EL ANÁLISIS

El rapto del Congreso

 

El Universal
México, 12 de abril 2008


"La toma de las tribunas del Senado y la Cámara de Diputados por parte de legisladores del FAP, así como el acoso a sus instalaciones por las brigadas de Andrés Manuel López Obrador son otro episodio más de una profecía autocumplida: las instituciones no funcionan como Yo quiero, hay que mandarlas al diablo, y si funcionan también, porque no lo hacen como ‘Yo quiero’.". (El Universal. Mexico)

 

"... En esto se resume la farsa que los legisladores del FAP afines a AMLO han protagonizado en ambas cámaras del Congreso. Pero es algo más que una farsa. Es también un nuevo rapto de una institución conformada en su pluralidad por el voto de los electores. No olvidemos que el cuestionamiento en falso de los comicios federales de 2006 sólo se enderezó contra un supuesto fraude en la elección presidencial y, muy a modo, puso aparte la legislativa.

... La conducción que López Obrador efectúa sobre este proceso ha descubierto, si bien sólo pragmáticamente, el eslabón más débil en que se origina el estancamiento del proceso de cambio institucional. Basándose en un disimulo implícito, todos los partidos actúan como si fuera mejor conservar lo ganado en el nuevo status quo del pluralismo con gobierno dividido, que llevar hasta sus consecuencias necesarias y pertinentes el proceso de consolidación democrática. PAN, PRI y PRD, cada uno a su manera, han caído en un pacto implícito de inmovilidad. Gracias a él conservan sus espacios conquistados: zonas geográficas, áreas de la administración pública o de los poderes del Estado, posiciones en los medios, etc.

Pero el precio de este pacto de inmovilidad es el golpeo de las nuevas instituciones, como las electorales, porque ese es el costo que se tiene que pagar para mantener los precarios equilibrios que se pueden conseguir en el vetusto régimen de gobierno y de Estado.

De ahí que iniciativas como la del Ejecutivo en materia de energía, que contienen una explosiva carga simbólica, política y jurídica sean catalizadoras de la polarización que se organiza sobre la decisión de no cambiar el orden vigente. Algo semejante ocurrió con la reforma fiscal y ocurriría si se propusiera una reforma laboral o una educativa.

La evidencia indica que lo que puede aprobarse en el Congreso sin ser vetado por alguno de los actores en equilibrio precario está destinado a ser meramente cosmético o lo suficientemente superficial como para que sea aceptado por no tocar ninguna fibra demasiado sensible de alguno de los tres grandes.

En este grave escenario de captura de los recintos del Congreso es necesario que se imponga la razón y el diálogo; que se restablezca la capacidad de interlocución y, sobre todo, que se recapacite en la imprescindible recuperación de las reglas fundamentales de la democracia que al final de cuentas, si de veras se busca el cambio pacífico, desembocan en las decisiones mayoritarias en las urnas y el Congreso, únicas decisiones públicas que pueden reclamarse legítimas."

 Extracto del artículo publicado en El Universal. (México)

 
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