
Infolatam
Buenos Aires, 9 de diciembre 2007
(Especial para Infolatam) "... Cristina comienza su gestión sin el shock de confianza que le dio a Néstor un capital político importantísimo que se iba realimentando a si mismo. Su gestión se verá mucho más exigida por las circunstancias en las que le toca gobernar. A la vez, Cristina comienza esa gestión con mayoría parlamentaria, con un superavit fiscal notable y con una buena predisposición de la sociedad hacia ella".
Nadie sabe realmente qué orientación imprimirá Cristina Fernández de Kirchner a su flamante gobierno que hoy se inicia, excepto ella misma, Néstor Kirchner y unas pocas personas de su entorno más cercano. El espíritu de su candidatura presidencial se sintetiza en una consigna que fue el eje implícito en su campaña: continuidad y cambio. Cuanto de unp y de cuanto de lo otro ha sido materia de conjeturas y análisis diversos hasta el día de hoy.
Durante el último año pueden ser diferenciadas tres etapas en la comunicación de Cristina acerca de lo que cabría esperar de su gobierno. En cada una de esas etapas Cristina emitió distintas señales.
En la etapa de su instalación como posible candidata -un largo período de unos diez meses- Cristina transmitió indicios de cambios. Viajó y se aproximó de distintas maneras a los gobiernos de las naciones desarrolladas, recompuso las relaciones con México, estableció un diálogo fluido con altos funcionarios del gobierno de Washington, tomó alguna distancia de Chávez, se mostró más amigable con sectores a menudo confrontados por Néstor, enfatizó reiteradamente el valor del diálogo y de la calidad institucional de un estado democrático.
En la segunda etapa, en los cortos meses desde su proclamación formal como candidata hasta su consagración como presidenta electa el 28 de octubre, Cristina no dijo muchas cosas. La fase activa de la campaña electoral más bien se destacó por la ausencia de mensajes sustantivos. Pareció que la estrategia consistía en no tomar riesgos de ningún tipo, que el objetivo era conservar sin sobresaltos el caudal de votos que le aseguraría la victoria en la primera vuelta.
En los 40 días a partir del día de la votación hasta ahora, en el momento de asumir el gobierno, Cristina más bien enfatizó mensajes de continuidad. Pero lo hizo tiñéndolos de una ambigüedad. El gabinete de ministros designado es un ejemplo: más de la mitad de los ministros formaron parte del gabinete de Néstor; es difícil imaginar que vayan a cambiar de estilo y mucho menos la orientación de las políticas. Pero, a la vez, los nuevos nombres que Cristina incorpora al gabinete han deparado sorpresas, ciertamente representan señales de cambios. La decisión de ascender la cartera de ciencia y técnica al rango ministerial proyecta una luz hacia el largo plazo, contrastando con la mirada cortoplacista que caracterizó al gobierno de Néstor.
Kirchner ha dicho muchas veces que el modelo al que aspira puede ser llamado ‘democracia popular'. No suele decirlo, pero su democracia popular es también ‘corporativista': ha reservado un lugar preponderante a los sindicatos y a varias de las organizaciones piqueteras. Cristina no ha hablado de todo eso, pero el hecho de que su asunción esté acompañada de expresiones de fastidio y toma de distancia de diversos dirigentes sindicales y piqueteros es también una señal de que algo podría cambiar.
Todo eso es lo que sabemos. El acto que sigue, el que se abre el 10 de diciembre, obviamente todavía no ha sido escrito. Pero al menos se conocen las condiciones más probables del contexto en el que ese acto tendrá lugar: el ciclo económico mundial sigue favoreciendo a la Argentina, la economía continúa con impulso para sostener el alto nivel de actividad de los últimos años, la inflación acosa implacablemente y exigirá definiciones de política de precios y monetaria posiblemente más drásticas de lo hasta ahora sugerido por Cristina, el clima social es menos optimista del que acompañó a Néstor durante los primeros tres años de su gestión, las demandas salariales se están intensificando, el clima político en la región sudamericana se enrarece a partir del desgaste de Chávez y del planteo fuertemente conflictivo que Evo Morales imprime a su gestión -con las implicaciones de esas situaciones sobre el abastecimiento energético de la Argentina-.
Cristina comienza su gestión sin el shock de confianza que le dio a Néstor un capital político importantísimo que se iba realimentando a si mismo. Su gestión se verá mucho más exigida por las circunstancias en las que le toca gobernar. A la vez, Cristina comienza esa gestión con mayoría parlamentaria, con un superavit fiscal notable y con una buena predisposición de la sociedad hacia ella.
Las razones para que el gobierno de Cristina insista en los elementos de continuidad de la gestión de Néstor son claras: haciendo lo que él hizo el oficialismo ganó cómodamente la elección presidencial. Es una razón no menor para cambiar poco.
Las razones para cambiar son menos claras, pero por algo Cristina sugirió a lo largo de este año que estaba preparada para algunos cambios: las circunstancias no son las mismas, algunos de los resultados de la gestión de Néstor valorados positivamente por la población argentina se están agotando. Un mayor acento puesto sobre los temas institucionales y un foco más fuerte en las condiciones para asegurar el crecimiento argentino en el largo plazo no necesariamente involucran un cambio de paradigma económico o político, ni implica defraudar el sentido de los votos que la ungieron presidenta. Pero podría ser el reaseguro para conservar los votos hasta los próximos desafíos electorales, el legislativo en 2009 y el presidencial en 2011.
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