
Infolatam
Santiago, 7 de julio de 2008
(Especial para Infolatam).-
"....Piñera, en todo caso, sabe que no puede cantar victoria todavía. Mientras la Concertación no defina su candidato, cosa que con suerte podría hacer en los últimos meses de este año, las encuestas seguirán entregando datos que están distorsionados porque es un hecho que la elección se decidirá por un pequeño margen de votos.
Para triunfar, Piñera necesita romper la matriz política de centroizquierda que tiene la sociedad chilena. Y para hacerlo, no basta con que el gobierno y la Concertación hagan las cosas mal. También es necesario que él y la Alianza den garantía de poder hacerlas mejor".
Este mes entró en vigencia en Chile la reforma previsional. Aprobada por amplia mayoría en el parlamento, la iniciativa fue un compromiso de campaña de la presidenta Bachelet y es el eje del programa de protección social anunciado por su gobierno. La reforma fue estudiada por una comisión técnica representativa de todo el arco político y en sus efectos más inmediato establece una pensión asistencial mínima para los chilenos mayores de 65 años del orden de unos 120 dólares al mes, hayan o no hayan hecho cotizaciones a la seguridad social. Como la pensión es individual, muchos hogares la percibirán por partida doble y desde mediados de julio del próximo año el mínimo subirá a 150 dólares. La idea es que de aquí al 2012 el Estado haga un aporte especial a los fondos provisionales de todos quienes cobren pensiones inferiores a 500 dólares al mes.
Aunque la reforma también establece varias otras disposiciones para ampliar la cobertura del sistema y hacerlo más competitivo, existe acuerdo en que las nuevas pensiones mínimas significarán una ayuda muy importante para los ancianos que son parte del 40% más pobre del país. Si bien en Chile las brechas de desigualdad son más profundas entre los niños que entre los viejos, el grupo de los ancianos sin previsión corresponde a uno de los más duros bolsones de pobreza en la sociedad chilena.
Nadie sabe muy bien qué efectos políticos tendrá esta masiva expansión de la red social del Estado. Pero, cualesquiera sean éstos, la reforma es vista como un compromiso significativo con los estratos más débiles y un tributo a la solidaridad.
Hasta ahora, la reforma previsional es la gran realización de Michelle Bachelet y será seguramente el principal de sus legados. El actual gobierno está en la segunda mitad de su mandato y hasta ahora ha tenido un desempeño más bien pobre en términos de gestión, de políticas públicas y de iniciativas modernizadoras. Pero su reforma previsional perdurará y está garantizada por las holguras de la caja fiscal. A raíz del alza del precio del cobre, el estado chileno ha acumulado más excedentes que en cualquier otro momento de su historia.
En condiciones normales, una red asistencialista de estos alcances aseguraría dividendos electorales más o menos obvios e inmediatos tanto al gobierno como a la coalición de partidos que lo apoyan. El problema es que la administración se ha desprestigiado en sucesivos episodios de incompetencia y corrupción y que el bloque de partidos oficialistas, la Concertación, acusa síntomas de desgaste y conflictos internos poco auspiciosos. En las próximas elecciones municipales de octubre, la Concertación llevará por primera vez listas separadas de candidatos a concejales y, si es que el ex presidente Lagos no consigue ordenar a los partidos en torno a su postulación, es posible que a la elección presidencial del año próximo la coalición lleve dos abanderados en primera vuelta.
Lo curioso es que mientras la Concertación languidece y el gobierno no mejora sus niveles de aprobación en las encuestas, la Alianza opositora tampoco logra capitalizar este desgaste. Los partidos opositores –la UDI y RN- inspiran en realidad muy poca simpatía ciudadana, aunque Sebastián Piñera, el candidato que la centroderecha quiere poner en La Moneda, sigue teniendo una enorme ventaja en los sondeos de opinión.
Piñera, en todo caso, sabe que no puede cantar victoria todavía. Mientras la Concertación no defina su candidato, cosa que con suerte podría hacer en los últimos meses de este año, las encuestas seguirán entregando datos que están distorsionados porque es un hecho que la elección se decidirá por un pequeño margen de votos. Para triunfar, Piñera necesita romper la matriz política de centroizquierda que tiene la sociedad chilena. Y para hacerlo, no basta con que el gobierno y la Concertación hagan las cosas mal. También es necesario que él y la Alianza den garantía de poder hacerlas mejor.
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