Infolatam
Madrid, 5 de septiembre 2006
"Si no hay un cambio en la manera de hacer política, cualquier Asamblea Constituyente que se plantee caerá en saco roto y la política continuará siendo un diálogo de sordos. Como cada dos años después de una elección, habrá otra destitución presidencial (y ya van tres en los últimos diez años). Y vuelta a empezar."
"Las cartas ya están sobre la mesa de la volátil y escurridiza política ecuatoriana. Como cada vez que hay elecciones, el país ingresa en un período de "calma chicha". Los partidos engrasan las maquinarias clientelares, se desempolvan viejos slogans, se repiten las alianzas de antaño, el vocabulario se hace mesiánico y combativo, los enemigos se hacen amigos y los amigos, que hasta ese momento aprobaban leyes juntos, enemigos. Los partidos hacen su juego de cara a las elecciones del próximo 15 de octubre.
Lo curioso es que todo esto no cambiará el cuestionado comportamiento de los partidos y agudizará los crónicos problemas de gobernabilidad. Es como si no se aprendiese de los errores. Si algo ha caracterizado al Ecuador ha sido la inestabilidad, los apoyos minoritarios al Presidente en el Congreso, la extrema fragmentación de éste, la cuasi institucionalización de los camisetazos ?muchos a golpe de billete-, los políticos que se creen "dueños del poder", la ausencia de alianzas programáticas y la escasa capacidad para generar compromisos que alienten la cooperación intrapartidista.
La sopa de letras de las candidaturas presidenciales (unas 12 hasta el momento sobre las 17 presentadas) y la gran cantidad de candidatos al Congreso (unos 612 en 34 listas en Guayas para 18 escaños y unos 252 en 18 listas en Pichincha para 14) indican que el Presidente resultará elegido en segunda vuelta, no tendrá mayoría en el Congreso para impulsar sus políticas y deberá negociar con un legislativo muy fragmentado, con múltiples "bloquecitos", que presionarán para conseguir recursos económicos y clientelares a cambio de apoyo temporal. Es decir, la historia de siempre.
La selección de los candidatos tampoco augura mejores resultados. La crítica al legislativo se agravará, si se tiene en cuenta que muchas listas carecen de personas con experiencia legislativa, repletas de presentadores de televisión, ex reinas de belleza, artistas y deportistas. Y en ese contexto nada menos que el 60% de los votantes se declara indeciso (según la última encuesta de Informe Confidencial) y hay claras manifestaciones desde los medios, plataformas ciudadanas e incluso candidatos a Presidente para que se vote nulo en las elecciones legislativas. El discurso antipartido es un lugar común, incluso desde el interior de los partidos, aunque sea imposible la democracia sin ellos.
Todo esto no es nuevo, es lo que ha ocurrido una y otra vez. Pero a esta altura preocupa que no se entienda la necesidad (y urgencia) de cambiar la manera de hacer política. La solución no está en que "se vayan todos", a golpe de minorías de forajidos o levantamientos populares que encubren golpes de Estado. Si se comprendiera que les sería más rentable (estratégica, electoral y políticamente) cambiar sus comportamientos más que modificar constituciones y leyes, Ecuador sería más gobernable.
La reforma pendiente no es legislativa sino de cultura política e incluso ética, tanto en las élites como en los ciudadanos, quienes tienen que aprender a respetar los tiempos y unas mínimas reglas democráticas. Si no hay un cambio en la manera de hacer política, cualquier Asamblea Constituyente que se plantee caerá en saco roto y la política continuará siendo un diálogo de sordos. Como cada dos años después de una elección, habrá otra destitución presidencial (y ya van tres en los últimos diez años). Y vuelta a empezar."
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