
Infolatam
Santiago, 10 de diciembre de 2006
..."Aunque es exagerado afirmar que Pinochet polariza al país (ya que menos de un quinto de la población todavía lo apoya, y el 80 % restante no), es cierto que él sigue despertando fuertes antagonismos en Chile, con sectores que aún piensan que salvó al país del comunismo(...), y otros que lo consideran un dictador sanguinario y corrupto".
Ha muerto Pinochet. Para los chilenos, esta noticia --aunque esperada-- golpéo con fuerza la conciencia de millones. Tal es la fuerza simbólica del ex dictador, cuyo represivo régimen y su posterior protagonismo en el ejército marcó el último tercio del siglo XX en dicho país.
Observando la imágenes de televisión transmitidas horas despúes del anuncio de su muerte, algunos analistas extranjeros comentaban que la figura del ex dictador seguía polarizando al país, impresionados por las simultáneas manifestaciones de pésame y de alegría que llenaron las calles de Santiago ante la noticia de su muerte. Aunque es exagerado afirmar que Pinochet polariza al país (ya que menos de un quinto de la población todavía lo apoya, y el 80 % restante no), es cierto que él sigue despertando fuertes antagonismos en Chile, con sectores que aún piensan que salvó al país del comunismo, alinéandolo con el 'mundo libre' y modernizando su economía, y otros que lo consideran un dictador sanguinario y corrupto.
Estas muy diferentes apreciaciones acerca de la persona del dictador se enfrentarán a propósito de los funerales, con sus partidarios exigiendo honores de estado y sus detractores rechanzando categóricamente esa posibilidad.
Más allá de estas disputas inmediatas, cabe preguntarse por los efectos que su muerte provocarán en la política chilena. En este sentido, es bueno recordar que a mediados de la década de los noventa (cuando se debatía entre los especialiastas locales si había o no terminado la transición), un cientista político norteamericano de paso en Chile planteó con escepticismo que ésta fuera a finalizar antes de la muerte del general, dada la fuerza simbólica de su persona.
Si bien su pronóstico finalmente demostró palpablemente estar equivocado, ello fue así por la inesperada detanción del ex dictador en Londres, a solicitud de la justicia española, hito que finalmente señaló la muerte política de Pinochet, quien nunca se recuperó de la humillación e imagen de fragilidad que produjo su encierro por 18 meses en Inglaterra. En otras palabras, la muerte del ex dictador lo sorprende en momentos en que su descrédito ante la población chilena es abrumadora, lo que explica que sólo un reducido grupo de fanáticos lo siga admirando, mientras que un puñado de políticos de derecha todavía sienta una suerte de lealtad con él.
Para la coalición de Gobierno, la partida del ex general representa un recordatorio de lo que los llevó a constituírse como tal, algo que no le viene mal en medio de los escándalos de corrupción que la han tenido desorientada en los últimos dos meses. Por otra parte, para la oposición de derecha, la muerte de Pinochet representa una oportunidad de sacudirse de una vez por todas el estigma de haberlo apoyado por tantos años, aún a sabiendas de las flagrantes violaciones a los DD.HH. que su régimen sistemáticamente cometió.
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