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EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

El mensaje nefasto de las pirámides

 

Infolatam
Bogotá, 18 de noviembre 2008


"Es tanto el nerviosismo gubernamental que el presidente Uribe citó un consejo comunitario en vivo y directo por televisión y radio para advertirle a los colombianos sobre el peligro que representan DRFE y DMG.

La preocupación de las autoridades es genuina. No tanto por los montos- aunque pueden llegar a sumar dos billones de pesos (una cifra no despreciable)- sino por lo que refleja de la Colombia actual".

Colombia amaneció el martes 18 de noviembre, en un estado de Emergencia Social, declarado en la víspera por el presidente Álvaro Uribe. Una decisión sin precedentes, provocada por el derrumbe de varias ‘pirámides financieras', que dejaron a miles de colombianos sin sus ahorros. A pesar de lo alarmante de la medida, es más una señal de la preocupación del gobierno por la proliferación de estas entidades especulativas y en especial por una empresa: DMG.

Esta empresa fue creada en 2005 por David Murcia Guzmán, un joven colombiano de 28 años que hasta ese momento no tenía en que "caerse muerto". Hoy, dice tener más de 200.000 clientes y sucursales en siete países. Pero su emporio va más allá de lo financiero: cultiva un movimiento social y político bajo el lema "Crean en Dios y en David Murcia Guzmán". Un ejemplo: horas después de que el gobierno interviniera a DMG en la madrugada del pasado lunes y ocupara sus 54 oficinas, miles de personas salieron a protestar en Bogotá.

Lo curioso del asunto es que nadie - ni las autoridades ni los ‘llamados' expertos financieros- sabe a ciencia cierta como hace DMG para entregarles a sus clientes rentabilidades superiores al 100 por ciento. El señor Murcia es ambiguo- dice que todo se debe al valor de su marca, la cual compara con Coca Cola y Google (se tiene fe, obviamente). En los corrillos políticos y judiciales se especula sobre un presunto lavado de activos, en parte basado en que DMG surgió en las zonas cocaleras del sur del país. Pero de prueba reina, hasta ahora nada de nada.

Todo empezó la semana pasada cuando cundió el pánico de que la pirámide "Proyecciones DRFE" se había quedado sin fondos. DRFE, cuya sigla significa Dinero Rápido, Fácil y en Efectivo (en serio...), prometía ganancias de más del 150 por ciento. Lo que sorprendió a las autoridades nacionales y a la opinión pública en general fueron las miles de personas que resultaron siendo clientes de DRFE y cómo esta pirámide había reemplazado a entidades financieras en varios municipios. En otras palabras, DRFE y las otras 240 similares se habían convertido en un sistema bancario paralelo al legal y formal.

Es tanto el nerviosismo gubernamental que el presidente Uribe citó un consejo comunitario en vivo y directo por televisión y radio para advertirle a los colombianos sobre el peligro que representan DRFE y DMG. La preocupación de las autoridades es genuina. No tanto por los montos- aunque pueden llegar a sumar dos billones de pesos (una cifra no despreciable)- sino por lo que refleja de la Colombia actual. Que miles de colombianos con los ojos bien abiertos - porque no importa el estrato social, todo el mundo sabe que la multiplicación de los panes sólo la hace Jesucristo- hayan entregado su platica y ahorros a una empresa fantasma como DRFE, demuestra que la cultura del atajo sigue permeando la sociedad. La misma cultura que facilitó la llegada del narcotráfico hace ya 35 años y que se rinde ante la posibilidad del dinero fácil.

También deja al descubierto una desconfianza profunda en el sistema financiero. Muchos colombianos prefieren arriesgar su capital con los DRFEs y DMGS de este mundo, que con un banco. Es como si hubiera dos Colombias: la formal de las reglas establecidas y otra, informal - marginalizada- donde se aplica la ley del más fuerte. Eso ayuda explicar porque los miles de damnificados culpan hoy al gobierno y no a los especuladores de sus pérdidas. Una percepción que Uribe, si aún aspira a ser reelegido en 2010, no puede permitir que perdure en el tiempo.

 
 

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