
La Segunda
Santiago, 10 de octubre de 2007
"Los tiempos económicos se tornan complicados. A los nubarrones externos -posiblemente pasajeros- asociados a la crisis hipotecaria norteamericana, se agrega la fuerte arremetida de la inflación interna. En lugar de aprovechar la holgura fiscal para rebajar los impuestos que inhiben la inversión y la innovación, el Gobierno prefiere abrir nuevamente el grifo del gasto público". (La Segunda. Chile)
"...El incremento previsto en el gasto público es particularmente inconveniente en presencia del fuerte brote inflacionario observado en los últimos meses. Sea que este proviene sólo de las alzas de ciertos productos alimenticios o que refleje también presiones salariales y mayores márgenes debido al agotamiento de la capacidad productiva ociosa, lo cierto es que hay que moderar la demanda agregada para impedir que la epidemia alcista se propague y apodere de las expectativas. Un impulso fiscal ahora es entonces contraindicado.
Que el presupuesto se atenga a la regla fiscal vigente, desde luego no lo hace inofensivo desde el punto de vista macroeconómico. Cuando un año atrás 20 economistas sugerimos pasar a una regla de presupuesto estructural equilibrado, planteamos que debía hacerse en forma gradual, atendiendo las circunstancias macroeconómicas y destinar los recursos correspondientes a impulsar la inversión y la productividad. Cuando en mayo pasado la Presidenta Bachelet anunció la rebaja del superávit estructural desde el 1% al 0,5% del PIB, el panorama inflacionario era otro. Efectuar ese cambio de golpe es hoy inconveniente. Descartar la rebaja de impuestos a la inversión es también inconveniente, porque el cuadro económico externo e interno puede volvérsele adverso.
La estrategia fiscal planteada por el Gobierno no es favorable al crecimiento de la economía. El impulso que el gasto público le infunde a la demanda habrá de ser controlado por el Banco Central elevando los intereses, a fin de conseguir que la inflación vuelva paulatinamente a situarse en torno al objetivo del 3% anual. El alza del costo del crédito perjudica la inversión, palanca fundamental del crecimiento del producto y del empleo. En las actuales circunstancias externas, el aumento del gasto público y los intereses exacerbarán la caída del dólar, con el consiguiente perjuicio para los exportadores, importante motor de nuestro desarrollo.
Los tiempos económicos se tornan complicados. A los nubarrones externos -posiblemente pasajeros- asociados a la crisis hipotecaria norteamericana, se agrega la fuerte arremetida de la inflación interna. En lugar de aprovechar la holgura fiscal para rebajar los impuestos que inhiben la inversión y la innovación, el Gobierno prefiere abrir nuevamente el grifo del gasto público. En un gobierno crecientemente impopular es posible que ello obedezca a razones políticas. Pero tras el rechazo de la opinión pública a la gestión gubernamental no está sólo el fiasco del Transantiago, sino muy probablemente también el temor a la inflación. Temor justificado, si la política fiscal no colabora".
Extracto del artículo publicado por el diario La Segunda
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