
La Segunda
Santiago, 5 de junio de 2007
"Está bien eliminar paulatinamente el superávit fiscal, pero debe hacerse graduando cuidadosamente el impulso fiscal sobre la demanda interna y la inflación, a fin de no provocar efectos contraproducentes sobre los intereses y el dólar...". (La Segunda. Chile)
"...Pese a las voces que urgían a la Presidenta dar un golpe de timón y enrumbar su gobierno por una disyuntiva estatista, su discurso en lo esencial refrendó la línea económica y social seguida por los gobiernos de la Concertación. Así por ejemplo, no cedió a la presión por extender la negociación colectiva a nivel de ramas de producción. Conocemos las dañinas consecuencias de las anteriores iniciativas de rigidización laboral. Ahora que la economía crece a buen ritmo y que crea 200.000 empleos al año, volver a tropezar en la misma piedra sería simplemente imperdonable. Pese a los avances, el desempleo total -que considera también a los programas de emergencia- todavía se eleva sobre el 8% y es la principal causa de pobreza.
Otra tentación por ahora descartada es la estatización del Tansantiago, propuesta por el ex Presidente Eduardo Frei en sorprendente arranque "chavista". El verdadero remedio para el incomprensible descalabro pasa por la laboriosa renegociación de los contratos de los operadores. Entretanto, el sistema marcha mal y causa enormes pérdidas. La estatización sólo serviría para disimular un subsidio. Una significativa corrección en el nivel y la estructura de la tarifa será a la larga inevitable...
La reducción de la meta del superávit estructural desde 1,0% a 0,5% del PIB, y la correspondiente expansión en el presupuesto del próximo año, parece haber sido la moneda de cambio. Se mantiene el rumbo pro mercado, pero con más gasto público... En verdad las razones aludidas son técnicamente inapropiadas y poco tienen que ver con el valor numérico de la meta. La supuesta existencia de una pesada obligación fiscal por los futuros pagos de pensiones mínimas fue siempre un mito, como quedó claramente demostrado por la Comisión Marcel, por cuanto la gradual expiración del sistema antiguo de pensiones genera ahorros más que suficientes. La progresiva reducción del las pérdidas del Banco Central puede ser efectiva, pero aconsejaría más bien incluir sus resultados en el cálculo del superávit fiscal. Finalmente, la eventual capacidad del Fisco de colocar masivamente bonos en pesos en el extranjero está todavía lejos de haber sido probada.
La verdadera razón técnica para eliminar el superávit estructural del 1% es que estaba conduciendo a una ineficiente acumulación de activos netos por parte del Fisco. Al término del año se estima que el total de la deuda pública (incluyendo Fisco, Banco Central, bonos de reconocimiento y deuda de empresas públicas con garantía estatal) será inferior al total de activos fiscales, conformados principalmente por las reservas del Banco Central y los ahorros provenientes del cobre. Aunque hay importantes contingencias no incluidas en ese total (como las del Transantiago, las concesiones y el plan Auge, cuyas patologías formalmente garantizadas ahora se anuncia aumentarán a 80), la posición fiscal chilena es ya notablemente sólida. Es bajo ese diagnóstico que 20 economistas concluimos el año pasado que el superávit estructural del 1% ya no se justificaba y propusimos públicamente que fuese rebajado gradualmente a cero, destinando esos recursos, más los provenientes del alza del cobre esperado a largo plazo y los intereses por los fondos ahorrados, a impulsar la inversión y la productividad. La anunciada decisión presidencial ratifica esa posición.
Desde la perspectiva de la solvencia fiscal, la modificación fiscal anunciada es prudente. Nótese que ella significa continuar ahorrando el 100% de los ingresos extraordinarios del Fisco ¿Por qué entonces el alboroto financiero? Porque la política fiscal no debe ser diseñada sólo de acuerdo al estado de las finanzas públicas, sino tomar en cuenta también las condiciones macroeconómicas vigentes. Hoy apreciamos un vigoroso repunte de la demanda interna, con saludables efectos sobre la actividad económica, pero con el consabido riesgo inflacionario. Hay presiones salariales, tanto en el sector privado como público. Si en estas circunstancias, la política fiscal experimenta un giro expansivo, la consecuencia esperable es el alza de los intereses y la caída del dólar. Ello terminaría dañando la inversión y las exportaciones, que son los motores de nuestro crecimiento potencial.
El anuncio presidencial importa un compromiso de US$750 millones más de gasto para el 2008, aún sin conocer los restantes parámetros necesarios para la confección del presupuesto. Es, por ejemplo, altamente probable que el precio del cobre a largo plazo a incorporarse en el cálculo de los ingresos estructurales del Fisco, que es definido por un panel de expertos independientes, sea mayor al empleado este año. Si, por ejemplo, el precio recomendado fuese de US$ 1,3 por libra (el precio de mercado es hoy superior a US$ 3) el aumento resultante del gasto público en el presupuesto del 2008 sería cercano al 10%. Es decir, una fuerte inyección fiscal, potencialmente desestabilizadora
Es saludable que el mensaje haya subrayado que el principal destino del incremento presupuestario será la subvención educacional. Pero, mientras no se corten las trabas que inhiben la eficiencia de las escuelas municipales y particulares subvencionados, más gasto en educación no es necesariamente equivalente, como se espera, a más inversión en capital humano y mayor productividad.
Está bien eliminar paulatinamente el superávit fiscal, pero debe hacerse graduando cuidadosamente el impulso fiscal sobre la demanda interna y la inflación, a fin de no provocar efectos contraproducentes sobre los intereses y el dólar. La también anunciada ampliación del límite de inversiones externas de las AFP es una buena noticia para los cotizantes, pero es dudoso que ejerza mayor efecto sobre el dólar. En cambio, contener la expansión del gasto público e introducir rebajas tributarias que estimulen la inversión y la productividad es el mejor camino para hacer de la sólida posición fiscal alcanzada una palanca de progreso".
Extracto del artículo publicado por el diario vespertino La Segunda
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