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EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

Bolivia: límites de la democracia plebiscitaria

 

Infolatam
La Paz, 3 de febrero de 2008


(Especial para Infolatam).- "...Morales pensaba que si el método plebiscitario le dio los muy buenos resultados de agosto, sólo tenía que insistir en él para llegar a la cima. Pero en lugar de eso se ha confirmado que, puesto que la unanimidad es imposible, la política debe ser algo más que el ejercicio de la seducción multitudinaria. Las elecciones seguirán repitiendo la misma correlación de fuerzas (60-40%) mientras no se haga algo para cambiarla en el terreno de la política “de verdad”.

Evo Morales


Hoy ese “algo” significa la aplicación de una filosofía constitucional a la cual se opone el 40% de la población a una infinidad de nuevas leyes, varias de ellas vitales. Morales debe hacerlo de una forma lo bastante inteligente como para no recrear la crisis que sacudió al país los últimos años"

 

Hace cuatro meses, luego del referendo revocatorio que Evo Morales ganó con el 67 por ciento de los votos, las condiciones de resolución de la crisis boliviana parecían dadas. El gobierno echaba de sus cargos a dos prefectos adversarios, arrestaba a otro acusándolo del asesinato de más de una decena de campesinos, desarmaba sin réplica las protestas de las regiones opositoras y, al cabo, convocaba a un nuevo referendo para aprobar la Constitución estatista que tenía preparada.

Paradójicamente, hoy la situación ha empeorado. La Constitución ha sido aprobada con el 61 por ciento de los votos, pero al mismo tiempo los sectores en conflicto parecen haberse afianzado. Aunque el gobierno aún tiene las mejores cartas en sus manos, podría decirse que ha perdido una buena oportunidad de ganar la partida (en la medida en que esto sea posible).

¿La razón? En el referendo revocatorio imperó la lógica clasista, la oposición entre “ricos” y “pobres”, y esto permitió a Evo Morales obtener un importantísimo respaldo en las regiones que tradicionalmente se enfrentan contra La Paz y ahora son las más firmes opositoras a su gobierno, pero en las cuales se han producido cambios demográficos favorables a la izquierda. Los cientos de miles de inmigrantes occidentales e indígenas que viven en las tierras bajas del país votaron por él, haciendo posible que alcanzara cifras inéditas en Santa Cruz (40%) y en el resto de los departamentos del oriente: Beni (43%), Tarija (50%) y Pando (52%).

Se trata de unos resultados que ahora el oficialismo recuerda con nostalgia. En la última contienda obtuvo una menor cantidad de votos en todas partes. Perdió su mayoría en Pando, su empate en Tarija y disminuyó su poder en Santa Cruz y el Beni. Esta vez las cifras no expresaron únicamente la lucha de clases sino también el conflicto regional que divide al país y es uno de los factores de su historia desde su fundación en 1825.

Si la estabilización del gobierno de Morales en agosto del año pasado probó que La Paz sigue siendo el principal poder territorial de Bolivia, la victoria hace unos días del “No a la Constitución” en cuatro regiones del sur y el este confirmó que tal poder debe actuar todavía en un contexto heterogéneo y competitivo, tensionado por los intereses contradictorios de las élites.

El cambio en el asunto dominante entre una y otra elección se debió a la diferente naturaleza de éstas. En agosto se trataba de definir la continuidad o la suspensión del proceso político redistribuidor que había comenzado Morales en 2006. Y una mayoría muy clara se pronunció por no regresar al pasado. Ahora, en cambio, la principal cuestión fue el grado de autonomía del que gozarían las regiones respecto del gobierno central. No es extraño, entonces, que el regionalismo hubiera vuelto a emerger, esta vez bajo la forma de una oposición al centralismo de hecho (y a la descentralización retórica) de la nueva Constitución.

Morales, gran impulsor de la democracia plebiscitaria, es decir, del estilo de gobernar mediante una constante apelación a las urnas, se topó así con los límites de este método, como ya lo hizo el año pasado su colega Hugo Chávez. Las masas pueden ser útiles una, dos y más veces, pero no toda la vida. La reacción de los electores no siempre es controlable.

Pero además, y ésta es una deficiencia más seria, el fenómeno electoral no es capaz de resolverlo todo.

Las tantas convocatorias a la población a pronunciarse, por ejemplo, no han acabado con la división regionalista de Bolivia. Morales pensaba que si el método plebiscitario le dio los muy buenos resultados de agosto, sólo tenía que insistir en él para llegar a la cima. Pero en lugar de eso se ha confirmado que, puesto que la unanimidad es imposible, la política debe ser algo más que el ejercicio de la seducción multitudinaria. Las elecciones seguirán repitiendo la misma correlación de fuerzas (60-40%) mientras no se haga algo para cambiarla en el terreno de la política “de verdad”.

Hoy ese “algo” significa la aplicación de una filosofía constitucional a la cual se opone el 40% de la población a una infinidad de nuevas leyes, varias de ellas vitales. Morales debe hacerlo de una forma lo bastante inteligente como para no recrear la crisis que sacudió al país los últimos años.

Aunque, siendo realistas, lo más probable es que continúe apegado a su método plebiscitario y, por tanto, mantenga los asuntos nacionales más o menos pendientes de los siguientes comicios, que serán en diciembre (elecciones presidenciales). Y, luego, de las elecciones regionales de abril de 2010. Y luego… Así Bolivia seguirá trastabillando de elección en elección, tras la vana esperanza de que los votantes logren lo que las élites y los políticos no.

 
 

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