
Clarín
Buenos Aires, 3 de septiembre de 2007
"Las maquinarias clásicas del peronismo trasuntan ya mucho menor fortaleza que en otros tiempos.... El kirchnerismo volvió a demostrar, como le había sucedido en Capital, que constituye una expresión de la política aún sólo garabateada que tiene serias dificultades de penetración en las grandes urbes". (Clarín. Argentina)
"Ganó o perdió el gobierno de Néstor Kirchner? La pregunta cayó con lógica y naturalidad después de las elecciones de ayer en Santa Fe y Córdoba. Se trató de votaciones con indudable proyección nacional y las últimas de envergadura -restan Chaco y Chubut- antes de las presidenciales del 28 de octubre.
En otro tiempo de mayor normalidad del sistema político en la Argentina aquel interrogante pudo tener una respuesta rotunda. Pero la diáspora y los entrecruzamientos partidarios, que denuncian el estado vivo de la crisis, obligarían ahora a una cuidadosa disección de los resultados y sus efectos. El Gobierno parece haber cosechado al cabo de la jornada del domingo un saldo político bien fragmentado, tal vez como fueron sus apuestas en los escenarios de Santa Fe y Córdoba.
Hermes Binner ha hecho historia. El socialismo desplazó al peronismo del poder en aquella provincia luego de 24 años. El peronismo luchaba voto a voto en Córdoba, bajo el comando de Juan Schiaretti, delegado del gobernador José Manuel de la Sota. Pero resultó notable y sorprendente el comportamiento electoral del intendente Luis Juez, que terminó liderando una coalición de centroizquierda con sesgo independiente.
Una primera lectura arrojaría dos conclusiones. Las maquinarias clásicas del peronismo trasuntan ya mucho menor fortaleza que en otros tiempos. No convendría detenerse sólo en Santa Fe y Córdoba: la historia viene desde la derrota de Carlos Rovira en Misiones, cuando pretendió eternizarse, y la irrupción de Fabiana Ríos, del ARI, en Tierra del Fuego, que doblegó a un formidable sistema pejotista. El kirchnerismo volvió a demostrar, como le había sucedido en Capital, que constituye una expresión de la política aún sólo garabateada que tiene serias dificultades de penetración en las grandes urbes.
La victoria de Binner es, en un trazo grueso, una victoria de la oposición. El ex intendente socialista de Rosario llegó con el apoyo explícito de Roberto Lavagna, de Ricardo López Murphy y, más tibio, de Elisa Carrió. ¿Podría significar esto un empuje decisivo para la oposición en octubre?
...Es muy probable que Binner y Lifschitz intenten preservar hasta octubre aquella línea de neutralidad. ¿Por qué razones? Por dos: en su universo hay potenciales votantes de Carrió pero también de Cristina Fernández, de Lavagna y hasta de López Murphy. Esa composición tan dispar ayuda a explicar la victoria de ayer sobre el peronismo más poderoso y sofisticado del país, después del bonaerense. Binner deberá gobernar a futuro una provincia con la oposición peronista: no podrá prescindir, con certeza, de algún apuntalamiento en el Gobierno nacional. No querría el socialista peleas prematuras y tal vez inconvenientes.
...Ni Santa Fe ni Córdoba, después de lo ocurrido, parecieran echar sombras sobre la candidatura de Cristina. En las dos provincias pareció quedar en claro otra vez el punto de revulsión y ruptura del sistema de partidos. Aunque esa moneda brindó otra cara: las ofertas electorales, en especial en Santa Fe, fueron muy atrayentes, bastante por encima de la media nacional".
Extracto del artículo publicado por el diario Clarín
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