
Infolatam
Madrid, 25 de febrero 2008
(Especial para Infolatam)
" Tan equivocados están los que no ven nada nuevo como los que sueñan con el desmoronamiento repentino del régimen cubano. Es, como decía el 24 de febrero al diario O Estado de Sao Paulo Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano de Liberación, uno de los disidentes más importantes del interior, "el fin de una etapa y el principio de otra" cuyo final es imposible anticipar.
"Hay espacio para el optimismo", añade Payá, "porque Fidel se ha retirado y porque el pueblo cubano está vibrando por cambios". Nadie mejor que Raúl, que ha recibido más de un millón de propuestas en la movilización nacional de los últimos meses, lo sabe, pero, siendo quien es y viniendo de donde viene, esperar de él algo más que una perestroika tranquila y controlada sería ilusorio.".
Como en todo final de régimen, en Cuba sólo hay tres opciones: continuidad, ruptura o reforma gradual. Aunque los partidarios de la ruptura no lo quieran ver, la elección, el 24 de febrero, de Raúl Castro como nuevo presidente del Consejo de Estado y del Gobierno es una apuesta clara por la reforma gradual, que deberá empezar -de hecho ha empezado ya- por la economía.
La peresroika cubana anunciada por Raúl Castro en su primer discurso presidencial ante la nueva Asamblea se parece mucho a la que puso en marcha Mijail Gorbachov en la Unión Soviética cuando se encontró "un tren descarrilado" (la economía soviética) al ser nombrado secretario general del partido comunista en marzo de 1985.
"Hoy necesitamos una estructura más compacta y funcional, organismos centrales más ágiles, una mejor distribución de funciones, la reducción de reuniones, permisos, conciliaciones, disposiciones, reglamentos, circulares, etcétera, etcétera, etcétera, y ustedes conocen tan bien como yo qué quiere decir etcétera", declaró el hermano de Fidel Castro.
Las primeras medidas se harán efectivas muy pronto y, por los ejemplos concretos que citó -reformas en la producción y distribución de leche en 64 municipios de 13 provincias y privatización en el uso de la tierra en algunas zonas del país-, irán en la dirección de las reformas agrícolas de Deng Xiaoping en China en 1979 y 1980, origen del milagro económico chino de los últimos 27 años.
Cuba las necesita urgentemente, pues cultiva menos de 3 millones de los 6'6 millones de hectáreas cultivables del país y, cuando podría ser autosuficiente, importa más del 80 por ciento de los alimentos que consume por valor de unos 700 millones de dólares, más de un tercio del valor del petróleo (unos 2.000 millones) que recibe anualmente de la Venezuela de Hugo Chávez, cuya relación personal con Raúl, aunque públicamente ninguno de los dos lo reconozcan, es bastante más fría que de la Chávez con Fidel.
Pero no se conformará con eso. Raúl prometió reformas en todos los sectores, incluido el monetario, aunque reconoció, escudándose en un reciente artículo de Fidel, que todo lo relacionado con la moneda deberá ser "prudente y gradual" por tratarse de "cuestiones complejas y sensibles (...) que afectan a los salarios, a los precios minoristas, a las gratuidades y a los millonarios subsidios".
Lo que dijo a continuación, de llevarse a efecto, será una bomba en los estertores de la revolución cubana que, supuestamente, al igual que pretendió Gorbachov con su perestroika, Raúl intenta salvar: "Los subsidios (...) son irracionales e insostenibles". Cualquier capitalista convencido habría suscrito su frase siguiente: "No debe regalarse nada a los que pueden producir y no producen o producen poco".
El nuevo Gobierno tardará en conocerse aún días o semanas, pero en la reforma gradual anunciada Raúl ha preferido contar como número dos en el Consejo de Estado y en el Gobierno, con su brazo derecho y asesor más leal desde Sierra Maestra: el doctor José Ramón Machado. Quienes esperaban cambios en la dirección se han visto defraudados. Carlos Lage y Ricardo Alarcón fueron confirmados, respectivamente, como vicepresidente del Consejo y presidente de la Asamblea.
Al solicitar el voto de los 614 diputados -que concedieron sin rechistar, a mano alzada, en segundos, como buenos comunistas- para poder ´"seguir consultando al líder de la nación, el compañero Fidel Castro, las decisiones de especial trascedencia (defensa, política exterior y desarrollo socioeconómico)", Raúl definió cuál será el rol de Fidel, además del artículo semanal prometido en Granma.
¿Acabará la perestroika de Raúl Castro como la de Mijail Gorbachov o como la de Deng Xaoping? Teniendo en cuenta las enormes diferencias de la realidad cubana con la soviética y china, y las circunstancias geopolíticas de 2008, nada que ver con las de los años ochenta, lo más probable es que se vaya imponiendo un modelo completamente nuevo.
Mientras los EE.UU. mantengan el embargo, el régimen cubano conserva la excusa perfecta para culpar al imperio del norte de todos los males de dentro y ningún sucesor de Bush se atreverá a levantar ese embargo mientras dependa de los cubanos de Miami para ganar Floridad y de Florida para ganar las presidenciales de los EE.UU.. El día que termine esa dependencia, sobre todo si se confirman las reservas de petroleo en el eje Cuba-Florida, la política estadounidense hacia Cuba pasará de Miami a Houston (la capital mundial de la energía) y el embargo será papel mojado.
Tan equivocados están los que no ven nada nuevo como los que sueñan con el desmoronamiento repentino del régimen cubano. Es, como decía el 24 de febrero al diario O Estado de Sao Paulo Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano de Liberación, uno de los disidentes más importantes del interior, "el fin de una etapa y el principio de otra" cuyo final es imposible anticipar. "Hay espacio para el optimismo", añade Payá, "porque Fidel se ha retirado y porque el pueblo cubano está vibrando por cambios". Nadie mejor que Raúl, que ha recibido más de un millón de propuestas en la movilización nacional de los últimos meses, lo sabe, pero, siendo quien es y viniendo de donde viene, esperar de él algo más que una perestroika tranquila y controlada sería ilusorio.
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