiencia de Sendero Luminoso en Perú, ese es un camino sin retorno, que conduce a la autoinmolación de aquellos que lo escogen tratando de eludir una derrota inevitable".

Extracto del artículo publicado por el diario El Tiempo

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