EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

Correa arrollador

 

Infolatam
Madrid, 1 de octubre 2007


(Especial para Infolatam) .- "Más allá de lo obvio, Ecuador carece de las riquezas petroleras venezolanas, quizá todavía sea pronto para ver dónde y cómo terminará la presente experiencia política ecuatoriana. Sin embargo, el discurso nacionalista y estatista de Correa... junto a su vena mesiánica heredada de su fuerte componente católico no permiten esperar nada bueno".

Ecuador votó y votó mayoritariamente por la propuesta impulsada por su presidente Rafael Correa, que obtuvo de este modo una victoria incontestable. Su política social de los primeros meses de gobierno sumada a la denuncia de los políticos corruptos y su participación destacada en la campaña permiten explicar los resultados y el vasto respaldo popular obtenido. Como no contamos con resultados oficiales, ya que éstos no serán hecho públicos por el Tribunal Superior Electoral hasta el martes 9, debemos contentarnos para el análisis con el conteo rápido efectuado por la ONG Participación Ciudadana. Según los mismos, el oficialista (y básicamente correísta) "Acuerdo País" habría obtenido el 61,7% de los votos, que le daría entre 67 y 71 escaños de 130. Por su parte, la oposición, totalmente fragmentada y desarticulada, fue incapaz de cuestionar la hegemonía gubernamental, a tal punto que ninguna opción individual pudo superar el 9% de los votos.

El Partido Sociedad Patriótica (PSP), del ex presidente Lucio Gutiérrez obtuvo el 8,4% y el PRIAN, del Álvaro Noboa, el 6,4%, mientras que las restantes expresiones políticas obtuvieron un caudal de sufragios sensiblemente inferior. De este modo, el presidente Correa tendrá una cómoda mayoría en la Asamblea que le permitirá redactar una Constitución a su imagen y semejanza y sin necesidad de pactar con los grupos más afines. Tomando buena nota del ejemplo de Bolivia, y de la situación de práctico bloqueo en que se encuentra su Constituyente, las autoridades ecuatorianas optaron por poner el listón de la mayoría absoluta, el 51% de los asambleístas, para redactar el nuevo texto legal, en lugar de los tres cuartos establecidos por la normativa boliviana. De este modo es bastante probable que al cabo del plazo de seis meses fijado para redactar la nueva Constitución, con dos más de plazo extraordinario, ésta esté terminada y sin haber encontrado grandes resistencias en su paso legislativo.

Los aplastantes resultados de esta consulta electoral son la muestra palmaria del estado catatónico en que se encuentra la oposición en el Ecuador y la explicación del camino despejado que va encontrando el presidente para implantar su proyecto de "socialismo del siglo XXI". Precisamente, con ese horizonte por meta y con el ánimo de dignificar una vida política corrupta, dependiente de los intereses partidistas y no del sentir popular, es que Rafael Correa decidió impulsar la convocatoria de una Asamblea Constituyente que fuera capaz de sentar las bases de una verdadera refundación del país. Esta refundación se nutre de un espíritu claramente regeneracionista, que mira de forma inequívoca en la dirección de Eloy Alfaro, uno de los grandes héroes ecuatorianos del siglo XIX. Por eso no es casual que el lugar elegido para que sesione la Asamblea, una vez que se constituya a finales de este mes, sea el pueblo natal de Alfaro, Montecristi, en la provincia de Manabí, donde se está construyendo un impresionante edificio, con forma de cóndor, para que sesione la Asamblea.

Pese al discurso oficial acerca de las motivaciones moralizantes que han impulsado la presente convocatoria, lo realmente importante gira en torno a la agenda que se quiera imponer. No se trata únicamente de ver cómo se avanza en la construcción del socialismo del siglo XXI, ni de cómo se va a cambiar la economía capitalista por una "economía solidaria" bajo protagonismo estatal, ni de determinar cuáles serán las formas de propiedad que el nuevo texto legalice, ni del control de los recursos naturales, sino de cuestiones mucho más pedestres, más sencillas, y que están directamente relacionadas con la política y, de forma mucho más específica, con el poder.

Así, habrá que prestar atención a cosas menos trascendentes pero quizá más importantes, como si el presidente podrá disolver al Congreso a la vez que el Congreso pierde su prerrogativa de cesar al presidente, o si se prohíbe a los grandes grupos económicos poseer medios de comunicación, o si se autoriza la reelección sucesiva. En este rumbo, no es casual que el lunes 1, en una comparecencia ante la prensa extranjera, el presidente Correa se haya mostrado partidario no sólo de disolver al Congreso, clara expresión de la partidocracia más corrupta, sino también de convocar elecciones presidenciales una vez aprobada en referéndum la nueva Constitución. De este modo se pone nuevamente a cero el contador del tiempo de su ejercicio de mando y se aprovecha el tirón del buen momento que pasa ante la opinión pública.

Uno de los temas que más está preocupando a los analistas internacionales es si Correa se sumará al bloque liderado por Hugo Chávez y seguirá sus métodos y actitudes. Más allá de lo obvio, Ecuador carece de las riquezas petroleras venezolanas, quizá todavía sea pronto para ver dónde y cómo terminará la presente experiencia política ecuatoriana. Sin embargo, el discurso nacionalista y estatista de Correa (evito utilizar el adjetivo populista y su mención al socialismo del siglo XXI, incluida la preferencia por Heinz Dieterich, el teórico alemán que sustenta el discurso chavista), junto a su vena mesiánica heredada de su fuerte componente católico no permiten esperar nada bueno.

Tras conocer los primeros resultados, que le vaticinaban 80 escaños en la Asamblea, el presidente Correa se mostró contemporizador, aunque de entrada vetó a Lucio Gutiérrez y Álvaro Noboa para formar parte del diálogo que quiere impulsar. Como siempre, el supremo bien de la Patria es lo que guía sus actos: "Dialogaré con gente que quiera sinceramente el bienestar de la patria", aunque por decencia habrá exclusiones. También por decencia se excluirá, con toda probabilidad, el matrimonio de homosexuales. Y si bien no es comandante, ni tan siquiera militar, no pudo evitar una concesión al lenguaje castrense cuando se ufanó, con su impresionante triunfo electoral, de haber ganado la "madre de todas las batallas".

Si hasta ahora el futuro de Ecuador estaba lleno de interrogantes, a partir de este momento las incertidumbres en vez de haberse disipado no harán más que aumentar. La mayor parte de ellas se vinculan al camino, o a los caminos, por lo que se haga marchar al país. Sería deseable que el diálogo y el consenso se impusieran como la forma más efectiva de sentar las bases permanentes de una sociedad y un sistema político sólidos y bien estructurados. Pero ello implicaría, necesariamente, dejar de lado algunas actitudes hegemónicas y el lenguaje confrontacional que ha venido presidiendo la conducta del actual gobierno.

 
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