
Infolatam
Santiago, 21 de mayo 2008
(Especial para Infolatam).-
"... Aunque fue anticipado como el anuncio más esperado de este mensaje presidencial, al final Bachelet aparentemente cedió a las presiones de Andrés Velasco y optó por no anunciar la eliminación del 7% de deducción de salud a los pensionados.... El ambiente que rodeó al mensaje presidencial era tan lígubre que hasta los manifestantes callejeros parecían poco entusiasmados. Después de un amago de protesta, el escuálido gentío se dispersó".
La tercera rendición de cuenta anual de la Presidenta Bachelet prontamente caerá en el olvido. Su mensaje a la nación repitió algunas de las promesas incumplidas de su administración. Peor aún, volvió a dejar en evidencia la profunda división entre aquellos en su gobierno que quieren profundizar la política social de mercado que ha caracterizado a las administraciones concertacionistas y aquellos que buscan corregir el modelo para promover un Estado más centrado en la producción que en la regulación. En el día que los chilenos celebran una histórica batalla naval con un feriado obligatorio, Bachelet no fue capaz de satisfacer las ya moderadas expectativas que se habían construido en torno a su tercer informe anual de gobierno. La Presidenta ni siquiera fue capaz de anunciar la eliminación del 7% de deducciones a las pensiones por servicios de salud, una promesa que varios líderes de la Concertación había anticipado como inminente.
La Presidenta Bachelet se tomó más de dos horas para pronunciar un poco ambicioso discurso. De hecho, las ceremonias de conmemoración de la batalla naval de Iquique-ocurrida en la Guerra del Pacífico en 1879-se iniciaron prontamente a las 12.07 horas, cuando Bachelet aún no terminaba su discurso en el Congreso Nacional. Como queriendo satisfacer los deseos de todos sus ministros y de diversos grupos de interés, el discurso consistió en la enumeración de variados programas e iniciativas, algunas de ellas realmente triviales o al menos tan pequeñas y poco ambiciosas que resultan inapropiadas en una rendición de cuentas anual ante la nación.
El letargo de los asistentes ante el prolongado discurso que no escatimó en detalles-y por lo tanto diluyó el efecto de anuncios que podrían haber generado algo de entusiasmo-fue evidente tanto en los rostros de autoridades que bostezaban como en la tardía reacción del público ante el anuncio de 30 mil computadores para escolares. El solitario aplauso de una parlamentaria pareció despertar al resto de los asistentes. Hasta la propia Presidenta miraba continuamente el reloj. Más que preocupación por un discurso cuya longitud ella misma decidió, esas furtivas miradas parecían dejar en claro que ella misma está interesada en que todo este termine pronto.
El desempeño de los participantes en este rito anual fue discreto. Los representantes de la Alianza, la coalición de oposición, criticaron las falencias sin mucho entusiasmo. Golpeada por sus propios problemas, la Alianza parece incapaz de capitalizar electoralmente las debilidades de la Concertación. En las elecciones municipales programadas para octubre, los propios líderes de la Alianza reconocen que probablemente perderán el control de algunas comunas emblemáticas-incluida la municipalidad de la capital, Santiago-y no lograrán convertir el descontento de la gente con la lentitud con que avanza el gobierno en un caudal de votos que anuncie una posible victoria de la oposición en las presidenciales de 2009.
Los representantes de la gobernante coalición Concertación destacaron los numerosos anuncios de promesas a sectores específicos y grupos de interés, pero guardaron silencio ante la ausencia de esperadas iniciativas. En un gobierno que busca quedar bien con Dios y con el Diablo, los ministros trataron de llevar agua a sus deslucidos molinos. El titular del Trabajo, el socialista Osvaldo Andrade, celebraba la intención de establecer obligatoriedad en las cuotas de los trabajadores a los sindicatos. Este anuncio despertó críticas de la oposición y posiblemente se convertirá en un tema contencioso que empeore aún más el complejo clima laboral que existe en Chile. El Ministro de Hacienda, el economista liberal Andrés Velasco, destacaba herramientas con premios a la productividad en educación. La evidente tensión entre un sector, representado por Andrade, que busca rigidizar el mercado laboral y otro sector de gobierno, liderado por Velasco, que busca flexibilizarlo y asociar las mejoras en salarios a aumentos en productividad, son tan evidentes que las contradicciones en el mensaje de gobierno ya no sorprenden a nadie.
Aunque fue anticipado como el anuncio más esperado de este mensaje presidencial, al final Bachelet aparentemente cedió a las presiones de Andrés Velasco y optó por no anunciar la eliminación del 7% de deducción de salud a los pensionados. Las expectativas de este anuncio-que representaría un aumento en el sueldo real de los pensionados-habían sido alimentadas por los propios líderes de la Concertación en semanas recientes.
El ambiente que rodeó al mensaje presidencial era tan lúgubre que hasta los manifestantes callejeros parecían poco entusiasmados. Después de un amago de protesta, el escuálido gentío se dispersó.
Pese al acarreo de invitados y a lo fácil que resultaba conseguir entradas -a diferencia de los dos primeros años, cuando las expectativas sobre lo que podría hacer Bachelet eran mucho mayores- las numerosas butacas vacías en el Congreso Nacional en Valparaíso fueron silenciosa pero contundente evidencia de que ya no se espera mucho más de este gobierno. En su tercera rendición de cuentas ante el país y el Congreso en pleno, la Presidenta Bachelet pareció confirmar lo que ha sido la tónica de su gobierno. Las expectativas, moderadas y tímidas, no lograron verse convertidas en realidades concretas.
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