
Infolatam
Madrid, 2 de enero 2008
(Especial para Infolatam)
"No hay que engañarse. En todo esto la responsabilidad es de las FARC. Ellos dijeron antes de Navidad y no cumplieron. Ellos se comprometieron a dar las referencias concretas adonde deberían volar los helicópteros venezolanos, las famosas coordenadas en palabras de Hugo Chávez, tan partidario de los juegos de guerra..".
El anuncio hecho por las FARC el 18 de diciembre, de que en un gesto de desagravio a Hugo Chávez tras su despido como mediador en el canje humanitario con el gobierno colombiano, liberarían magnánimamente a tres de los rehenes secuestrados en su poder, saltó por los aires en las vísperas del año nuevo. Primero se nos dijo que los rehenes estarían en la calle antes de Navidad, luego que para finales de año y ahora nadie sabe si habrá o no liberación, pese a las declaraciones del presidente venezolano de que sus negociaciones con las FARC proseguirán de forma clandestina, si es necesario.
Este sucinto cuadro de situación nos lleva a realizar algunas consideraciones previas. La primera es que, salvo que el propio Chávez haya engañado a la comunidad internacional, las negociaciones con la organización terrorista siempre fueron clandestinas y no oficiales, ya que lo contrario implicaría un cierto reconocimiento por parte del gobierno venezolano de una organización ilegal. Es verdad que al comenzar su mandato, no éste sino el primero de su larga serie, Chávez se sintió tentado de reconocer a las FARC como parte beligerante, pero finalmente desistió de su intento, aunque las relaciones entre ambas partes siempre han sido fluidas. En esos momentos Chávez estimó que mantener un diálogo fluido con los presidentes colombianos era de alguna utilidad.
La segunda cuestión es que, al menos teóricamente, nunca hubo una negociación en torno a la entrega de los tres rehenes mencionados por las FARC. Se trató, según se anuncio públicamente, de un acto unilateral de la organización terrorista. Por eso, pretender igualar la responsabilidad en el fracaso de la llamada, con cierta ironía, « Operación Transparencia », del gobierno colombiano y de las FARC no es más que un ejercicio de puro cinismo. Según el comunicado inicial del 18 de diciembre, y volvemos a las fuentes, el gobierno colombiano iba a quedar al margen de la cesión magnánima de las FARC a Chávez.
Es más, inicialmente se especuló con el hecho de que los rehenes aparecerían en algún lugar de la selva venezolana, por no decir en la propia Caracas. Fue posteriormente, cuando Chávez se sacó de la chistera su « Operación Transparencia », que se contempló la posibilidad de que la liberación se haría en Colombia. Con esa actitud Chávez ponía en un aprieto a su colega Uribe, que o bien autorizaba la presencia venezolana en su territorio, en un acto donde su papel se limitaba al de mero espectador, o, por el contrario, sería el gran villano de la comunidad internacional, totalmente despreocupado por la suerte de los rehenes.
No hay que engañarse. En todo esto la responsabilidad es de las FARC. Ellos dijeron antes de Navidad y no cumplieron. Ellos se comprometieron a dar las referencias concretas adonde deberían volar los helicópteros venezolanos, las famosas coordenadas en palabras de Hugo Chávez, tan partidario de los juegos de guerra que hasta se vistió de combate y se tocó su gorra roja de paracaidista para la ocasión, y tampoco cumplieron. Como es frecuente cada vez que se trata de dar la palabra, las FARC no cumplen. O es que acaso, a la hora de comprometerse a liberar a los rehenes, no sabían las condiciones de seguridad existentes en la zona y que el ejercito colombiano, como corresponde a las Fuerzas Armadas de un Estado de derecho, están librando una ofensiva para destruirlas.
Y aquí es donde aparece uno de los grandes camelos en torno a las FARC, repetido una y otra vez por algunos de los garantes, y también por algunos sesudos analistas de la realidad colombiana: la especial noción del tiempo que tienen las FARC. Según se nos dice hasta el cansancio las FARC son de extracción campesina y por ello su noción del tiempo no es la del reloj. Me gustaría saber si cuando las FARC preparan algún atentado terrorista (secuestro, asesinato, bomba, etc.) tienen en cuenta lo hora marcada por sus relojes de pulsera o se contentan con otear la declinación del sol sobre el horizonte. También me gustaría saber qué pasa cuando se trata de librar algún alijo de cocaína. Por tanto, si para las cosas serias, para las cosas de comer, se guían por la misma concepción temporal que el resto de los mortales, ¿por qué a la hora de negociar dicen que tienen otra concepción temporal? Básicamente porque les resulta mas rentable hacerlo de ese modo, ya que, como se ha visto, se trata de jugadores de ventaja.
Por lo visto hasta ahora, y seguimos sin saber como concluirá el tema, hay varios perdedores. En primer lugar, las FARC, cuya credibilidad internacional ha vuelto a quedar por los suelos, tras un breve período de renaciente credibilidad. También fue afectado Hugo Chávez, quien aposto fuertemente por la liberación de los rehenes, pensando que la misma le iba a permitir recuperarse de la derrota del referéndum constitucional y que, al mismo tiempo, podría asestar un duro golpe a Álvaro Uribe. El otro gran derrotado de estas jornadas de tensa espera entre Caracas y Villavicencio es el ex presidente argentino Néstor Kirchner, que esperaba vivir una nueva hora de gloria con la liberación de los rehenes. Pero no pudo ser. Su furia colérica la dirigió contra Uribe, a quien tacho de rígido y de querer sabotear la operación. Vale la pena recordar que Kirchner fue a Venezuela únicamente para satisfacer a su gran amigo Chávez y que durante el viaje de Uribe a Buenos Aires, con motivo de la toma de posesión de Cristina Kirchner como presidenta argentina, ambos mandatarios mantuvieron una tensa discusión por la forma errónea en que el gobierno interpretaba el canje humanitario.
La gota que colmó el vaso de Kirchner fue el anuncio hecho por el delegado colombiano para la paz, Luís Carlos Restrepo, de que su gobierno no podía garantizar su seguridad en la selva. La verdad es que otra afirmación hubiera sido aventurada o sencillamente imposible, toda vez que el gobierno colombiano era un mero espectador del operativo «Transparencia», luego rebautizado «Emmanuel».
Aquí es donde aparece el último drama de un hecho que clama al cielo, especialmente por el profundo desprecio hacia los familiares de las víctimas mostrado por las FARC. La posibilidad de que el niño Emmanuel no esté en poder de los terroristas sino en un orfanato de Bogota sería la guinda de un pastel indigesto para todos. De ser así, el desprestigio de las FARC, y de sus mentores políticos, sería brutal. De otro modo, de ser falsa la noticia, Uribe deberá afrontar una condena de la comunidad internacional. De momento, el silencio de las FARC, con hechos y no con comunicados colgados en la pagina Web de su agencia situada en Suecia, Ancol, es bastante explícito. Si se tratara de hacer daño a su archiodiado Uribe éste es el momento y la mejor ocasión. La liberación de Emmanuel podría lograrlo.
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