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EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

Cuba ante el 50º aniversario de la revolución

 

Infolatam
Madrid, 30 diciembre 2008


(Especial para Infolatam).- "... Si los gobernantes cubanos fueran honestos deberían reconocer el fracaso de su experimento revolucionario. Pero no pueden hacerlo, no mientras Fidel Castro esté vivo. En realidad Fidel Castro es la Revolución Cubana, es su vivida encarnación. De la forma personalista en que se ha construido la historia nacional desde el 26 de julio de 1953 en adelante será difícil transmitir el testigo del liderazgo y convencer a la sociedad cubana de que hay proyecto socialista para rato.

Se trata de una historia que ya nadie se cree. De momento, con la calculadora en la mano, unos y otros, dentro y fuera de Cuba, especulan con la duración del régimen después de Fidel, con el ritmo de su desmoronamiento, con la intensidad de los cambios. Ahora bien, en prácticamente ninguno de los cálculos, salvo de los sectores castristas más recalcitrantes, está el festejo del 100º Aniversario de la Revolución". 

             Cuba 50 aniversario de la Revolución
                               
 
 
(Ver fotografías en "Museo de la Revolución" (Cuba)

La novelista Wendy Guerra (La Habana, 1970) es una nieta de la Revolución Cubana. Como tantos otros integrantes de su generación sabe que sus padres no participaron en los hechos que desencadenaron la caída del régimen de Batista ni en la construcción de la "sociedad socialista", pero que se pasaron casi toda su vida intentando justificarla. Y si la consecución de los grandes logros prometidos en el frontispicio de la Revolución no llegaban o se retrasaban un año sí y otro también se debía a la acción deletérea del bloqueo y del imperialismo, a las conspiraciones urdidas en las "gusaneras" por el exilio de Miami, a la traición o a la incomprensión de algunos países aliados, o a las grandes dificultades objetivas omnipresentes en la sociedad cubana. Todos eran responsables, menos aquellos a los que sí había que pedir cuentas.

La nomenclatura, comenzando por el líder máximo, Fidel Castro, había dado y seguía dando todo lo humanamente posible, y lo inhumano también, en aras de la Revolución. Si los logros no llegaban era por la falta de incentivos y de valores morales y revolucionarios de los propios ciudadanos cubanos y no por la responsabilidad de sus líderes.
En su novela "Nunca fui Primera Dama", Wendy Guerra pone en boca de la protagonista una serie de preguntas formuladas a su madre "¿Valió la pena vivir esto? ¿Valió la pena renunciar a tanto? ¿Valió la pena, valió la pena?" Si se lee la gloriosa y heroica historia oficial de la Revolución no quedan lugar a dudas, pese a los grandes sacrificios y a todas las penurias, pese a las permanentes renuncias, no sólo de las libertades burguesas o de recompensas materiales.

Sin embargo, si lo que se buscaba desde un principio era el disfrute de una existencia no atormentada ni plagada de heroicidades es evidente que el mantenimiento del "Patria o muerte" implica que muchos de los objetivos de la Revolución han dejado de cumplirse. Al menos, desde los sangrientos hechos de Playa Girón, o Bahía de Cochinos, ocurridos hace 48 años, los escasos beneficios de la Patria han sido para los dirigentes, mientras la muerte, la represión y los sacrificios han sido para los cubanos de a pié y muy especialmente para todos aquellos que no congeniaban con el régimen.

Medio siglo después de la toma del poder por parte de Fidel Castro y los restantes comandantes guerrilleros del M-26, los "barbudos", uno se siente tentado a preguntarse cómo vive Cuba, la sociedad cubana y sus principales dirigentes la mítica cifra del 50º Aniversario. ¿Pueden acaso Fidel Castro, su hermano Raúl y todos los suyos mirarse en el espejo del pasado y no sonrojarse a la vista del espectáculo que tienen a su alrededor? ¿Cómo es posible que una Revolución tan profunda, tan popular y tan exitosa como la cubana haya sido totalmente incapaz de renovar su liderazgo? ¿Cuál será el mensaje los próximos 50 años, si antes no se producen cambios? ¿Seguirá la noria girando en torno a los mismos arcaicos conceptos que siguen machacando las mentes de los niños "pioneros", como el que canta las virtudes del "guerrillero heroico"? Algunos podrían decir que los líderes se mantienen pero las ideas se adaptan a los tiempos. Se trata de una verdad a medias, especialmente cuando se nos recuerda que los valores permanentes de la Revolución no han sido traicionados ni arriadas sus banderas.

Desde una perspectiva semejante, vemos hoy como se ha cedido en una serie de concesiones a la realidad que con los valores de hace cuarenta o treinta años atrás serían totalmente incomprensibles. Sin embargo, como se trataba de romper el aislamiento en que se había sumido a Cuba parece que cualquier cosa vale. De otro modo resulta totalmente incomprensible que, pese a las dificultades, la construcción del "hombre nuevo" no se haya todavía materializado. ¿Es acaso una meta inalcanzable? Y si es así, ¿por qué no se reconoce abiertamente el fracaso? Probablemente porque hacerlo sea una muestra de debilidad, una palabra que ni por asomo debe figurar en el glosario revolucionario.

Así resulta comprensible que Hugo Chávez se haya convertido en una especie de doble de la Revolución, en el más que probable heredero de Fidel Castro, en la persona que enfundada en la bandera roja sea capaz de hablar a las masas desheredadas de América Latina tras su muerte. Sin embargo, si uno intenta pensar en lo que hubieran dicho Fidel Castro o el Che Guevara del presidente venezolano a fines de los años 60 o principios de los 70 del siglo pasado, es más que probable una rotunda descalificación de un líder populista y reformista, sustentada en la profunda desconfianza hacia los militares latinoamericanos.

Pero éste no es el único reto de imagen que afronta la Revolución, especialmente frente a sus propios ciudadanos. Es indudable que todavía, aunque cada vez menos, la Revolución sigue teniendo buena prensa en el exterior, especialmente en América Latina. Allí los logros cubanos, comenzando por la sanidad y la educación, y la numantina resistencia frente a los Estados Unidos siguen siendo valores seguros. Sin embargo, el problema son los propios ciudadanos cubanos, los que no tienen respuesta para sus crecientes demandas sociales, los que no pueden consultar libremente internet, los que se apiñan en infraviviendas, los que viven en ciudades degradadas. Si el impacto destructor de los últimos huracanes y las repercusiones de la crisis internacional en una economía tan cerrada como la cubana son capaces de frenar las reformas que quería poner en marcha Raúl Castro es porque los problemas reales son más profundos de lo que se reconoce.

Si los gobernantes cubanos fueran honestos deberían reconocer el fracaso de su experimento revolucionario. Pero no pueden hacerlo, no mientras Fidel Castro esté vivo. En realidad Fidel Castro es la Revolución Cubana, es su vivida encarnación. De la forma personalista en que se ha construido la historia nacional desde el 26 de julio de 1953 en adelante será difícil transmitir el testigo del liderazgo y convencer a la sociedad cubana de que hay proyecto socialista para rato. Se trata de una historia que ya nadie se cree. De momento, con la calculadora en la mano, unos y otros, dentro y fuera de Cuba, especulan con la duración del régimen después de Fidel, con el ritmo de su desmoronamiento, con la intensidad de los cambios. Ahora bien, en prácticamente ninguno de los cálculos, salvo de los sectores castristas más recalcitrantes, está el festejo del 100º Aniversario de la Revolución.

 
 

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