
Infolatam
Madrid 21 de enero de 2008
(Especial para Infolatam)
"... La gran duda que se ha planteado en esta ocasión es quién será el próximo presidente de Cuba... Da igual que Fidel Castro esté activo en la primera línea de fuego o, más pasivamente, escribiendo en la retaguardia. Con él en el escenario, el régimen se garantiza el inmovilismo y se asegura que cualquier tentación modernizadora será abortada en el acto".
El pasado domingo 20 de enero se celebraron en Cuba elecciones parlamentarias nacionales y regionales con el ánimo de elegir a las distintas asambleas del Poder Popular. Como en la época de las Cortes de Cádiz, estos comicios son un paso más de una cadena de elecciones indirectas sucesivas, con el objetivo final de que el parlamento electo pueda designar, el 24 de febrero, al próximo presidente del Consejo de Estado. A diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de América Latina donde es el sufragio directo de los ciudadanos el que elige a sus mandatarios, el sistema electoral cubano es un complejo sistema de elecciones indirectas que permite un mayor y mejor control de la voluntad ciudadana por parte del aparato gobernante.
Desde 1976, cuando se puso en marcha el actual sistema electoral cubano, Fidel Castro ha venido siendo elegido de forma ininterrumpida cada cinco años para ocupar dicho cargo. Quizá por ello, la única gran incertidumbre que planeaba en torno a estos comicios es si Fidel Castro será o no el siguiente presidente de Cuba. Por lo demás, se trata de unas elecciones sin misterio y casi sin interrogantes. Pese a todo, la prensa internacional se ocupó del tema mucho más que en otras ocasiones. Y es que de no mediar el morbo en torno a la sucesión de Castro, y a su deteriorado estado de salud, estas elecciones, como ocurrió con todas las anteriores, hubieran pasado prácticamente desapercibidas para la opinión pública mundial.
El proceso electoral cubano tiene dos fases. La primera se realizó a fines de 2007, con la elección de los representantes barriales del Poder Popular, elegidos en las asambleas de vecinos. Como en los caucus de Estados Unidos, los habitantes de los distintos barrios, los vecinos, proponen de entre ellos a los candidatos, que finalmente son elegidos a mano alzada. Estos electos serán los candidatos de cada circunscripción para la primera vuelta electoral. Legalmente, el Partido Comunista de Cuba (PCC) no puede presentar candidatos en estas asambleas, aunque al tratarse de la única fuerza políticamente organizada, y tolerada, en el sistema político cubano, su protagonismo es claro. De este modo, los vecinos votan siguiendo las directrices de sus cuadros locales.
Al menos teóricamente, los opositores al régimen, conocidos como disidentes, podrían ser elegidos si consiguen ser nominados y luego votados por sus vecinos. Pero en el actual contexto político su nominación al parlamento nacional es más difícil, por no decir imposible. La mitad de los candidatos a diputados son seleccionados por las Comisiones de Candidatura, integradas por dirigentes de las organizaciones de masas, sindicatos, federación de mujeres, entre otros. Las mismas comisiones presentan a la otra mitad de candidatos, seleccionados entre un ilustre grupo de notables, como científicos, intelectuales (escritores, periodistas, artistas), deportistas, sindicalistas, políticos y militares. Pese a que el PCC no presenta candidatos, más del 90% de los miembros de la Asamblea Nacional son comunistas, ya que las organizaciones de masas que controlan las Comisiones de Candidatura están controladas por militantes del PCC o de la Juventud Comunista.
La ley electoral cubana establece que si los candidatos no alcanzan el 50% de los sufragios deberían repetirse los comicios. De momento el listón es muy difícil de pasar por la oposición, ya que en las elecciones anteriores apenas se llegó al 10% de votos nulos o blancos. Obviamente que no todo ese 10% está con la oposición organizada, aunque es una muestra clara del actual descontento. Por eso se trata de movilizar al electorado y obtener una gran participación. En esta oportunidad se calcula que votó cerca del 95% de los más de 8.400.000 cubanos mayores de 16 años censados. Esta movilización organizada desde el poder, o desde los partidos políticos en México se conoce como acarreo y es una práctica muy desprestigiada entre los demócratas.
De forma reiterada, la propaganda oficial señala que estamos frente a un modelo de democracia. Que Cuba es el lugar del mundo donde la democracia participativa se ha desarrollado más y que el pueblo se puede expresar sin ningún tipo de intermediaciones. Por eso, partiendo de la base de la igualdad de oportunidades, en Cuba no hay campaña electoral. Los candidatos sólo cuelgan su foto y una pequeña biografía, y está totalmente prohibido gastar dinero en la campaña. Así, se pretende evitar que los poderosos, que aquellos que más pueden gastar en publicidad electoral, sean los beneficiados.
De este modo, sin embargo, se elimina cualquier debate de ideas, ya que no hay competencia electoral.
En esta oportunidad, para elegir a los 614 diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular había 614 candidatos... Si se quisiera llegar hasta el fondo en la igualdad de oportunidades se debería hacer lo que en la Grecia clásica, cuando los representantes del pueblo eran elegidos por sorteo, lo que en la jerga hispana se conoció posteriormente como insaculación, un método que estaba muy de moda en los cabildos coloniales y que en parte siguió vigente después de 1808. Con todo, y más allá de la transparencia prometida, el escrutinio se demora mucho más de lo asumible como correcto en otros países.
Como se ha señalado más arriba, la gran duda que se ha planteado en esta ocasión es quién será el próximo presidente de Cuba. ¿Será Fidel Castro, siguiendo la tradición anterior? ¿Será su hermano Raúl, efectivizando el traspaso temporal de poderes realizado hace un año y medio atrás y haciendo ciertas las palabras del Líder Máximo de la revolución de que había tenido una excesiva ambición de poder pero que ahora, finalmente, se había dado cuenta que había llegado el momento de dejar el paso expedito a las nuevas generaciones? ¿O, por esto último, se dará la oportunidad a algún hombre mucho más joven, como Carlos Lage, de tan sólo 56 años y, como no podía ser de otro modo, hombre y blanco, en el país de la igualdad de oportunidades? Sea cual sea la respuesta, el rumbo de la política cubana seguirá siendo el mismo. De momento habrá que seguir esperando para que la mayor parte de los cambios prometidos se hagan realidad. Da igual que Fidel Castro esté activo en la primera línea de fuego o, más pasivamente, escribiendo en la retaguardia. Con él en el escenario, el régimen se garantiza el inmovilismo y se asegura que cualquier tentación modernizadora será abortada en el acto. No en vano, la batalla de ideas continúa, y, en ella, las espadas del castrismo siguen en alto".
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