Milenio
México, 19 de noviembre 2007
"...La invasión del templo se debió al hecho simple de que las campanas hubieran repicado (como lo hacen siempre, en otras y a la misma hora), pero esta vez mientras Andrés Manuel, a quien nadie debe osar interrumpir, predicaba su peculiar evangelio con una rollera "campaña nacional en defensa del petróleo". (Milenio. México)
A"un desde una férrea posición laica, republicana y gratuita (como la que a orgullo mantiene el autor de estas líneas), es imposible no reparar en el muy grave tropiezo que tuvo este domingo Andrés Manuel López Obrador, con la estupidez que protagonizaron casi 200 de sus vándalos que irrumpieron en la Catedral Metropolitana durante la celebración de una misa.
Lo delicado no estriba en que le sea achacable (ni siquiera puede suponerse la remota posibilidad de que fuese una orden suya), sino en que el ex volvió a comportarse como suele hacerlo ante otros atropellos: como si la Virgen le hablara y cerrándose a la suculenta oportunidad de condenar tal acción.
... Y es que quienes acudieron ayer a la Plaza de la Constitución para escuchar su "informe de gobierno" son lopezobradoristas pero no necesariamente perredistas, en su mayoría integrantes (con perdón del cardenal Norberto Rivera) de una feligresía que se la pasa rindiendo culto al (pese a todo) más carismático de la sui géneris "izquierda" nacional.
La invasión del templo se debió al hecho simple de que las campanas hubieran repicado (como lo hacen siempre, en otras y a la misma hora), pero esta vez mientras Andrés Manuel, a quien nadie debe osar interrumpir, predicaba su peculiar evangelio con una rollera "campaña nacional en defensa del petróleo".
Para desgracia del "legítimo", quien convocó a una nueva reunión callejera para el 18 de marzo (aniversario de la expropiación petrolera), este 18 de noviembre se asocia mejor (sin dramatismos pero con ridículo) al 18 Brumario de Luis Bonaparte, aunque, en vez de asaltar el gobierno, la turba "tomó" de manera fugaz el principal recinto religioso después de la Basílica de Guadalupe.
¿Resultado?: el deán Rubén Ávila (quien oficiaba porque el cardenal Norberto Rivera, según afirmó, "no pudo llegar" debido al cierre de calles que generó el mitin de López Obrador), condenó "la profanación" del templo.
Peor: de manera oficial, la Arquidiócesis Primada de México anunció que la Catedral permanecerá cerrada hasta que los gobiernos perredista de Marcelo Ebrard y panista de Felipe Calderón otorguen garantías a los fieles y ministros de culto.
Tanto joder y joder, hasta que con la Iglesia se ha topado."
Extracto del articulo publicado en Milenio. México
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