
Clarín
Buenos Aires, 5 de noviembre de 2007
"...Pareciera claro, mas allá de voluntades e intenciones, que la suerte de uno está casi indisolublemente unida a la del otro. Kirchner no podrá armonizar una fuerza política si Cristina no tiene un éxito siquiera relativo en el Gobierno. A Cristina se le hará compleja la gestión si los vientos de la realidad viran y carece a la par de algún puntal político. Quizás no le sea suficiente sólo con la figura de Kirchner" (Clarín. Argentina)
"Cristina Fernández y Néstor Kirchner tienen más o menos pensado el primer año del Gobierno que vendrá. Lo han venido pensando en este mes de la transición que tuvo un libreto y una coreografía para nada improvisados: hubo tres semanas, posteriores a la votación, que correspondieron casi en plenitud a Cristina; los últimos días mostraron un renacido protagonismo del Presidente en variadas ceremonias del adiós.
El primer año no es un tiempo caprichoso. No lo es, en realidad, para ningún nuevo gobierno del planeta. Un buen inicio de gestión puede condicionar el rumbo futuro e, incluso, ayudar a capear vendavales que siempre llegan. Un mal comienzo suele hacer ariscos los humores colectivos y tornar mas ardua una recuperación posterior. Kirchner y Cristina reparan en dos ejemplos. El propio gobierno kirchnerista, que nació de la crisis y la debilidad, se afianzó con las primeras decisiones, sobre todo en el campo económico, que le permitieron luego modelar el proyecto político. Ese proyecto se amalgamó de tal modo que no pudieron deshacerlo la cantidad de infortunios políticos que soportó el Gobierno el año previo a la elección crucial. Menos pudo la esterilidad opositora. El envión inicial le alcanzó a Kirchner para apartarse sin riesgos de la sucesión y allanarle hasta la cima el camino a Cristina
...Aquel primer año es, en el caso de la Argentina, una necesidad del matrimonio. Una sucesión de tropiezos de Cristina afectaría, de hecho, su Gobierno. Pero afectaría además el plan de Kirchner de edificar algún nuevo partido que pivotee sobre el peronismo. Esa fuerza está en su inmensa mayoría disciplinada porque el Presidente fue un implacable y eficaz conductor. Tan eficaz que, aún con ensayos de laboratorio (la cesión del segundo mandato a su mujer, la senadora), le permite al peronismo seguir encaramado otros cuatro años en el poder.
...Pareciera claro, mas allá de voluntades e intenciones, que la suerte de uno está casi indisolublemente unida a la del otro. Kirchner no podrá armonizar una fuerza política si Cristina no tiene un éxito siquiera relativo en el Gobierno. A Cristina se le hará compleja la gestión si los vientos de la realidad viran y carece a la par de algún puntal político. Quizás no le sea suficiente sólo con la figura de Kirchner.
Tampoco, a priori, la Presidenta electa estaría en aptitud de construir un liderazgo de calidades diferentes a la de su esposo. Por sus venas circula sangre peronista, pero de un peronismo que asocia poco a los rituales y a los sentimientos. Cristina no ignora el desafío que le aguarda desde el próximo lunes: "Mi liderazgo dependerá de que me vaya bien. No hay otra receta. Así también lo construyó Néstor", acostumbra a definir en la intimidad.
La coraza para aguantar aquellos primeros tiempos -seis meses, un año- tiene relación, para ambos, con el orden de la macroeconomía. En ese orden el superávit fiscal ocupa un lugar de privilegio. Ese superávit sigue en ascenso impulsado en gran medida por el consumo. Fue la radiografía que hizo el lunes el titular de la AFIP, Alberto Abad. Pero se añade el aumento a las retenciones del campo y del petróleo y otro añadido que en breve se impondrá a las exportaciones mineras. Martín Redrado, director del Banco Central, recibió instrucciones de fortalecer mas las reservas y Martín Lousteau, el futuro ministro de Economía, de reducir el gasto público.
Con ese resguardo y un contexto internacional que sigue favorable, Cristina y Kirchner piensan afrontar dos difíciles exámenes: la discusión salarial de enero con gremios que -en medio de durísimas internas- piden mas de lo que el Gobierno está dispuesto a conceder y la pulseada para que la inflación no se dispare. El quid de la inflación no tiene que ver solo con los números: también con una confianza popular que fue quebrada por los desmanejos en el INDEC. Esa realidad fue, tal vez, la que impulsó a Cristina a cambiar el concepto amplio de pacto social por otro mas acota do, entendido como acuerdos entre empresas, sindicatos y el Estado...".
Extracto del artículo publicado por el diario Clarín
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