
Infolatam
París, 28 diciembre 2009
(Especial para Infolatam).- "... De las 100 mayores empresas multinacionales emergentes del Boston Consulting Group, 14 son brasileñas. Muchas han apostado por los mercados extranjeros, el caso de Embraer (con casi 98% del total de sus ventas realizadas fuera del país) siendo emblemático, de un país cuyas empresas se han lanzado afuera. Todo ello indica una confianza recobrada, algo que sin duda es una de las principales palancas para convertir las promesas en cumplimientos, algo que Brasil está logrando".
A principios de las década de los 2000, Brasil coqueteó con una crisis de gran calado, estando a punto de suspender pagos de su deuda. En 2002 los mercados financieros se asustaron ante la posibilidad de ver al líder de la izquierda brasileña, Lula, llegar al poder. A finales de esta misma década, Brasil es uno de los mercados financieros y economías emergentes preferidas por los inversores. La magnitud del entusiasmo de los mercados es tal que Brasil tuvo que imponer controles de capitales para intentar enfriar el acoso amoroso de los flujos de capitales. ¿Estamos ante otra burbuja financiera y cognitiva o la eterna promesa brasileña como mercado del futuro ya se está realmente cumpliendo?
Brasil es la mayor economía de la América latina y se ha impuesto en los años 2000 como uno de los principales mercados emergentes, junto a China, India o Rusia. La actual crisis financiera global lejos de dañar la trayectoria brasileña parece haberla consolidado: en el 2009, el país apenas crecerá pero tampoco cerrará el año con recesión según la CEPAL (0,3% de crecimiento del PIB en 2009 en un año cuando casi todos los países de la OCDE estarán en recesión).
En el 2010, según datos de la OCDE, ya debería acercarse a su crecimiento potencial con un crecimiento de 4,7% del PIB (y 5,5% según la CEPAL); mientras las agencias de rating reducían las calificaciones de algunos países OCDE, todas le otorgaron en 2009 el grado de inversión, y, por si fuera poco, Río lograba atraer los Juegos Olímpicos, por primera vez en la historia de América del Sur.
Brasil ya gozó en el pasado democracia consolidada, alto crecimiento y baja inflación, pero jamás se había logrado alinear estas tres estrellas al mismo tiempo, algo que el actual gobierno de Lula logró. Con una población de 192 millones de habitantes posee uno de los mercados de consumo más amplios, sus riquezas naturales, desde las reservas minerales o de hidrocarburos hasta sus impresionantes capacidades agrícolas (en algunas zonas las tierras son tan fértiles que se pueden lograr hasta tres cosechas en un mismo año), son la envidia de muchos vecinos, cercanos y lejanos.
Todos estos factores configuran uno de los mayores potenciales de las economías emergentes, un potencial que las diferentes administraciones Cardoso y ahora Lula han sabido no sólo cuidar, sino también hacer realidad, a través de políticas económicas pragmáticas y consistentes, afinadas año tras año, como en el no tan lejano Chile, que se acaba de incorporar a la OCDE, reconociéndose así la calidad de sus reformas a los largo de las décadas pasadas.
Prueba si fuera necesario de los cambios de tiempos, en 2009, Brasil se permitió el lujo de prestar por primera vez dinero al Fondo Monetario Internacional, algo apenas imaginable a principios de esta misma década. Mientras la inversión directa en el mundo se desplomaba un 14% en el 2008, Brasil veía los inversores precipitarse, la inversión directa extranjera aumentando un 30% con respecto al año anterior. Así en 2008, el país recibía un récord de 45 mil millones de dólares de inversiones, convirtiendo la economía carioca en el segundo mayor destino de inversiones directas del mundo de los emergentes, justo por detrás de China. En el 2006, por primera vez en los últimos cincuenta años de sus historia, el crecimiento del PIB superó la inflación.
Cierto, quedan muchos retos y recorridos por delante para Brasil. En el ámbito comercial, si bien diversificó de manera impresionante sus exportaciones, logrando alcanzar nuevos mercados en Medio Oriente y en Asia, la economía brasileña sigue siendo relativamente cerrada, el comercio apenas alcanzando 25% del PIB en 2008, algo menos que hace unos sesenta años atrás. Los tipos de intereses reales siguen siendo unos de los más altos del mundo, la tasa de interés nominal a finales del 2009 alcanzando 8,75%. El gobierno brasileño ha conseguido mejorar sustancialmente el perfil de sus deuda, pero si quiere bonos a largo plazo tiene en general que vincularlos a la inflación, convirtiendo el servicio de sus deuda en algo más caro que lo usual.
La productividad del país está rezagada, el sistema judicial es disfuncional y el educativo muy perfectible. La inversión en investigación y desarrollo está por debajo de los países OCDE y depende al 55% del gobierno, mientras una economía como Corea del Sur, en 1960 más pobre que Brasil y hoy en día con una población que apenas alcanza un cuarto de la brasileña, registra cada año 30 veces más patentes que Brasil. Todos estos retos el gobierno los está sin embargo encarando, empezando por el de la reducción de la pobreza y de las desigualdades, algo que los gobiernos brasileños han afrontado con voluntarismo e imaginación, vía programas solidarios tipo Bolsa Familia.
El auge brasileño es una buena noticia para las empresas del país como para las extranjeras que apostaron por él. Así, la reciente introducción en Bolsa de la filial del banco Santander en Brasil, la mayor realizada este año, convierte este capitalización bursátil en una comparable a la totalidad del banco alemán Deutsche Bank. El éxito de la bolsa brasileña en 2009 fue tal que tanto las autoridades como economistas e instituciones extranjeras se preocuparon de una nueva burbuja. Para frenar en parte la apreciación del Real, el gobierno introdujo incluso una tasa de 2% en octubre 2009 para desincentivar las entradas masivas de capitales a corto plazo, algo implementado en su día, en otros contextos y con otras características, por Chile en 1991.
Prueba del nuevo auge brasileño, el país puede ahora lucirse de empresas realmente convertidas en multinacionales globales. Gerdau y CSN, en el sector del acero, Vale, en el de la minería, o Petrobras, en el del petróleo, son algunas de ellas. A éstas se le pueden sumar algunas más como Embraer, hoy en día compitiendo con la canadiense Bombardier y la francesa Dassault, en un segmento altamente tecnológico.
La fusión de Perdigao y Sadia dará lugar pronto a otro gigante, Brasil Foods, en el sector agro-industrial, sumándose este gigante a otra multinacional brasileña global, JBS-Friboi, una de las mayores empresas agro-industriales del mundo. Las constructoras y empresas de ingeniería Odebrecht y Camargo Corrêa compiten hoy en día prácticamente en todos los continentes, incluso África y Medio Oriente. En el sector de los cosméticos Natura también se hizo un hueco global, mientras el conglomerado industrial Votorantim o empresas textiles como Coteminas alargan la lista (incompleta) de estas empresas brasileños exitosas.
En la última lista de las 100 mayores empresas multinacionales emergentes del Boston Consulting Group, 14 son brasileñas. Muchas han apostado por los mercados extranjeros, el caso de Embraer (con casi 98% del total de sus ventas realizadas fuera del país) siendo emblemático, de un país cuyas empresas se han lanzado afuera. Todo ello indica una confianza recobrada, algo que sin duda es una de las principales palancas para convertir las promesas en cumplimientos, algo que Brasil está logrando.
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