
Infolatam
Quito, 12 de julio 2007
(Especial para Infolatam) .- Cuando no se la califica como una temporada de vacaciones, la visita privada de un presidente a otros países despierta la imaginación y alimenta los rumores. Eso es lo que sucede con el viaje que realiza en esto días el presidente Rafael Correa a España, Italia y Bélgica. No tiene una agenda oficial ni está guiada por objetivos concretos.
Tampoco incluye la firma de un convenio ni el tratamiento de temas de importancia en la relación entre Ecuador y los países visitados. Hasta el momento, en las primeras horas de su gira, solamente la cortesía de las autoridades españolas ha permitido que los diarios ecuatorianos puedan contar con la foto de familia que es usual en estos casos. Pero eso no responde a la pregunta sobre los motivos que lo llevaron a dejar el país por un tiempo relativamente largo cuando la situación política no es precisamente un tazón de leche.
Por el contrario, durante las últimas semanas se ha incrementado el grado de conflictividad de la siempre convulsionada sociedad ecuatoriana. La presentación de un proyecto de ley financiera por parte del Presidente provocó su primer enfrentamiento con los sectores empresariales. En los medios de comunicación, especialmente en la televisión, se escenificó una lucha abierta entre la publicidad gubernamental y la del gremio que agrupa a los bancos, que puede ser interpretada como el anticipo de futuros encuentros de este tipo y quizás de episodios más agudos. La decisión de introducir cambios de fondo en el modelo económico ha comenzado a tomar cuerpo con esta medida que busca ejercer un mayor control sobre la banca privada.
Pero, la que se veía como una victoria relativamente fácil para el Presidente naufragó en el Congreso cuando los diputados que lo apoyaban -los que asumieron después de la destitución de 57 representantes de los partidos de oposición- votaron en contra como una forma de presionar para que el Gobierno cumpliera con los ofrecimientos a los que, según ellos, se había comprometido. La reacción a este revés fue la denuncia, realizada por el propio mandatario en su cadena radial de los sábados, de negociaciones por cargos y prebendas. Para seguir con la que se ha convertido en una práctica corriente en el medio ecuatoriano y sobre todo en las esferas gubernamentales, la denuncia se apoyó en la presentación de una grabación obtenida clandestinamente y desembocó en un juicio en contra de un diputado. De esta manera, el debate final sobre la ley financiera es aún incierto, como lo es también el destino del poderoso ministro de Economía, que será sometido a juicio político en el Congreso este viernes. Aún no se sabe si funcionará la presión sobre los demás diputados de las filas gobiernistas que ven como una realidad la amenaza de que el juicio se extienda a todos ellos.
Todo esto se ha producido en el marco del inicio del proceso electoral que llevará a la conformación de la Asamblea Constituyente, en el que no existe la misma seguridad que había hace unas semanas sobre el posible triunfo de las fuerzas gubernamentales. Al contrario, mientras transcurren los días se hace menos predecible el resultado y existe menos claridad sobre la conformación de ese cuerpo que deberá elaborar una nueva constitución. Finalmente, a pesar del uso que él y los integrantes de su gobiernos han hecho de las grabaciones clandestinas, pocos minutos antes de viajar firmó un decreto que prohíbe su difusión, lo que fue interpretado como una maniobra para evitar que se presenten pruebas en contra del ministro interpelado.
Por tanto, no era el mejor momento para ausentarse del país, sobre todo si se considera que el presidente Correa es el centro y el motor no sólo de la acción gubernamental sino también de las decisiones de su organización política. Es probable que en esa misma condición de dirigente de una organización antes que de Jefe de Estado haya privilegiado el contacto con los emigrantes ecuatorianos que elegirán a dos asambleístas en los países europeos, vale decir en España e Italia. En ese caso sería un gira electoral que, dado que no puede ser presentada como tal, encuentra su justificación final en las apacibles vacaciones en Bélgica, donde se reunirá con su esposa y sus hijos para visita a su familia política (vaya juegos del idioma, que lo único privado del viaje debe ser calificado como político y lo verdaderamente político aparece como privado)
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