Reuters/Infolatam
La Habana, 17 de marzo 2008
El Gobierno de Cuba levantó parcialmente una prohibición para que los agricultores compren insumos dentro de la nueva línea marcada por el nuevo presidente Raúl Castro que apuesta a la iniciativa individual para reactivar la deprimida producción de alimentos.
Por primera vez desde la década de 1960 los agricultores van a poder entrar a una tienda y comprar los materiales que precisan para producir más alimentos, dijo a Reuters un experto agrícola. "No parece demasiado, pero es un primer paso muy importante," dijo el experto que pidió no ser identificado.
"Por primera vez todos los insumos no son asignados por el Gobierno central. Es una grieta de mercado en el monopolio y la centralización que, seguramente, se expandirá," añadió. El acceso a las herramientas e insumos estará ligado a la productividad. Los agricultores podrán adquirirlos con dinero retenido desde inicios de este año por el Gobierno, como por ejemplo en el caso de los productores de leche de dos centavos de dólar por litro.
Las empresas estatales que venden en moneda dura han enviado compradores al extranjero para adquirir herramientas, maquinaria pequeña e insumos como material para cercas, fertilizantes y semillas, presumiblemente para venderlos en tiendas de todo el país, dijo el lunes una fuente empresarial.
No quedó inmediatamente claro si los agricultores que reciben ingresos en moneda dura por algunas tareas como, por ejemplo, la limpieza de tierras para uso ganadero, podrán también comprar en las nuevas tiendas. Los insumos serán vendidos en pesos convertibles, la moneda dura cubana 24 veces más fuerte que los pesos con que el Estado paga los salarios.
Raúl Castro, que reemplazó interinamente a su convaleciente hermano Fidel en julio del 2006 y lo sucedió el 24 de febrero en la presidencia, busca reanimar la producción agrícola para poner más comida en la mesa de los cubanos y ahorrar miles de millones de dólares en importaciones. "El país tendrá como prioridad satisfacer las necesidades básicas de la población," dijo en su discurso inaugural, en el que urgió a "eliminar cualquier traba al desarrollo de las fuerzas productivas."
Economistas cubanos han argumentado que el monopolio estatal sobre los insumos y la producción agrícola frena la productividad porque no premia a los mejores ni penaliza a los peores, lo que ofrece pocos estímulos para el desarrollo. En su opinión, son necesarios más mecanismos de mercado en la oferta de materiales, la producción y también la distribución de las cosechas. Agricultores se quejan de que el sistema dominado por el Estado funciona a menudo mal, dejando que cosechas se pudran, al no abastecerlos de insumos como piensos para animales. Dicen que eso resulta en un pobre aprovechamiento de la tierra.
Con las importaciones de alimentos por un valor cercano a los 2.000 millones de dólares en el 2007 y los consumidores disconformes con los precios en los mercados, Raúl Castro ha transformado la producción agrícola en una de sus prioridades. Desde que asumió temporalmente por la enfermedad de su hermano Fidel, el Estado duplicó y en algunos casos triplicó los precios que paga, en pesos cubanos, por algunos productos. En casos agregó como estímulo unos centavos en moneda dura.
A los granjeros y miembros de cooperativas les están ofreciendo más tierras para llegar al máximo permitido por ley y el Gobierno evalúa abrir el sector a inversión extranjera. Cuba tiene unas 250.000 granjas familiares y 1.100 cooperativas privadas que administran menos de una tercera parte de las tierras.
A cambio de insumos que les asigna el Estado, deben cultivar determinados productos o criar cierto tipo de ganado que luego venden al Gobierno a precios fijos. El resto de la tierra es propiedad del Estado, de la cual un 50 por ciento es trabajada por cooperativas que no son dueñas de la tierra y el resto yace ocioso. El sector agrícola representa una isla de propiedad privada en una economía controlada en un 90 por ciento por el Estado.
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