
Infolatam
Caracas, 6 de diciembre de 2006
..."Con una oposición unida, que parece haber asimilado bien la derrota y no estará dispuesta a cederle ahora mayores espacios, el destino de Chávez y de su variante criolla de socialismo dependerá, en última instancia, de ese mercado capitalista globalizado al que el presidente tanto parece despreciar".
El resultado final de las elecciones del domingo pasado arrojó el previsible triunfo de Chávez por una cifra que no deja lugar a dudas: el teniente coronel, en la presidencia desde hace ya ocho años, obtuvo algo más de siete millones de votos, lo que representa un 62,9% del total. El candidato opositor, Manuel Rosales, reconoció de inmediato su derrota, lo que ha producido ahora un ambiente de distensión y de calma en el país, luego de las fuertes tensiones vividas durante el proceso electoral.
Los números, que parecen aplastantes, no deben hacernos perder de vista todos los factores que han hecho más abultada la victoria del caudillo populista venezolano: con un padrón electoral fuertemente manipulado, toda la propaganda oficial imaginable y, sobre todo, con una nómina de millones de personas participando en las "misiones" -los programas de ayuda que no representan otra cosa que dádivas directas del gobierno- no puede asombrarnos que el mandatario en funciones haya superado la cota del 60%. Más bien llama la atención que la oposición haya podido recuperar su fuerza, situándose casi en el mismo punto en que estaba cuando Chávez se presentó por primera vez como candidato, en 1998.
Chávez ha tomado este resultado, naturalmente, como un voto a favor de su proclamado "socialismo del siglo XXI". Pero su proyecto, a pesar de la gruesa capa de retórica con que se presenta, no parece alejarse mucho de la forma en que se ha gobernado al país desde hace más de sesenta años. Venezuela, gracias a los altos precios del petróleo, tiene un estado rico, inmensamente poderoso, que se coloca en el centro de la economía nacional y reduce al sector privado a un papel por completo secundario. Desde el estado hay mucho dinero para repartir y esto se hace, sin la menor duda, con claros criterios políticos. Chávez lo ha efectuado de un modo descarado, acomodando las leyes a su antojo, de una manera autoritaria y personalista, lo que marca una distancia obvia con los gobiernos anteriores, pero la esencia del modelo económico no ha variado. Se mantiene un sector privado en la economía y se respetan algunas libertades básicas de los ciudadanos... pero todo sujeto al capricho del gobernante.
El socialismo del siglo XXI capta adhesiones a través del inmenso flujo de dinero que sale de las arcas públicas gracias al control monopólico que el estado tiene de los ingresos petroleros. Existe así un Estado poderoso, contra el que los opositores poco pueden hacer, pero es un Estado que presenta, también una indudable debilidad: depende de los precios del mercado internacional y, cuando estos bajan, se desatan las crisis a las que ya están acostumbrados los venezolanos, y que traen brutales devaluaciones, inflación y profundas recesiones económicas.
Con una oposición unida, que parece haber asimilado bien la derrota y no estará dispuesta a cederle ahora mayores espacios, el destino de Chávez y de su variante criolla de socialismo dependerá, en última instancia, de ese mercado capitalista globalizado al que el presidente tanto parece despreciar.
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