Banco Mundial
29 de mayo 2007
El crecimiento económico de América Latina y el Caribe fue robusto y aumentó del 4,7 en 2005 al 5,6% en 2006, el tercer año de crecimiento sólido en la región. Durante los últimos tres años, el ritmo de aumento del PIB regional duplicó con creces el que se registró durante los seis años anteriores.
Acontecimientos recientes
El crecimiento económico de América Latina y el Caribe fue robusto y aumentó del 4,7 en 2005 al 5,6% en 2006, el tercer año de crecimiento sólido en la región.
Durante los últimos tres años, el ritmo de aumento del PIB regional duplicó con creces el que se registró durante los seis años anteriores. El crecimiento se desaceleró sólo en seis países y se aceleró en el resto. En 2006, el producto se expandió un 3,5%, o más, en 22 de las 27 economías de la región.
Muchos países se han beneficiado del aumento de los precios de los productos básicos, que propició un alza en los ingresos de exportación y contribuyó a elevar los ingresos así como el gasto interno y las importaciones. La inversión en capital fijo, que aumentó a tasas de dos dígitos, y el rápido crecimiento del consumo privado fueron los factores preponderantes en la aceleración del producto.
Tras un comienzo lento en 2006, el PIB de Brasil se aceleró en el segundo semestre del año en respuesta a una distensión de la política monetaria y un aumento del estímulo fiscal. Utilizando la metodología revisada de la oficina nacional de estadística, el PIB aumentó 3,7%, a un ritmo más rápido que el crecimiento del 2,9% registrado en 2005, y la aceleración se concentró en las actividades industriales y mineras.
Las tasas de interés real están disminuyendo y actualmente son inferiores al 9%. Este nivel, que aún es elevado, provocó una valorización del real y contribuyó a que la inflación disminuyera del 5,7% en 2003 al 3,1% en 2006, la tasa más baja desde la adopción en 1999 del régimen de fijación de metas explícitas de inflación.
La inflación mensual repuntó hacia el final del año y durante el primer trimestre de 2007, a causa, en parte, de un alza en los precios regulados. No obstante, la mayoría de los analistas coinciden en que la tendencia a la baja de la inflación persistirá en el futuro próximo.
El PIB de México se aceleró marcadamente y aumentó del 2,8% en 2005 al 4,8% en 2006, a medida que las tasas de interés más bajas impulsaban la demanda interna y la actividad en el sector de la construcción. El aumento de las exportaciones de automóviles a Estados Unidos y las exportaciones de petróleo también contribuyeron al repunte del crecimiento.
En Argentina, mientras que el ritmo de crecimiento disminuyó levemente, la demanda interna sigue siendo muy robusta y el PIB se expandió un 8,5%, cifra ésta que supera ampliamente su potencial. La inflación en el país, que había llegado al 12,3% hacia fines de 2005, disminuyó al 9,1% en marzo de 2007 con ayuda de medidas que establecieron precios fijos.
Los altísimos precios de los productos básicos siguen respaldando el crecimiento en el resto de los países de América Latina. El PIB de la República Bolivariana de Venezuela se expandió a un ritmo insostenible del 10,3% en 2006, impulsado por el aumento de las transferencias del gobierno. A pesar de los controles de precios, la inflación se aceleró aún más y llegó al 18,5% en marzo de 2007.
La caída en la producción de petróleo y el escaso crecimiento de la inversión, desalentada por los altos impuestos y regalías y las políticas contrarias a la libre empresa, se tradujeron, pese a la fuerte demanda, en una disminución del 4,9% en la producción industrial durante el período de 12 meses que finalizó en febrero de 2007.
En Colombia, la demanda interna también está creciendo rápidamente y la inflación repuntó hasta llegar al 5,8% en marzo de 2007. En consecuencia, durante los primeros meses del año el banco central ha incrementado dos veces las tasas de interés y ha llevado al 8% su tasa de referencia.
En Chile, la suspensión del trabajo en las minas, el debilitamiento del auge de las inversiones y el aumento de las importaciones contribuyeron más de dos puntos porcentuales a la desaceleración de la economía a pesar del alza en los precios del cobre.
En respuesta a la disminución del crecimiento, las autoridades redujeron las tasas de interés por primera vez en tres años y se observan algunas señales de que la demanda y la actividad internas están mejorando.
En la mayoría de los países de América Central y el Caribe, el crecimiento se aceleró en 2006, impulsado por el robusto consumo privado y las inversiones. El sector de la construcción contribuyó en gran medida al incremento de la actividad a raíz de que la región se sigue recuperando tras los daños causados por la tormenta tropical Stan.
A diferencia de la mayor parte de la región, Nicaragua ha registrado una baja tasa de crecimiento debido a que la escasez de lluvias constituyó un obstáculo para el sector agrícola y redujo el ingreso de divisas. A pesar de que se esperaba una aceleración del crecimiento tras la implementación del Tratado de Libre Comercio de Centroamérica-Estados Unidos-República Dominicana, es improbable que se registren grandes avances en el futuro próximo.
Los miembros que han ratificado el tratado (el tema todavía se está debatiendo en el congreso de Costa Rica) siguen perdiendo participación en el mercado de sus exportaciones de maquila a China, mientras que Guatemala y El Salvador afrontan un aumento de la competencia de exportadores regionales con bajos salarios, entre ellos Honduras y Nicaragua.
Aunque los ingresos del turismo y la minería han sido elevados, el crecimiento del volumen de las exportaciones en la República Dominicana y Jamaica ha sido decepcionante. En otros países, el gran volumen de remesas ha compensado el deterioro de la balanza comercial.
Si bien algunos países, especialmente Guatemala, han adoptado una postura fiscal y monetaria menos restrictiva, otros, como Costa Rica, han aprovechado el sólido crecimiento del sector privado para incrementar los ingresos tributarios y reducir considerablemente el volumen del déficit fiscal.
Si bien la turbulencia financiera de mayo de 2006 afectó a las monedas de varios países, algunos de los ajustes que se practicaron fueron correcciones necesarias y otros fueron efímeros. También se realizó una corrección importante en los mercados de valores.
La capacidad de reacción de los países de la región ante esta crisis y la crisis menor de febrero de 2007 es consecuencia de las mejores políticas fiscales y monetarias así como del menor nivel de endeudamiento.
Con algunas excepciones notables, la inflación registra una tendencia a la baja en la región a pesar de la reactivación cíclica. Asimismo, durante la fase ascendente y las elecciones recientes la política fiscal ha sido menos expansionista que en el pasado.
Nuevas estimaciones del PIB de Brasil
El 21 de marzo de 2007, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística publicó una revisión del valor nominal y real del PIB de Brasil entre 1995 y 2005. La noticia digna de mención es que la economía del país fue, en 2005, 10,9% mayor de lo que se pensaba previamente y su tasa de crecimiento desde el año 2000 ha aumentado de una tasa media anual del 2,6% al 3,0%.
Estas revisiones se basan más que las anteriores en encuestas anuales que realizan un muestreo de las actividades económicas de las empresas y los hogares. A raíz de estas mediciones más adecuadas, se produjeron dos cambios importantes: a) en el nuevo año base de 2000, el valor agregado de los servicios como porcentaje del valor agregado total aumentó 10 puntos porcentuales (del 56% al 66%); b) en el extremo de la demanda, el consumo privado de los hogares también aumentó, del 60,9% al 63% del PIB total.
La contribución de las inversiones al PIB disminuyó del 19,3% al 16,8%, debido a un cambio en su estructura, ya que la maquinaria y el equipo estaban subvalorados y la construcción estaba sobrevalorada.
Los flujos netos de capital
Los flujos netos de capital destinados a la región aumentaron levemente de US$65.000 millones en 2005 a US$68.000 millones en 2006, pero fueron muy inferiores al nivel de US$110.000 millones alcanzado en 1998. Los flujos netos de capital como porcentaje del PIB disminuyeron del 2,8% al 2,5%, lo que representó menos de la mitad del nivel del 5,5% del PIB registrado durante los últimos años del decenio de 1990.
Los flujos netos privados (deuda y capital) disminuyeron US$3.400 millones en 2006: las entradas netas de capital ascendieron a US$80.500 millones, cifra ésta que es considerablemente superior a las entradas netas de deuda privada que ascendieron a US$12.300 millones. El ritmo al que los países de la región reembolsaron la deuda existente con los acreedores oficiales disminuyó y, consiguientemente, las salidas netas de capital de la región se redujeron de US$31.200 millones en 2005 a US$24.600 millones en 2006.
Las salidas en 2006 se debieron principalmente a los grandes reembolsos anticipados realizados en forma voluntaria por Argentina (US$9.600 millones) y Uruguay (US$2.500 millones) al Fondo Monetario Internacional (FMI), y por México (US$2.500 millones) al Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.
La afluencia neta de inversión extranjera directa (IED) se mantuvo invariable en US$70.000 millones en 2006, pero disminuyó del 3,0% al 2,5% del PIB.
El aumento del financiamiento bancario neto -de cero en 2005 a US$17.400 millones en 2006- obedeció totalmente a un préstamo puente por el valor sin precedentes de US$17.600 millones, que la compañía minera brasileña Compania Vale do Rio Doce (CVRD) contrajo para adquirir la compañía minera canadiense Inco.
Las grandes recompras de deuda soberana realizadas por Brasil (US$15.000 millones), México (US$5.400 millones), Venezuela (US$4.600 millones) y Colombia (US$4.300 millones) en 2006 redujeron el costo medio del capital para estos países y mejoraron considerablemente su perfil de servicio de la deuda.
Los bonos Brady, que en una época respaldaron la clase de activos de mercados emergentes, han sido rescatados casi totalmente pues el valor de los que quedan en circulación es inferior a US$6.000.
A pesar de estas mejoras y puesto que en las estadísticas de la deuda externa no se registran las ventas de los bonos emitidos en los mercados internos de deuda que son comprados por extranjeros, es probable que el grado en que los países dependen del capital extranjero haya disminuido en menor medida.
También son dignos de mención otros dos sucesos: la acumulación de reservas y la rápida expansión de las entradas de remesas. Estas últimas respaldaron el gasto en importaciones, especialmente en los países de América Central y el Caribe.
Panorama a mediano plazo
Según las estimaciones, el PIB regional crecerá a un ritmo más moderado y disminuirá del 5,6% en 2006 al 4,8% en 2007 y al 3,9% en 2009. No obstante, esta desaceleración del crecimiento regional obedece a un retorno a tasas de crecimiento más sostenibles en Argentina y la República Bolivariana de Venezuela, tras un repunte del crecimiento en el período posterior a la crisis.
Sin incluir a estos dos países, se prevé que la expansión en el resto de la región se mantendrá relativamente estable en un nivel del 4,1% durante el período comprendido por las proyecciones, y sólo disminuirá 0,6 puntos porcentuales respecto del nivel de 2006.
Las perspectivas de cada país obedecen a varias influencias que se compensan entre sí. La desaceleración prevista de la actividad mundial debería moderar la demanda de productos básicos, lo que generaría una leve disminución en sus precios y un aumento más lento del volumen.
En consecuencia, el crecimiento de los países exportadores de productos básicos será más moderado, pero sus ingresos de exportación seguirán siendo elevados desde una perspectiva histórica. Se prevé que el crecimiento del PIB en los países exportadores de productos básicos agrícolas se desacelerará del 7,7% en 2006 al 5,2 en 2008.
Pese a la disminución de los precios de los metales, el crecimiento de los países exportadores de estos productos básicos debería repuntar debido, principalmente, a la adopción de políticas monetarias expansionistas en Chile y Brasil.
Aunque se prevé una baja en los precios del petróleo, las proyecciones señalan que el crecimiento de los pequeños países importadores de petróleo (sin incluir a Brasil y Chile) se reducirá del 7,1% en 2006 al 4,5% en 2009 debido a la menor demanda de Estados Unidos y el aumento más lento de las inversiones en los países de América Central y el Caribe.
Es muy probable que las tendencias positivas que se han observado recientemente en Brasil -disminución del desempleo, creación de empleos en el sector formal, recuperación de los ingresos reales y aumento de la capacidad productiva- sigan sustentando la actividad económica en los próximos meses.
Si bien todavía es posible distender un poco más la política monetaria, el banco central ha reducido el ritmo de avance en ese sentido (durante las últimas reuniones, se redujo la tasa objetivo SELIC en 25 centésimos de punto porcentual, mientras que al principio del presente ciclo de distensión la disminución ascendió a 50 centésimos de punto porcentual).
Además, el gobierno reelecto recientemente puso en marcha un plan de aceleración del crecimiento cuyo elemento central es un programa de inversiones por valor de US$240.000 millones, equivalente al 27% del PIB de 2006, que se llevará a cabo durante el período 2007-10. Estos factores respaldarán un sólido crecimiento del PIB que rondará el 4,1% durante el período comprendido por las proyecciones.
Se prevé que la baja en los precios del petróleo y la menor contribución del gasto público disminuyan el ritmo de crecimiento de la demanda interna en la República Bolivariana de Venezuela, lo que generará una desaceleración importante del crecimiento del PIB, que pasará del 10,3% en 2006 al 6,5% en 2007 y a cerca del 3% en los dos años siguientes.
Si bien esta disminución debería evitar un mayor deterioro del saldo en cuenta corriente y reduciría las presiones inflacionarias, se prevé que la inflación seguirá siendo elevada hasta que la oferta interna alcance los niveles de la demanda.
Según las proyecciones, el crecimiento del PIB en otros países exportadores de energía disminuirá del 6,2% en 2006 a alrededor del 4,4% en 2008. En el caso de México, el ciclo previsto en Estados Unidos reducirá el crecimiento de las exportaciones y, según las proyecciones, ocasionará una disminución de 1,3 puntos porcentuales en el PIB, que ascendería al 3,5% en 2007, para luego aumentar con un poco más de firmeza en el período 2008-09.
En Argentina, se prevé que la desaceleración sea más gradual. El crecimiento de la producción industrial ha sido robusto en los últimos tiempos, lo que ha atraído flujos de capital adicionales que han respaldado la fuerte demanda interna. En consecuencia, se prevé que el país seguirá creciendo con firmeza en 2007 (7,5%).
La política macroeconómica deberá ser más austera a fin de compaginar el crecimiento con el producto potencial a mediano plazo, ya que la persistencia de una política expansionista intensifica el riesgo de que sea necesario desacelerar el crecimiento de una manera más abrupta para restablecer el equilibrio entre la demanda y la oferta.
Riesgos e incertidumbres
Una de las grandes incertidumbres en lo que respecta a la región es la que se refiere a la futura trayectoria de los precios de los productos básicos y la demanda de exportación, ya que en ambos casos es probable que sea susceptible a la evolución del crecimiento en los Estados Unidos.
Si la recesión en el sector de la vivienda se propagara con más fuerza a otros sectores de la economía de Estados Unidos, sus consecuencias serían graves para los países de América Latina y el Caribe cuyos vínculos comerciales con ese país son muy estrechos, particularmente México.
Los canales indirectos también podrían ser importantes. Especialmente, una marcada declinación de la demanda de Estados Unidos podría ocasionar que los precios de los productos básicos disminuyeran con mucha más rapidez que la prevista en el marco de referencia.
La combinación de menor demanda y precios más bajos para las exportaciones de los países de la región podría generar graves dificultades a algunos países, donde el auge de los productos básicos durante los últimos años puede haber ocultado la existencia de problemas subyacentes.
En general, la región ha adquirido, durante los últimos años, una mayor capacidad de reacción ante las crisis externas y la mayoría de los países han adoptado medidas para reestructurar y reducir la carga de la deuda así como para crear amplias reservas internacionales.
En el caso de muchos países la acumulación de reservas estuvo respaldada no sólo por las recientes condiciones favorables en los mercados financieros sino también por la mayor competitividad y las posiciones más fuertes en la cuenta corriente.
Estos factores, en combinación con un mayor porcentaje de IED en los flujos de capital, han reducido la vulnerabilidad de la región a las reversiones repentinas de estos flujos.
La caída en los mercados de valores de fines de febrero de 2007, que comenzó en China y se extendió rápidamente a otros mercados (el mercado de Brasil cayó 6,6%, el de Rusia 3,3%, el de Turquía 4,5% y el índice medio Dow Jones de valores industriales registró una baja de alrededor del 3%), no tuvo efectos negativos perdurables en la rentabilidad de los bonos soberanos (el índice de la rentabilidad de los bonos de mercados emergentes aumentó hasta llegar a alrededor de 195 centésimos de punto porcentual, pero a partir de entonces se ha nivelado en 190 centésimos de punto porcentual, un nivel históricamente bajo para este índice).
Varios países de América Latina y el Caribe también han adoptado un conjunto de políticas que podrían reducir significativamente su potencial de crecimiento a largo plazo y tendrían el efecto de aumentar la probabilidad de que se produzca una súbita perturbación del crecimiento si el actual círculo virtuoso de sólido crecimiento externo, precios elevados para las exportaciones y bajas tasas de interés se convirtiera en un círculo vicioso caracterizado por la declinación de los precios de los productos básicos, el aumento de las tasas de interés y la disminución de la demanda.
Puesto que el entorno externo se está endureciendo y dado que aún persisten tensiones internas, los mercados podrían tornarse más volátiles en el futuro, como quedó demostrado con los recientes aumentos del índice de volatilidad (VIX), una medida para las predicciones de los inversionistas sobre el riesgo y una señal de aversión al riesgo.
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