
Infolatam/Folha Sao Paulo
Washington, 14 diciembre 2009
"... Es muy posible que, en un futuro próximo, los EE UU cedan más y más ante el liderazgo brasileño en América Latina -y es casi seguro que la influencia de Brasil crecerá en toda la región. Pero, en vez de continúen como competidores o contrapesos uno al otro, tanto Brasil cuanto EE UU tendrían mucho mas que ganar si encontrasen maneras de cooperar". (Folha de Sao Paulo / Infolatam)
Brasil demostró de manera cabal su capacidad de contraponerse al poderío de EE UU en América Latina en 2004, cuando provocó la suspensión de las negociaciones regionales para la creación del ALCA, defendida por EE UU.
Un año más tarde, en la Cumbre de líderes del hemisferio Occidental en Mar del Plata, Brasil, contando con el apoyo de sólo cuatro países, consiguió bloquear un esfuerzo de EE UU y 28 países más para reiniciar las negociaciones. Todavía más notable fue que, justo después de la Cumbre (que algunos vieron como humillante para EEUU), el entonces presidente Bush acudió a un asado con Lula en Brasil.
Brasil no sólo mostró su perfil e influencia crecientes como también ilustró su capacidad poco común de lanzar un puente sobre las divisiones ideológicas de la región. Dentro del hemisferio Occidental, políticamente dividido, Brasil quizás sea el único país que no tiene adversarios.
Brasil es un polo alternativo de poder en el hemisferio Occidental. En América del Sur, tomó el lugar de EE UU como presencia dominante en relación la muchas cuestiones.
Es verdad que la atención de EE UU se fija sobre otras partes del mundo, pero la cuestión crucial es que, hoy, los EE UU a menudo se pliegan a Brasil en asuntos interamericanos.
El año pasado, por ejemplo, la diplomacia norteamericana no reaccionó a las tensiones peligrosas y crecientes entre Colombia y Venezuela. Por regla general, Washington dejó la tarea a cargo de Brasil y de la recién nacida Unasur. Asimismo, en lo que va de año, cuando de nuevo Venezuela y Colombia entraron en fricción, fue Brasil quien se ofreció para terciar.
Aun así, todavía restan limitaciones grandes a la capacidad de Brasil de moldear e influir en lo que pasa en América Latina. Para empezar, Brasil ha avanzado poco en su ya antiguo porpósito de integración económica regional. Tras dos décadas, el pacto comercial del Mercosur, que Brasil llegó a anunciar como su ancla económica, está un desorden.
Sus cuatro miembros no han desarrollado reglas comunes o políticas convergentes - ni tan siquiera acuerdos institucionales modestamente eficaces. Tampoco han negociado un único acuerdo comercial con otro país.
La Unasur, esquema de integración al estilo europeo, con dos años de existencia, todavía es una aspiración más que una meta práctica. Es difícil imaginar como podrá salir bien, dadas las enormes diferencias de política económica entre sus miembros -diferencias reforzadas por tensiones políticas y divisiones ideológicas.
En segundo lugar, Brasil continúa vacilando a la hora de meterse en disputas entre otros países - viene manteniendo distancia en la pelea entre Argentina y Uruguay y se abstiene de intervenir en las viejas disputas de Chile con Perú y Bolivia.
Se ha mostrado mas que contrario a la hora de interferir en las decisiones internas de los vecinos, aunque tengan consecuencias para la economía o la seguridad brasileñas. El país evita criticar las muchas transgresiones antidemocráticas cometidas por Hugo Chávez, las violaciones de los derechos humanos y las injerencias en otros países.
Es posible que Brasil sea realista, sencillamente. Entiende que su intervención no sería necesariamente bien recibida y que podría tener costes políticos y económicos altos. Y es esta la tercera limitación al liderazgo de Brasil: su modesta capacidad (o disposición) paa asumir los encargos financieros y políticos de un compromiso más enérgico.
Ni el gobierno de Lula ni el de Fernando Henrique Cardoso hicieron mucho para ayudar Colombia en su guerra contra guerrilleros y narcotraficantes. En esa especialidad, queda claro que la posición dominante es la de EE UU: a lo largo de una década, ayudó las Fuerzas Armadas colombianas con más de US$ 6 mil millones.
Además, los EE UU han utilizado constantemente sus recursos para dar asistencia a países que afrontan problemas económicos (incluyendo Brasil), y pactos de libre comercio con los EE UU o preferencias comerciales son altamente valorados por la mayoría de los países latinoamericanos.
En cuarto lugar, la influencia de Brasil se limita sobre todo a América del Sur. Los EE UU continúan a siendo el punto de referencia para Centroamérica, Caribe y México.
Es verdad que el liderazgo brasileño en las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU viene contribuyendo enormemente a la estabilidad de Haiti. Y Brasil puede ejercer un papel importante en la eventual transición en Cuba. Pero la crisis en Honduras demostró las limitaciones de Brasil. Mientras Washington tuvo papel central, la diplomacia brasileña quedó en gran medida en posición secundaria.
Es muy posible que, en un futuro próximo, los EE UU cedan más y más ante el liderazgo brasileño en América Latina -y es casi seguro que la influencia de Brasil crecerá en toda la región. Pero, en vez de continúen como competidores o contrapesos uno al otro, tanto Brasil cuanto EE UU tendrían mucho mas que ganar si encontrasen maneras de cooperar.
Artículo cedido por el autor y publicado en la Folha de SAo Paulo
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