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Sao Paulo, 23 de julio de 2007
Un fallo en los rádares volvió a provocar ayer un caos aéreo en Brasil. Lula busca calmar el malestar de las clases medias con anuncios como el de privatización parcial del servicio aéreo para mejorar este servicio público.
Lula enfrenta estos días el profundo malestar de las clases medias que fueron quienes le abuchearon en la inauguración de los Juegos Panamericanos de hace una semana y quienes encabezan las denuncias tras la tragedia aérea de Sao Paulo del pasado jueves que se cobró 200 muertos. Familiares de las víctimas protestaron el sábado contra el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, frente al lugar del siniestro. Portando banderas de Brasil, flores y pancartas, los manifestantes aplaudieron el trabajo de los bomberos, rezaron por sus seres queridos y gritaron proclamas contra el caos aéreo que se arrastra en el país desde hace diez meses.
Para muchos analistas, estos sucesos indican un divorcio entre el Presidente y las clases medias, que son las que podían permitirse pagar la entrada al estadio de Maracaná en la inauguración de los Juegos Panamericanos y que son las que utilizan los aviones como medio de transporte. El gobierno Lula logra un fuerte apoyo de los sectores populares gracias al programa asistencial Bolsa Familia pero las clases medias se han ido alejando del ejecutivo y reclaman una mejora en los servicios públicos que ofrece el Estado.
El sábado el malestar aumentó cuando gran parte del sistema de control de vuelos de Brasil quedó sin comunicación ni radares, pocas horas después de que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva hubiera afirmado en un mensaje a la nación que el sistema aéreo del país era seguro. El fallo de un radar en una región del Amazonas provocó retrasos en el 45% de los vuelos programados y decenas de cancelaciones.
El viernes, Lula anunció que impulsará la construcción de un nuevo aeropuerto en Sao Paulo para descongestionar el tráfico aéreo del de Congonhas donde ocurrió la tragedia. Lula, por el momento, no ha tomado la decisión de destituir al ministro de Defensa a quien se achaca la responsabilidad de lo ocurrido, ya que el 90% de los controladores de vuelo son militares. Entre las medidas anunciadas por Lula destacan también la modernización del tráfico aéreo del país para disminuir los riesgos en los vuelos.
Otro de los hombres cuestionados es el asesor especial de la Presidencia, Marco Aurelio García, quien al saber que el avión tenía un desperfecto, lo cual quitaría responsabilidad al gobierno, hizo un gesto vulgar. García fue grabado por el canal TV Globo. Lula se limitó a pedir a su asesor que pidiera disculpas, como así lo hizo poco después. De todas formas, desde los medios de comunicación y desde los familiares se continuaba pidiendo su dimisión como asesor presidencial.
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