
La Nación
Buenos Aires, 2 de diciembre 2007
".... La relación global con España podría también empezar a encarrilarse. Cristina Kirchner valora ese país quizá más que su esposo; de hecho, almorzará con el líder de la oposición española, Mariano Rajoy, tres días después de asumir. ¿Por qué? ¿El rey Juan Carlos le dijo algo que nadie sabe? Nunca se deben hacer comentarios sobre lo que dicen los reyes. La presidenta electa frena así, en seco, a cualquier impertinente. El otro presidente sólo observa las imágenes de cosas que para él ya han sido". (La Nación. Argentina)
"La política argentina vive días de dos presidentes. Hoy por hoy y, al menos, hasta dentro de una semana, Cristina Kirchner tiene tanto poder como Néstor Kirchner. Con destellos casi imperceptibles de nostalgia, el presidente actual va dejando su lugar de cuatro años y medio; se acomoda lentamente al fugitivo doble comando del gobierno y se prepara para despedirse dentro de muy poco del boato que arrulla a los jefes de Estado. La presidenta electa se mueve, a su vez, con la impronta de los nuevos conquistadores; no hay signos visibles en ella de nostalgias ni de adioses.
La agenda política y la del Estado son virtualmente compartidas por los dos. La secuencia de figuras dobles se reproduce en toda la administración donde hubo cambios de ministro. Miguel Peirano y Martín Lousteau, por ejemplo, andan juntos todo el día y juntos reciben a empresarios y funcionarios. ¿Qué decisión, al fin y al cabo, podría tomar un ministro de Economía que no tuviera repercusiones más allá del 10 de diciembre? Ninguna.
No se necesitan, en fin, dos presidentes para vislumbrar el porvenir de la prensa: su vida será, más o menos, la misma que la de los últimos años.
...Cristina Kirchner podría inaugurar otros cambios. Hace poco, en una reunión con importantes empresarios extranjeros de servicios públicos, les anunció a éstos que las diferencias de ellos con sus funcionarios se explayarán delante de la presidenta, en encuentros que congregarán a todos los involucrados. Una manera de exorcizar las intrigas de palacio que enloquecieron la vida de los empresarios.
En ese contexto, la permanencia de Guillermo Moreno en el cargo clave de secretario de Comercio Interior asegura la continuidad de una política con pocos atributos, aunque puede perder cierta influencia; el eje de su poder pasa por ser el interlocutor oficial, único y final, con los empresarios. Lousteau ha desentonado con Peirano, es verdad, y encontró en Moreno la expresión corporal de su declamado keynesianismo. Se puede ser keynesiano sin hacer del maltrato un arte.
De todos modos, la mejor noticia que les llegó a los dos presidentes en las últimas horas se refirió a los progresos en Madrid para la compra del 25 por ciento de las acciones de YPF por parte del empresario argentino Enrique Ezkenazi. Repsol decidió la venta de esa parte de su paquete accionario a un grupo argentino para teñir la petrolera argentina de cierto localismo y mejorar su relación con el Gobierno y con la sociedad de aquí. La novedad es que el ministro de Planificación, Julio De Vido, el verdugo de algunos petroleros, no participa de esa operación.
El presidente de Repsol, Antonio Brufau, se reunió antes con otros empresarios petroleros argentinos para explorar la posibilidad de esa venta, pero no hubo coincidencias ni sintonía. Decidió no hacer ningún negocio con ellos. Estos también habían llegado de la mano del Gobierno. Aquí y en Madrid, Brufau comentó más tarde, en cambio, que su impresión de Ezkenazi había sido inmejorable. Usó en ambos lados del Atlántico la misma metáfora: Respiramos el mismo aire . Brufau se convirtió, así, en el mejor promotor de la operación con los Ezkenazi.
La propia Repsol, dijeron fuentes políticas en Madrid, gestionó una porción del financiamiento de la compra por parte de la familia Ezkenazi, que chocó con obstáculos por la volatilidad última de los mercados bursátiles del mundo. Bancos españoles ingresaron en el negocio. Brufau y Ezkenazi saben que sus acuerdos serán examinados por la Bolsa de Nueva York y por el gobierno español en pleno. El periodista Ernesto Ekaizer informó en el diario español El País que los progresos actuales se resolvieron en una reunión de los dos presidentes argentinos con el jefe del gobierno de España, Rodríguez Zapatero, el 10 de noviembre último, en Olivos. Hubo un invitado secreto al encuentro: el propio Brufau.
La tertulia de Olivos fue urdida por dos políticos con experiencia: los embajadores en Buenos Aires y en Madrid, el español Rafael Estrella y el argentino Carlos Bettini. Estrella es un hombre de la confianza personal de Rodríguez Zapatero, y Bettini fue compañero de Cristina Kirchner en tiempos de la universidad compartida.
La relación global con España podría también empezar a encarrilarse. Cristina Kirchner valora ese país quizá más que su esposo; de hecho, almorzará con el líder de la oposición española, Mariano Rajoy, tres días después de asumir. ¿Por qué? ¿El rey Juan Carlos le dijo algo que nadie sabe? Nunca se deben hacer comentarios sobre lo que dicen los reyes. La presidenta electa frena así, en seco, a cualquier impertinente. El otro presidente sólo observa las imágenes de cosas que para él ya han sido".
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