ESPECIAL PARA INFOLATAM

Análisis realizado por Hector Soto

En vísperas del tercer gabinete de Bachelet

 
 

Infolatam
Santiago, 4 de enero de 2007


(Especial para Infolatam)

..."En vísperas de una reorganización ministerial que, se supone, debiera ser más o menos amplia, Bachelet tendrá que entender que uno de los frentes más débiles de su administración ha estado en la dificultad que ha tenido para articular equipos motivados, potentes y coordinados de trabajo. Ella podrá decir que varios de sus colaboradores no han estado a la altura. Pero el país le podrá responder que fue precisamente ella quien los eligió. Ojala ahora acierte".

Por culpa de suspicacias y desconfianzas, Michelle Bachelet no logra encontrarse con sus colaboradores más inmediatos. Ayer el ministro del Interior se cansó y prefirió irse a su casa. 

Aunque el nombramiento del tercer gabinete de Michelle Bachelet es una noticia frente a la cual los medios vienen preparándose desde hace por lo menos un mes, la renuncia ayer del ministro del Interior Belisario Velasco sorprendió a la presidenta, confundió al oficialismo y volvió a generar desencuentros y tensiones en el Palacio de La Moneda.

Si bien era un hecho que Velasco se iba, particularmente desde que entró al gabinete Francisco Vidal como ministro vocero, quien cumplió estas mismas funciones en el gobierno anterior, la idea del jefe de gabinete era salir del cargo con dignidad y con la satisfacción del deber cumplido. Pero al darse cuenta que se estaba convirtiendo en una figura meramente decorativa y que la presidenta ni siquiera lo estaba invitando a las reuniones donde se tomaban decisiones importantes, Belisario Velasco decidió irse. Una cosa es tolerar las descortesías de una mandataria poco cuidadosa de las formas, pero otra muy distinta es hacer el ridículo frente a la opinión pública ostentando un cargo que en la realidad, como se dice acá, ya no cortaba ni pinchaba.

Con una gestión muy centrada en los temas de orden público, que eran una variable muy crítica en el gobierno de Bachelet a mediados del 2006 cuando él entró al gabinete, Belisario Velasco seguramente no fue la mejor elección –por edad, por carácter, por experiencia– para hacerse cargo del Ministerio del Interior de una administración interesada en renovar tanto los estilos de gestión como las caras del poder. Pero no hay duda que puso orden en los temas de seguridad y que trabajando sincronizadamente con el ministro José Antonio Viera Gallo fue artífice de dos acuerdos con la oposición –uno en materia de educación y el otro en temas de delincuencia y criminalidad- que figuran entre los mayores logros que el gobierno pudo mostrar el 2007.

La presidenta Bachelet, salvo quizás con los ministros del área económica, que maneja el titular de Hacienda Andrés Velasco, tiene una relación más bien crispada con sus ministros. En alguna zona los inviste pero en otras los desestabiliza. A veces pasan meses sin que reciba a algunos y el país todavía recuerda cuando llegó al extremo de recriminarlos en público. Con Andrés Zaldivar, jefe del gabinete que la acompañó apenas durante los primeros cinco meses de gestión, la presidenta no terminó bien –lo destituyó de un día para otro con muchos menos remilgos que cuando se echa a una empleada- y ahora con Belisario Velasco el desenlace tampoco es muy feliz.

El dato mas dramático, a todo esto, es que probablemente muchas de estas rudezas y decepciones sean innecesarias. En Chile los ministros de Estado son los primeros en saber que muchas veces ellos están llamados a cumplir la función de fusibles con tal de proteger al presidente. Saben también que por las mismas razones con que son convocados al gobierno el jefe del Estado los puede despedir. Lo que complica sin embargo la experiencia de los últimos dos ministros del Interior es que La Moneda no observó las formas mínimas y elementales de lealtad con los colaboradores, exponiendo a uno a la humillación y al otro al ridículo. No tiene en realidad mucha presentación que quien detenta formalmente el cargo de ministro del Interior sea excluido de las reuniones del comité político del gobierno.

En vísperas de una reorganización ministerial que, se supone, debiera ser más o menos amplia, Bachelet tendrá que entender que uno de los frentes más débiles de su administración ha estado en la dificultad que ha tenido para articular equipos motivados, potentes y coordinados de trabajo. Ella podrá decir que varios de sus colaboradores no han estado a la altura. Pero el país le podrá responder que fue precisamente ella quien los eligió. Ojala ahora acierte.

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