
Infolatam
Madrid, 3 de diciembre 2007
(Especial para Infolatam)
"... Aún es pronto para decir si la moderación resultó triunfante o estamos al comienzo de un cambio de signo en la vida política de Venezuela o en el inicio del reflujo populista en América Latina. Pero es indudable que ahora comienzan nuevas batallas entre el gobierno y la oposición, y que está deberá estar preparada para crecer y convertirse en una verdadera alternativa... "
Concluía mi último artículo para Infolatam, dedicado al comportamiento de la diplomacia venezolana, con la siguiente advertencia: ¡Tiemble Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander acecha! ("La diplomacia bolivariana en el laberinto congelado") No me equivocaba. La simbiosis propuesta por Hugo Chávez entre su figura y la de Simón Bolívar y entre su figura y la Patria no tuvo el eco de otrora entre los venezolanos de a pié. Su discurso confrontacional fue incapaz, en esta oportunidad, de llegar al corazón de su gente, a esa gente que tanto lo ama y es capaz de seguirlo durante bastante trecho sin preguntar demasiado. Pero esta vez no alcanzó con la seducción. Los sectores populares venezolanos, esos que durante tanto tiempo fueron postergados por los gobiernos de turno y que vieron en Hugo Chávez a su salvador, le están muy agradecidos al comandante por haberles dado voz y haberlos hecho visibles. Sin embargo, no están dispuestos a confrontar con el otro medio país con tal de darle el gusto a su caudillo de acumular cuánto poder le sea posible.
El triunfo del NO no es el final de nada, sino el comienzo de algo distinto, aunque todavía no estemos en condiciones de escudriñar demasiadas cosas en el vuelo de los pájaros. De momento está claro, porque así lo manifestó el presidente, que no va a renunciar y que esperará tiempos mejores para relanzar sus iniciativas. Algunas de ellas serán impulsadas mediante decretos, para eso está la ley habilitante, o serán aprobadas como leyes por un Parlamento enrolado claramente detrás del gobierno. Por otro lado, algunos sectores de la oposición, con gran tino aunque con algo de demagogia, han instado a desarrollar algunas de las reformas propuestas, como la reducción de la jornada laboral o la extensión de la seguridad social a los sectores informales de la economía.
Al principio habrá una medición de fuerzas entre el gobierno y la oposición para saber hasta dónde se podrá llegar. Ya lo dijo el general Baduel, una de las caras nuevas de una oposición renovada, habrá que estar vigilantes ya que el intento de modificar el sistema más allá de las reglas no ha desaparecido. De ahí que uno de los principales interrogantes sobre el futuro del país gire en torno al futuro de la oposición. La emergencia de nuevos lideratos, como los de Yon Goicoechea o Stalin González, surgidos al socaire de la movilización estudiantil, la consolidación de algunos partidos jóvenes, como Nuevo Tiempo o Primero Justicia, las deserciones en las filas del chavismo, como las de Podemos o el ex ministro de Defensa, el general Baduel, marcan el inicio de un proceso interesante.
A esto hay que agregar otro dato no menor. El resultado del domingo no sólo certificó el triunfo del NO sino también la derrota de los sectores más extremistas y antidemocráticos de la oposición venezolana. Aún es pronto para decir si la moderación resultó triunfante o estamos al comienzo de un cambio de signo en la vida política de Venezuela o en el inicio del reflujo populista en América Latina. Pero es indudable que ahora comienzan nuevas batallas entre el gobierno y la oposición, y que está deberá estar preparada para crecer y convertirse en una verdadera alternativa.
Si uno aplicara una lógica cartesiana para analizar el comportamiento del gobierno en los meses venideros sería factible pensar en un necesario retorno a la política interna, tan abandonada en los últimos tiempos en aras de potenciar la proyección internacional del régimen. Si esto se produjera, con el ánimo, entre otros objetivos de consolidar el partido único de la Revolución Bolivariana, el compromiso y la presencia de Chávez en su tierra deberían ser mayores. Y esto, irremediablemente supondría una relajación de algunos temas convertidos en conflictivos en fechas recientes, como los ataques a España o Colombia.
El resultado del referéndum, la primera derrota electoral de Hugo Chávez, ha trasladado a Venezuela y a América Latina una imagen inédita: el caudillo bolivariano no es invencible. No se trata de que nadie vaya a matarlo, como advirtieron interesadamente en su día Daniel Ortega y Fidel Castro, sino de que puede ser vencido en las urnas y con métodos democráticos. El futuro de Chávez dependerá en buena medida de que convierta su derrota en legitimidad, teniendo en cuenta que algunos de sus atributos han sido seriamente tocados.
Será interesante ver cómo afecta esta derrota al resto de América Latina, especialmente a los otros dos procesos constituyentes en marcha. ¿Cuánto aire dará a la oposición boliviana, cada vez más enfrentada al proyecto hegemónico e indianista del MAS y de Evo Morales? ¿Cuánto se moderará Rafael Correa, pese a contar con una cómoda mayoría en la Asamblea Constituyente ecuatoriana, con tal de no cometer algunos de los errores de Hugo Chávez? El patio está revuelto, y sin ser un golpe mortal, éste es sin duda un zarpazo dirigido al corazón del proyecto populista latinoamericano. Ya lo advertía desesperadamente Fidel Castro en su visionaria columna en la prensa cubana: ¿qué será de nosotros si nos quedamos sin el petróleo venezolano?
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