ESPECIAL PARA INFOLATAM

Análisis realizado por Manuel Mora y Araujo

Encuentro tripartito y bipartito en Buenos Aires

 
 

Infolatam
Buenos Aires, 18 de febrero de 2008


(Especial para Infolatam)

"...La estabilidad del gobierno boliviano es probablemente uno de los objetivos más importantes que comparten la Argentina y el Brasil. Evo desestabilizado sería un escenario de caos e incertidumbre casi intolerable. Y ayudar a Evo a sostener la estabilidad de su gobierno es probablemente una tarea de titanes, ya que el principal conspirador contra ese propósito es precisamente el mismo gobierno boliviano..."

El próximo sábado se reunirán en Buenos Aires los presidentes de Brasil, de Bolivia y de la Argentina. Tema excluyente de la reunión: el abastecimiento de gas boliviano a Brasil y la Argentina. Es difícil imaginar que esa cumbre tripartita pueda resolver un problema fáctico: Bolivia no tiene, ni tendrá a corto plazo, el gas suficiente para satisfacer la demanda de sus dos principales clientes. El vicepresidente García Linera lo dijo hace muy pocos días en Buenos Aires: el gas no alcanzará. Pero como pocas horas después el ministro de Hidrocarburos de Bolivia rectificó categóricamente ese escenario, se presume que lo más que puede esperarse de la cumbre es un acuerdo sobre cómo expresar diplomáticamente lo que García Linera puso en palabras coloquiales. Difícilmente haya más que eso. 

Más importante es el hecho de que el presidente Lula llegará a Buenos Aires un día y medio antes y prevé una intensa jornada oficial el viernes próximo en la capital argentina. Además de algunas visitas protocolares, ese día está prevista otra cumbre, esta vez bipartita, entre Lula y la presidenta argentina. El encuentro dará continuidad al iniciado meses atrás por Cristina con  su visita al Planalto.  La agenda  de temas a tratar -tanto la oficial como la presumida- es nutrida. 

Más allá de los tradicionales y muy diversos vínculos que unen -y a veces también separan- a la Argentina y el Brasil, en los tiempos que corren ambos países comparten intereses e inquietudes relevantes. Ambos son socios fundadores del MERCOSUR y el consenso entre ambos es condición necesaria para limar asperezas en la unión regional. Además, Brasil es el principal mercado exportador con el que cuenta la Argentina actualmente.  

La otra cara de esa moneda es la amenaza que la producción manufacturera brasileña representa para la industria argentina. Aún con su moneda (el real) fuertemente apreciada, la economía brasileña es más competitiva que la argentina; la industria argentina necesita protección frente a la industria brasileña. En ese contexto, el real apreciado es para la Argentina una ventaja crítica. Como no hay -y nunca hubo, a pesar del MERCOSUR- coordinación de políticas económicas entre ambos países, cada uno de ellos es tomador de las decisiones del otro. La crisis y desaceleración de la economía norteamericana es entonces en este momento la mayor espada de Damocles que pende sobre la Argentina: si la recesión mundial provoca una devaluación del real -aún modesta- se fortalecería inmediatamente la posición competitiva de la industria brasileña frente a la Argentina. Y el gobierno argentino se ve hoy obligado a ser extremadamente prudente en lo relativo al tipo de cambio del peso; una mayor devaluación realimentaría la peligrosa inflación que sufre el país. Aún cuando las presiones sobre el gobierno de Cristina de los industriales argentinos y de los ideólogos del tipo de cambio ‘competitivo’ se harán sentir con fuerza para que devalúe, es más probable una reducción del diferencial cambiario entre Brasil y la Argentina antes que lo contrario.
 
En el plano internacional, Brasilia y Buenos Aires vienen ya coordinando sus políticas frente a Venezuela y a Bolivia. De hecho, puede decirse que el nexo entre los dos gobiernos es el mayor eje de contención de los esfuerzos de Chávez por proyectarse en América del Sur.  

Bolivia es igualmente relevante por la alta dependencia del gas boliviano que mantienen los dos países. La estabilidad del gobierno boliviano es probablemente uno de los objetivos más importantes que comparten la Argentina y el Brasil. Evo desestabilizado sería un escenario de caos e incertidumbre casi intolerable. Y ayudar a Evo a sostener la estabilidad de su gobierno es probablemente una tarea de titanes, ya que el principal conspirador contra ese propósito es precisamente el mismo gobierno boliviano. 

Estos son algunos de los principales temas que los presidentes da Silva y Fernández de Kirchner tratarán el viernes. Seguirán haciéndolo seguramente con frecuencia, lo mismo que sus ministros y colaboradores. El bastante poderoso Brasil y la bastante poco poderosa Argentina se necesitan mutuamente.

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