ESPECIAL PARA INFOLATAM

Análisis realizado por Javier Couso

Chile, Bolivia y el Mar. La posibilidad de llegar a ?buen puerto'

 
 

Infolatam
Santiago 23 de marzo 2006


El recambio presidencial ocurrido recientemente tanto en Chile como en Bolivia (con la elección de Evo Morales en enero pasado y de Michelle Bachelet hace tres semanas), ha generado esperanzas que se produzca algún progreso en el ya centenario conflicto entre ambos países por el enclaustramiento en que quedó Bolivia como consecuencia de la Guerra del Pacífico (1879-1884).

El recambio presidencial ocurrido recientemente tanto en Chile como en Bolivia (con la elección de Evo Morales en enero pasado y de Michelle Bachelet hace tres semanas), ha generado esperanzas que se produzca algún progreso en el ya centenario conflicto entre ambos países por el enclaustramiento en que quedó Bolivia como consecuencia de la Guerra del Pacífico (1879-1884).

Las expectativas no provienen solamente del hecho de que quienes ocupan los respectivos sillones presidenciales sean dos ?caras nuevas?, sino que también de las impresionantes señales de acercamiento y buena voluntad que ambos gobernantes se han intercambiado en las últimas semanas, a partir del histórico gesto de Evo Morales de asistir a la ceremonia de transmisión del mando presidencial en Chile, un país con el cual Bolivia no tiene siquiera relaciones diplomáticas formales.

Como se sabe, para Bolivia el recuperar una salida al oceano Pacífico representa una aspiración fundamental, al punto de constituir una de las pocas causas genuinamente nacionales en un país por lo demás asolado por la fragmentación étnica y aún geográfica. Esta verdadera ?cruzada? data desde hace unos cien años, ya que desde poco después de verse obligada a firmar el tratado que oficializó la pérdida de su litoral (en 1904), Bolivia no ha cesado de plantear en diversos foros internacionales la injusticia de su aislamiento marítimo.

De hecho, ya en la segunda década del siglo pasado, el país altiplánico ventiló ante la Liga de las Naciones su problema, en la esperanza de que aquel mecanismo multilateral le ayudara a salir de su mediterraneidad.

La respuesta chilena ante los ingentes esfuerzo bolivianos por lograr una salida al mar ha sido siempre la misma: refugiarse en el formalista argumento de que ?no existen cuestiones limítrofes pendientes?, porque hay un tratado a firme sobre el punto.

Esta respuesta --aunque impecable desde el punto de vista formal-- ha demostrado, sin embargo, ser poco realista, ya que ha mantenido pendiente por décadas un conflicto político entre dos países que tienen un gran potencial de colaboración en beneficio mutuo.

Con la inauguración de la administración de Bachelet, y en especial, con la llegada a la cancillería chilena de uno de los políticos más talentosos que hayan ejercido dicho cargo en décadas, Alejandro Foxley, se abre la posibilidad de que de una vez por todas se avance hacia la resolución de este centenario conflicto.

De hecho, las declaraciones del canciller Foxley recomendando a Bolivia no comenzar sus inminentes negociaciones con Chile planteando la ?hipótesis máxima? (fino eufemismo para referirse a una eventual solicitud boliviana de una salida soberana al Pacífico), aunque pudieran parecer descorazonadoras para su contraparte, representan sin embargo una poderosa señal de que la nueva administración chilena no considera absolutamente descartable arribar a la referida ?hipótesis? si las cosas se hacen bien y de manera gradual, dando espacio para la distensión entre ambos países y, sobre todo, para preparar a la población chilena a aceptar la posibilidad de que se ceda territorio a Bolivia.

Por lo dicho, Evo Morales y sus colaboradores harían bien en seguir los consejos de Foxley, ya que una actitud razonable y paciente en esta ronda de negociaciones podría redundar en que la vieja aspiración marítima de Bolivia llegue de una buena vez a ?buen puerto?.

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