
ESPECIAL PARA INFOLATAM
Análisis realizado por Javier Couso
Infolatam
Santiago, 13 de marzo 2007
"... En síntesis, este primer año refleja encuentros y desencuentros de un gobierno que todavía puede dar mucho, si es capaz de concentrar sus esfuerzos en lo verdaderamente importante, en lugar de andar gastando pólvora en gallinazos?".
El domingo pasado (marzo 11 2007) se cumplió un año desde que Michelle Bachelet asumió la presidencia de Chile, en lo que constituyó un doble hito, puesto que por primera vez en la historia del país una misma coalición lograba alcanzar un cuarto gobierno consecutivo (con lo que se aseguró la friolera de veinte años en el poder), a la vez que lo hacía instalando por primera vez a una mujer en tal sitial.
La hora del balance, sin embargo, ha estado ensombrecida por el improvisado lanzamiento de un ambicioso programa de reforma del transporte público, el Transantiago, que por el momento ha producido una drástica baja en la calidad de vida de los millones de residentes de la capital que dependen del mismo para trasladarse, los que pasaron de contar con un sistema que (aunque contaminador y ruidoso) les llevaba rápida y cómodamente a sus destinos, a uno caracterizado por largas esperas y hacinamiento.
Aún cuando el sistema de transporte público anterior era medioambientalmente insostenible, el pobre diseño y la improvisada implementación del Transantiago amenazan con afectar seriamente la popularidad Bachelet (cuestión algo injusta, considerando que el diseño fue de responsabilidad exclusiva de su predecesor). Por lo dicho, de no resolverse pronto las cotidianas humillaciones inflingidas a la población de escasos recursos de Santiago por el nuevo sistema de transporte, cabe esperar que la caída en los índices de popularidad que han afectado al gobierno en los últimos meses se acentúen. Dicho esto, y considerando que todo balance anual supone intentar mirar más allá de la contingencia inmediata y analizar el periodo en su conjunto, en lo que sigue se hará precisamente eso.
Comenzando por lo positivo, cabe consignarse que en este primer año del cuarto gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia, la presidenta Bachelet logró consolidar la imagen de cierta renovación en los estilos y prácticas de la coalición, al tiempo que mantuvo en lo esencial el ya tradicional pragmatismo económico y vocación social que ha caracterizado a la coalición desde 1990. El más refrescante e innovador elemento del "sello Bachelet" fue su decidido apoyo a la política de igualdad de género, expresada en la revolucionaria (para Chile) paridad de mujeres y varones al interior de su gabinete. Para dimensionar lo importante que fue este aspecto de la agenda de la presidenta, es preciso tener en consideración el fuerte conservadurismo cultural del Chile post-dictadura, el cual impidió hasta hace pocos años la aprobación de una ley de divorcio. De ahí la importancia política y social de la decisión presidencial de evidenciar desde el primer día un fuerte compromiso con la equidad de género, la cual, incidentalmente, fue inspirada en el ejemplo del gobierno de Rodríguez Zapatero en España.
En segundo término, debe destacarse la política de diálogo social y de apertura a nuevas agendas exibida por Bachelet, quien incorporó a vastos y representativos sectores de la sociedad civil y del sistema de partidos a las comisiones presidenciales convocadas para estudiar importantes reformas a la educación, a la previsión social y a la política de innovación tecnológica, todo lo cual representó un bienvenido cambio de enfoque en la forma de articular política y sociedad en un país cuya transición a la democracia ha sido caracterizada de elitista.
Finalmente (y aún cuando es muy difícil hacer justicia a toda la trayectoria de este gobierno en sólo unas cuantas líneas), en la columna del "haber", debe consignarse la muy satisfactoria reacción de la Bachelet al momento de la defunción del ex dictador Augusto Pinochet. En particular, su negativa a decretar un funeral de estado en su homenaje, cuestión que la oposición de derecha le exigió con firmeza. Esta decisión, así como otras acciones dirigidas a compensar a las víctimas del régimen militar y a instaurar políticas de la memoria, sin duda serán recordadas positivamente en el futuro.
Pasando a la columna del "debe", resalta la difícil relación que Bachelet tuvo con los partidos de su propia coalición, y que ha impactado en el relativamente pobre desempeño legislativo de su gobierno. Producto de este incordio, muchos de los proyectos del ejecutivo han quedado empantanados, a pesar de que la coalición gobernante cuenta con mayoría en ambas cámaras legislativas. Aunque en toda relación conflictiva la responsabilidad es compartida (y aún considerando que la indisciplina parlamentaria de los partidos de la coalición oficialista se ha agudizado a medida que transcurren los años en el poder), la administración Bachelet agravó las cosas al proclamar el "carácter cuidadano" de su gobierno, todo lo cual fue leído por los aparatos partidarios como una afrenta y un abandono por parte de la figura central de la política chilena. Por lo dicho, es urgente que en este crucial año 2007 (último del periodo Bachelet en que no habrán procesos electorales) la presidenta se esmere en reencantar a las alicaídas huestes partidarias de la Concertación, de manera de lograr avances decisivos en su importante agenda legislativa.
Otro elemento deficitario de este primer año de gobierno fue la tendencia del mismo a "comprarse" conflictos innecesarios, que inevitablemente le distrajeron de tareas urgentes y estratégicas en las que debió haber ocupado todas sus energías. Así, por ejemplo, con ocasión del nombramiento de un nuevo Contralor General de la República, el empecinamiento oficialista por evitar nombrar a la funcionaria que por tradición institucional debía asumir, le llevó a fracasos reiterados en la materia (al punto que después de ocho meses de producida la vacante aún no hay un Contralor titular), lo cual hizo aparecer al gobierno como intransigente e ineficaz. Algo parecido a lo que ocurrió con el apresurado lanzamiento del proyecto Transantiago, el cual pudo haberse postergado hasta estar en condiciones de ser implementado de manera fluída.
En síntesis, este primer año refleja encuentros y desencuentros de un gobierno que todavía puede dar mucho, si es capaz de concentrar sus esfuerzos en lo verdaderamente importante, en lugar de "andar gastando pólvora en gallinazos".
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