EL ANÁLISIS

En busca de Artemio

 

La Nación
Asunción, 6 de diciembre de 2007


"Las fuerzas armadas ya están parcialmente involucradas en la lucha contra Sendero Luminoso..... La militarización de la respuesta del Estado a Sendero Luminoso abriría una caja de Pandora. Siempre que se concede a las fuerzas armadas la responsabilidad de librar guerras internas contra grupos criminales, ocurren dos cosas: corrupción y abusos contra civiles". (La Nación. Paraguay)

"...Sendero Luminoso no es ni la sombra de lo que solía ser, pero la posibilidad de un resurgimiento no puede descartarse. La principal razón es la alianza con los traficantes de drogas. Artemio obtiene dinero de los productores de cocaína que adquieren su coca en el Valle de Monzón, a tres horas de Tingo María. Alipio, por su parte, está directamente involucrado en el narcotráfico y reproduce en cierta forma la situación de Colombia, donde los principales grupos terroristas, incluidas Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, están fuertemente involucrados en el negocio de la droga.

La buena noticia es que los cuadros de Sendero Luminoso ya no están motivados ideológicamente, me explican el general Palomino y el coronel Valencia. Según Palomino, "Artemio recluta a sus hombres ofreciéndoles dinero y prometiéndoles pequeñas parcelas de tierra, que él controla mediante la extorsión. El compromiso de sus hombres es mucho más débil que en la época de Abimael Guzmán. Son muchachos de dieciocho años haciéndolo por dinero. Eso nos facilita mucho penetrar sus defensas".

La mala noticia es que el tráfico de drogas está proporcionando a las columnas restantes de Sendero Luminoso apoyo suficiente como para mantenerlas vivas. El resultado es una creciente impaciencia por parte de muchos peruanos que piden militarizar la respuesta del Estado. Eso sería muy peligroso. En los años 80, tras una serie de masacres llevadas a cabo por Sendero Luminoso, el gobierno del Perú decidió ceder el control político de ciertas áreas del país a los jefes militares. El resultado, a la larga, fue el colapso del gobierno democrático y su reemplazo por un régimen dictatorial y corrupto cuyos miembros están siendo juzgados por atropellos a los derechos humanos.

Las fuerzas armadas ya están parcialmente involucradas en la lucha contra Sendero Luminoso. A menudo realizan misiones conjuntas con la policía. Pero hasta ahora la policía está formalmente a cargo de la lucha antiterrorista. La militarización de la respuesta del Estado a Sendero Luminoso abriría una caja de Pandora. Siempre que se concede a las fuerzas armadas la responsabilidad de librar guerras internas contra grupos criminales, ocurren dos cosas: corrupción y abusos contra civiles. Quienes están comprensiblemente ansiosos por acabar con Artemio y Alipio en un momento en el que el país está progresando económicamente, deben tomar en consideración las lecciones del reciente -y traumático- pasado. Y deben recordar que no fueron los militares sino un grupo de astutos policías quienes capturaron a Guzmán en los años 90.

Ni Artemio ni Alipio suponen un desafío como el que las huestes de Guzmán plantearon alguna vez al país. Los recientes éxitos del general Palomino y el coronel Valencia en el Alto Huallaga demuestran que la aplicación de la ley debería ser llevada a cabo por quienes están entrenados para combatir al enemigo mediante el uso de la inteligencia antes que el exterminio indiscriminado".

Extracto del artículo publicado por el diario La Nación

 
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