
Análisis realizado por Joaquín Morales Solá
La Nación
Buenos Aires, 20 de febrero de 2008
"Más allá del zurcido político, que embriaga sobremanera al ex presidente de la crisis tanto como a su sucesor, Duhalde le ha tocado otra fibra sensible al kirchnerismo. ¿Por qué no reconoce que ha mentido con los índices de inflación? Al gobierno de los Kirchner le está costando aceptar lo que todo el mundo ya sabe: el actual Indec es fruto de la imaginación de Guillermo Moreno, en el que sólo Moreno cree". (La Nación. Argentina)
"...Duhalde no ha inventado nada. Su único mérito fue poner sobre la mesa una advertencia a Néstor Kirchner, viejo ahijado y luego acérrimo enemigo suyo. Si Kirchner continuara su gesta mediática, vino a decir Duhalde, la opinión pública terminará por darle un crédito muy bajo al gobierno de Cristina Kirchner. O, lo que es peor, entenderá que el ex presidente se hizo cargo de algunas cosas de la administración pública porque descubrió que su esposa no estaba preparada. Eso no es cierto, pero Duhalde reclamó a su manera la primicia de haber descubierto que "Cristina no tiene experiencia en la administración". Eso lo dijo en la campaña, y supone que el propio Néstor Kirchner ha coincidido ahora con él.
... Kirchner es su adversario. Las divagaciones políticas sobre el retorno de Duhalde al justicialismo de la mano de Kirchner quedaron en palabras muertas. ¿Significa eso que el ex presidente se presentará en las elecciones internas del justicialismo para competir con su sucesor por la conducción partidaria? Duhalde sabe que el peronismo se postra sólo ante el poder y los recursos, y que él no tiene ninguna de las dos cosas. No competirá con Kirchner, pero tampoco imitará el costoso salto al vacío del ex ministro Roberto Lavagna. Duhalde siempre ha dicho que él es el único político argentino en condiciones de ponerle límites a Kirchner. Su proyecto consiste, entonces, en erigirse en un referente capaz de levantar esos límites desde el propio peronismo...
No es tampoco una consecuencia del brinco de Lavagna, aunque ese brinco dejó a la política con menos alternativas entre las muy pocas que ya tenía. Duhalde dejó de creer en Lavagna mucho antes de las elecciones de octubre. En verdad, lo considera un hombre capaz, un funcionario apto y un político confundido, sin olfato. Mil veces le recomendó durante la campaña que dejara el progresismo en manos de los Kirchner ("Esa corriente tiene su expresión, nos guste o no", le repitió) y que se volcara más al centrismo, que estaba vacante. Inútil. Lavagna quiere ser progresista, aunque sea al lado de los Kirchner.
Otro mensaje que lanzó Duhalde, tal vez ya con cierta desesperación, se lo dirigió personalmente a Kirchner para que dejara gobernar a los que están gobernando. La súplica la hizo en nombre de Cristina Kirchner, pero también de Daniel Scioli y de Mauricio Macri. Con estos dos últimos se ha llevado siempre muy bien, aunque hace mucho que no conversa con ninguno.
En el fondo, Duhalde está seguro de que el futuro del poder en manos del peronismo se resolverá en las manos de Scioli o de Macri. Nunca creyó en un tercer período presidencial consecutivo con el nombre de los Kirchner y creyó menos en las alternativas no peronistas. Macri no es peronista, pero se parece demasiado a un vástago del peronismo.
Más allá del zurcido político, que embriaga sobremanera al ex presidente de la crisis tanto como a su sucesor, Duhalde le ha tocado otra fibra sensible al kirchnerismo. ¿Por qué no reconoce que ha mentido con los índices de inflación? Al gobierno de los Kirchner le está costando aceptar lo que todo el mundo ya sabe: el actual Indec es fruto de la imaginación de Guillermo Moreno, en el que sólo Moreno cree. De paso, les pidió que no cuenten los pesos delante de los pobres. Un peronista no hace eso. Mucha información sobre el superávit fiscal mientras los rezagados siguen rezagados, cree Duhalde...".
Extracto del artículo publicado en La Nación
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