
ESPECIAL PARA INFOLATAM
Análisis realizado por Lourdes Sola
Infolatam
Sao Paulo, 20 de diciembre de 2006
..."Esto no quiere decir sin embargo que el país vaya rumbo al expansionismo sin disciplina fiscal. La caída gradual en el tipo de interés, sumada a la mejora sensible en la recaudación implica una liberación de recursos (más de 2 mil millones de Reales) que dispone el gobierno para gastar. La cuestión por lo tanto no es la falta de recursos, sino la elección de las prioridades estratégicas que definan el modelo de crecimiento".
La construcción de un escenario realista para el próximo mandato de Lula depende de la respuesta a tres cuestiones estratégicas:
1.- ¿Cuales son los elementos de continuidad o descontinuidad entre el primer y segundo mandato?
2.- ¿Cuáles son los objetivos estratégicos del gobierno de Lula?
3.- ¿En qué medida la coalición gubernamental en vías de formación es coherente con las condiciones necsarias para alcanzar estos objetivos?
Los elementos de continuidad son claros. En términos económicos, el panorama internacional continua siendo favorable: el crecimiento previsible y la liquidez favorecen a los países emergentes, la demanda china y el precio de los productos brasileños se mantienen altos y la vulnerabilidad externa del país continua en franca caída.
En términos políticos la legitimidad electoral del gobierno de Lula, medida en popularidad es altísima, igual a la del 2003: éste es el mejor activo del gobierno.
Hay además una convergencia sorprendente entre los intereses del gran electorado, (bajo tres salarios mínimos), principal beneficiario de la estabilidad y de los programas de traspaso de renta por un lado, y los intereses de los mercados financieros por otro lado, cuyo factor de crecimiento básico es la solvencia del país, y cuyos beneficios subieron entre el 2004 y el 2006.
Los elementos de discontinuidad se concentran en el plano doméstico. El "lulismo" gana autonomía frente al PT, que deja de ser el partido dominante en la coalición en términos numéricos y de legitimidad política, pero que busca mantener su espacio en el Gobierno y en el aparato del Estado. Al mismo tiempo, la autoridad política del gobierno de Lula -la otra cara de la legitimidad- está de capa caída junto a los tribunales superiores TSE (electoral) y TCU (de cuentas), frente a la clase política y la clase media que forman el núcleo de la opinión pública.
Esto tiene dos consecuencias: el poder de los partidos minoritarios de la coalición de gobierno aumentó considerablemente e, inversamente, se reduce el poder de agenda del gobierno, es decir, su capacidad de hacer valer sus prioridades en las negociaciones con el Congreso y con los gobernadores sin quemar grandes recursos políticos o financieros.
Otro elemento de discontinuidad es que la prioridad política de Lula pasa a ser el crecimiento y la gran incógnita es cómo compatibilizar la disciplina monetaria, la reestructuración de los gastos del Estado necesarios para un aumento razonable de la inversión pública y las reformas microeconómicas indispensables para aumentar la inversión privada.
En este escenario pasa a ser crucial otro elemento de discontinuidad: los grandes estrategas políticos del primer mandato continuan operando sólo entre bastidores (Palocci y José Dirceu), mientras los estrategas actuales (Dilam Russef, Guido Mantega y Tarso Yerno) representan el núcleo duro de orientación más estatista, que ve con buenos ojos el "fin de la era Palocci". De momento la disputa interna en el gobierno es por la eliminación de los programas y el ideario económico heredados del primer mandato.
Es a partir de este cuadro general que se configuran los principales incertidumbres y dilemas para el período 2007-2010. Por un lado los desafíos económicos exigen un cambio de perspectiva y de instrumentos. La "magia del crecimiento" del 5% que tiene Lula por objetivo, depende de niveles de inversión del 25% (en lugar del actual 20%). Tales condiciones exigen revisiones profundas del marco regulatorio, de las políticas públicas, de garantías e incentivos para el sector privado y un aumento de la inversión pública. Estos cambios no están de momento en el horizonte por varias razones. En primer lugar, los protagonistas estratégicos de este modelo pasan a ser, además del Banco Central, los Ministerios de Vivienda, de Planificación y de la Casa Civil además de los ministerios relativos a la infraestructura. En segundo lugar, el crecimiento con estabilidad exige una capacidad de gestión y una agenda económica y política claras, con definición de prioridades y poder de agenda para implementarlas de parte del Ejecutivo. El problema no es la falta de recursos, sino el direccionamiento de los gastos, que en algunas áreas sólo es el 30% de lo presupuestado.
Estos desafíos apuntan a un primer déficit del gobierno: la ausencia de directrices que incluyan una agenda de reformas, pero el problema no se restringe sólo a esto. Sin directrices, sin rumbos y prioridades económicas y políticas estratégicas, convenientes para la apuesta de crecimiento, no hay poder de agenda a ser ejercido en el Congreso o en el eje de los gobernadores. Tanto las decisiones económicas de aumento de los gastos corrientes desde el 2006, como el dominio de un ideario estatista entre los ministros mencionados apunta a una incertidumbre creciente en cuanto a la viabilidad del aumento de los niveles de inversión tanto públicos como privados.
Esto explica el otro déficit de gobernabilidad que pende sobre el segundo mandato, relativo al objetivo y naturaleza de la coalición gubernamental en construcción. No se trata solamente de la gran heterogeneidad entre los 10 partidos alíados, ni tampoco de las concesiones ya hechas a la voracidad por cargos en el Estado. Un elemento preocupante es el cambio de objetivos del Presidente Lula: el aparataje de partidos de la coalición gobernante se volvió una prioridad en sí misma, y no se articula en torno a rumbos precisos. Dicho de otro modo: además de la ausencia de agenda en el sentido estratégico del término, lo más probable es que el programa gubernamental (inexistente todavía) quede supeditado al aparataje de los partidos minoritarios, en lugar de obedecer al movimiento contrario. Dos consecuencias: en este escenario las condiciones de gobernabilidad son inestables, hasta que se definan el ministerio y la presidencia de la Cámara y del Congreso y se arbitren otras disputas que tensionan a los partidos de la base alíada.
Esto no quiere decir sin embargo que el país vaya rumbo al expansionismo sin disciplina fiscal. La caída gradual en el tipo de interés, sumada a la mejora sensible en la recaudación implica una liberación de recursos (más de 2 mil millones de Reales) que dispone el gobierno para gastar. La cuestión por lo tanto no es la falta de recursos, sino la elección de las prioridades estratégicas que definan el modelo de crecimiento.
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