Infolatam
Buenos Aires, 21 de diciembre de 2007
Cristina Kirchner consiguió ayer normalizar las relaciones entre la Iglesia argentina y el kirchnerismo marcadas por graves enfrentamientos durante el gobierno de Néstor Kirchner. La Presidenta cierra así un frente tras un comienzo de gobierno marcado por el desafío de los sindicatos y la colisión con Estados Unidos.
el primer encuentro entre la presidenta Cristina Kirchner y la cúpula del Episcopado, liderada por el cardenal Jorge Bergoglio, duró 40 minutos. El portavoz del Episcopado, el presbítero Jorge Oesterheld, calificó el encuentro como "amable que abre la perspectiva de que, a partir de ahora, se inicie un diálogo fluido y provechoso para el bien común de los argentinos". Desde el ejecutivo aseguraron que "fue una reunión muy buena, importante, profunda". Se trataron temas de educación y de la lucha contra la pobreza.
Néstor Kirchner se negó durante casi toda su gestión a reunirse con Bergoglio, molesto por el contenido de las homilías y los documentos de la Iglesia, así como por las relaciones del cardenal con fuerzas opositoras. Ya durante la campaña electoral, Cristina dio señales de querer reconstruir la relación: hizo pública su oposición al aborto y tampoco aceptó los proyectos que buscan la despenalización parcial.
Según el diario Clarín, el Episcopado "le presentó las inquietudes de la Iglesia", reflejadas en la exhortación pastoral de abril pasado, que con un tono muy duro había planteado la necesidad de construir un país con inclusión social y había reclamado una autonomía real de los poderes del Estado. Ese documento había sido fuertemente rechazado por el presidente Néstor Kirchner. El texto que le llevaron ayer a la Presidenta es el mismo.
La Nación desveló que Bergoglio le dijo a Cristina Kirchner : "Usted va a encontrar muchos escollos en la función". Por eso le regaló una medalla de plata de la virgen Desatanudos, de la que es devoto. "La va a ayudar", le prometió. Cristina Kirchner besó la imagen, agradeció y la guardó. Según publica La Nación, la Presidenta le dijo a Bergoglio que estaba en su casa. "Me van a encontrar siempre", les prometió, en todo un giro de la Casa Rosada hacia la Iglesia.
Kirchner no mantuvo relación con Bergoglio desde 2004 e incluso decidió no asistir a los actos religiosos del 25 de mayo si los oficiaba el cardenal. El primer entredicho fuerte ocurrió en 2005, cuando el Gobierno dispuso el desplazamiento del obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, quien había sugerido, mediante una cita bíblica, "tirar al mar" al por entonces ministro de Salud, Ginés González García, por su postura favorable a la despenalización del aborto.
Meses después Kirchner y la Iglesia se trenzaron en otra discusión después de que el Episcopado denunció el crecimiento en el país de la "desigualdad" y la "marginación". Kirchner acusó entonces a los obispos de tener una "visión sesgada" de la realidad argentina y dijo que estas expresiones parecían "propias de un partido político" más que de la iglesia.
Kirchner también ha señalado a sectores de la Iglesia como cómplices de la represión ilegal ejercida por la última dictadura militar (1976-1983).
Aunque sin aludir directamente al Gobierno de Kirchner, Bergoglio habló de métodos de "persecución" contra la Iglesia, como "la desinformación, la difamación y la calumnia". En junio último, el cardenal primado de Argentina criticó en una homilía a quienes se pasan "maldiciendo el pasado" y azuzando las diferencias, "seguramente para sacar ventaja en el presente y en el futuro". En respuesta, el entonces ministro del Interior, Aníbal Fernández, afirmó que "si a la religión se la utiliza como bandera política, no es la iglesia de Cristo", ya que ésta "es la casa de todos los cristianos".
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