
Infolatam
Nueva York, 3 de efebrero 2008
(Especial para Infolatam)
"...Es improbable que un presidente republicano como McCain logre romper filas con su partido e impulse una reforma migratoria que favorezca a los trabajadores indocumentados. De la misma forma, ni Obama ni Clinton se animarán a ignorar las demandas por mayores restricciones laborales y ambientales en nuevos acuerdos de libre comercio que negocien con países de América latina..".
Ahora que el número de aspirantes presidenciales en Estados Unidos se ha reducido a 4 (dos demócratas y dos republicanos), podemos evaluar más cuidadosamente sus posturas hacia América latina. Aunque cuando están en campaña, se acrecientan las diferencias entre republicanos y demócratas, es improbable que la política actual de Washington hacia América Latina varíe significativamente si los demócratas retoman el control de la Casa Blanca.
A riesgo de simplificar en exceso, los demócratas tienden a adoptar posturas críticas de los acuerdos de libre comercio mientras que los republicanos anuncian posiciones más duras contra la migración. Naturalmente, existen excepciones. George W. Bush adoptó siempre posturas mucho más tolerantes hacia los inmigrantes que las del partido republicano. En 2000, Al Gore asumió posturas mucho más pragmáticas hacia el libre comercio que las que tradicionalmente defienden los candidatos demócratas. Pero la regla de oro de la política estadounidense es que los presidentes republicanos promueven más los acuerdos de libre comercio y combaten la inmigración ilegal mientras que los demócratas privilegian la regularización de los inmigrantes ilegales y están más inclinados a restringir el libre comercio.
Hasta el momento, la campaña presidencial de 2008 se conforma a las expectativas. En el debate del miércoles 30 de enero, los candidatos republicanos expusieron sus ideas para controlar la inmigración ilegal. El ex gobernador Mitt Romney anunció duras posturas. El Senador John McCain, que marcha primero en las encuestas, explicitó una posición más pragmática. Si bien McCain apoya la construcción de un muro en la frontera con México, también ha promovido programas que regularicen la situación de los 12 millones de indocumentados que actualmente residen en Estados Unidos.
Aunque resulta improbable que, de ser presidente, Romney pudiera implementar las medidas que anunció, los candidatos quedan esclavos de sus promesas. Mientras más detalladas son, más difícil les resulta después forjar acuerdos con el Senado y la Cámara. Por eso, las declaraciones de Romney, que buscan lograr el apoyo del sector más conservador republicano, lo amarran contra la búsqueda de una solución al problema de la migración ilegal. Aunque éste es un problema que afecta fundamentalmente a México, la importancia de las remezas que envían trabajadores indocumentados en países de América Central y del Caribe hace el debate sobre cómo enfrentar el gigantesco problema de inmigración ilegal en Estados Unidos se siga de cerca también en otros países.
Es cierto que McCain parece mejor encaminado para lograr la nominación republicana. Pero las duras posturas de Romney probablemente obliguen a McCain a tomar posiciones menos amistosas hacia la reforma migratoria que las que tradicionalmente ha defendido en el Senado. Por eso, mientras mejor le vaya a Romney en las próximas primarias, menos probabilidades tendrá McCain de impulsar una reforma migratoria en caso llegar a la Casa Blanca.
En la trinchera demócrata, tanto el Senador Obama como la Senadora Clinton han prometido reformas migratorias. En el debate del jueves 31 de enero, Obama enfáticamente rechazó el argumento de que los inmigrantes ilegales le quitan los trabajos a los afroamericanos de menos ingresos. Criticando el uso de los inmigrantes como "chivos expiatorios", Obama delineó su postura a favor de una reforma migratoria que constituya un camino-largo y costoso, pero camino al fin-hacia la ciudadanía. La senadora Clinton también repitió su intención de lograr una reforma migratoria similar. Aprovechando la ventaja que tiene entre los votantes latinos, Clinton destacó los valores de las familias inmigrantes y su compromiso con el sueño americano. Aunque insistió en la necesidad de regularizar a los indocumentados, también enfatizó la necesidad de controlar mejor las fronteras para evitar el ingreso ilegal de trabajadores.
Fiel a la tradición demócrata, Clinton y Obama destacaron su compromiso con la protección de los trabajadores estadounidenses. Pero ambos también comprometieron su apoyo a iniciativas a favor del libre comercio. Evidenciando la evolución del Partido Demócrata hacia posturas más afines a los acuerdos de libre comercio, ambos candidatos dijeron querer la apertura de nuevos mercados para los productos de exportación estadounidenses.
A través de los años, los republicanos-con la notable excepción del Presidente George W. Bush-han adoptado posturas duras contra una reforma migratoria. Por su lado, los demócratas han avanzado en flexibilizar sus posiciones respecto al libre comercio. Pero la realidad política y económica obliga a los presidentes a tomar posturas moderadas pero a la vez tener que negociar con el Senado y la Cámara, cuyas mayorías a menudo reflejan preferencias distintas a las de la Casa Blanca. Por eso, es improbable que un presidente republicano como McCain logre romper filas con su partido e impulse una reforma migratoria que favorezca a los trabajadores indocumentados. De la misma forma, ni Obama ni Clinton se animarán a ignorar las demandas por mayores restricciones laborales y ambientales en nuevos acuerdos de libre comercio que negocien con países de América latina.
Por otro lado, ya que todavía no hay candidatos oficiales republicano y demócrata, no conocemos sus posturas sobre otros temas que importan a América latina, como la promoción de la democracia, el combate contra el narcotráfico o la violencia de las pandillas y la inseguridad creciente en la región. Pero si podemos anticipar que cualquiera sea el próximo presidente, la Casa Blanca tendrá posturas más moderadas que los republicanos en el Congreso en temas de inmigración y que los demócratas en cuestiones de libre comercio.
Por eso, más que centrarnos en sus posturas específicas, la mejor forma de saber cuál es el mejor candidato presidencial para América latina es fijándonos en cómo piensan forjar acuerdos con mayorías en el Congreso que tendrán posturas menos moderadas en los temas que afectan directamente los intereses de la región. Aquel que tenga una mejor estrategia para negociar con el Congreso será el mejor candidato para lograr avances en los temas de la agenda latinoamericana en Washington.
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