
Infolatam
México D.F. 17 de mayo de 2007
..."La campaña contra el narco le ha dado a Calderón una deseada legitimidad tras los cuestionamientos a su elección de 2006. Las encuestas muestran que su popularidad está en ascenso y que su esfuerzo es apoyado por la mayoría de los mexicanos. Pero la estrategia tiene riesgos".
Durante su campaña electoral en el 2006, Felipe Calderón prometió ser el presidente del empleo. Ya en su gobierno, sin embargo, se ha convertido más bien en un presidente policía.
Desde los primeros días de su mandato, Calderón lanzó una campaña frontal en contra de las bandas de narcotraficantes cuyas actividades se habían hecho cada vez más abiertas ante la impotencia o complicidad de las policías locales y federales. El ariete principal en este esfuerzo ha sido una serie de operativos con soldados y policías federales que comenzaron en diciembre del 2006 en el estado de Michoacán y se han expandido a otros lugares del país.
Para asegurarse la lealtad de los soldados, tradicionalmente mal pagados, el presidente les otorgó un aumento salarial de 46 por ciento. Además, ha aparecido en público vestido con uniforme militar para subrayar su compromiso con esta campaña.
Los grupos de narcotraficantes han reaccionado con actos de una violencia creciente. Más de mil ejecuciones vinculadas con el narco se han llevado a cabo en territorio nacional en lo que va de este 2007. Varios de los asesinados han sido altos jefes policiales. Se ha hecho común el secuestro y tortura de policías antes de ser ejecutados. Incluso grupos del ejército han sido emboscados por narcotraficantes que cuentan con armas de alto poder y granadas.
La campaña contra el narco le ha dado a Calderón una deseada legitimidad tras los cuestionamientos a su elección de 2006. Las encuestas muestran que su popularidad está en ascenso y que su esfuerzo es apoyado por la mayoría de los mexicanos. Pero la estrategia tiene riesgos.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos ha recibido decenas de quejas por abusos de soldados y policías en los operativos. Muchos políticos y juristas cuestionan la legalidad o la sabiduría de involucrar al ejército en un esfuerzo policial. Por otra parte, la misma población que hoy apoya al presidente en su lucha puede sentirse decepcionada si la violencia sigue aumentando, especialmente si no se perciben avances en una guerra que al final quizá resulte imposible de ganar.
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