ESPECIAL PARA INFOLATAM

Análisis realizado por Fernando Molina

Autonomía: un tropezón estratégico de Santa Cruz

 
 

Infolatam
La Paz, julio 2007


(Especial para Infolatam) .- "...Las ideas que están detrás de estas propuestas también son autoritarias, porque ponen a unos bolivianos legalmente por encima de otros, y entonces impiden que éstos últimos aspiren a valer lo mismo que los primeros; los condenan por ley a la subordinación. Y son ideas, en última instancia, racistas".

Santa Cruz recordó el primer aniversario del referéndum que dijo "sí" a la autonomía de este departamento oriental, el más próspero de Bolivia. Los actos de conmemoración reafirmaron el proyecto autonómico, que por un lado lleva a un nuevo nivel la vieja aspiración cruceña de autogobernarse, y por el otro constituye una suerte de antídoto en contra de las enfermedades sociales del país. 

Simultáneamente, tensionaron todavía más la relación entre los cruceños y el gobierno del presidente Evo Morales, que ya se encontraba en el grado de la condena moral y el enfrentamiento de palabras. En la ocasión, las autoridades departamentales hicieron conocer un proyecto de estatuto autonómico, es decir, de la que sería la norma básica en caso de que la Asamblea Constituyente admitiera el resultado del citado referéndum y concediera, dentro de la nueva Constitución, autonomía de tipo español a Santa Cruz.

El proyecto no es el único que existe y por supuesto no constituye un documento final. Además, señala expresamente que el Departamento se subordinará a la Constitución que será aprobada en los próximos meses. Sin embargo, el carácter temerario de algunas de sus cláusulas ha bastado para estimular la susceptibilidad del occidente boliviano, que ya desde antes veía los aprestos cruceños como una expresión de egoísmo regional, como un gesto inamistoso contra las "tierras altas", históricamente las más pobres y pobladas del país, así como las más levantiscas por su fuerte composición indígena. Y sedes seculares de los poderes públicos.

Lo más saliente del proyecto de estatuto es la conversión del gentilicio "cruceño" en una categoría jurídica, que solo podrían adquirir quienes nazcan en Santa Cruz o residan en este departamento de una forma administrativamente aceptada (es decir, por quienes alcancen una "residencia administrativa"). Esta condición no existe actualmente, lo que permite suponer que una vez implantada habría que acceder a ella por medio de un trámite de registro. Al mismo tiempo, el proyecto concede al gobierno de Santa Cruz que se formará a partir de la autonomía la atribución de "regular los flujos migratorios" interdepartamentales.

La combinación de ambos asertos llevó a varios líderes de opinión a pensar que Santa Cruz quiere limitar, por medios políticos, el acceso de los demás bolivianos a sus riquezas naturales, así como a hacer una vida allí. Deseo que, por supuesto, de ser real, tendría una serie de implicaciones ideológicas. En primer lugar, sugeriría la proclamación de una identidad colectiva distinta a la boliviana ("la nacionalidad cruceña", dice el documento del que estamos hablando), identidad que habría que poseer para poder gozar plenamente de las ventajas de una parte del territorio nacional.

Esto, por supuesto, menguaría la soberanía del Estado nacional. En segundo término, indicaría una cierta inclinación a mantener la "pureza" de la comunidad original, amenazada por los inmigrantes, tendencia que en el mejor de los casos sería autoritaria (ya que supondría la imposición de una idiosincrasia regional con exclusión de las otras), y en el peor, racista (ya que jerarquizaría los distintos biotipos que existen en el país).  Como se ve, en caso de aplicarse, este estatuto no precautelaría los derechos de las minorías que quisieran residir en Santa Cruz sin declarase "cruceñas", bajo el amparo de la ciudadanía boliviana. La norma podría a Santa Cruz a funcionar como un Estado nacional (gobernado, además, por nacionalistas).

Es decir, se trata de un proyecto parecido o, mejor, simétrico al que defienden en la Asamblea Constituyente los indianistas y el partido de gobierno: "Autonomías indígenas" que conceden derechos políticos especiales a los indígenas, transformándolos así en una parcialidad boliviana privilegiada respecto de las otras. Las ideas que están detrás de estas propuestas también son autoritarias, porque ponen a unos bolivianos legalmente por encima de otros, y entonces impiden que éstos últimos aspiren a valer lo mismo que los primeros; los condenan por ley a la subordinación. Y son ideas, en última instancia, racistas.

Con el proyecto estatutario nos pareció por un momento, a los bolivianos, estar enfrentados a un monstruo de dos cabezas. Nos pareció que desde el oriente y el occidente se responsabilizaba de la pobreza y las desgracias del país a los otros, y se suponía que un régimen político capaz de anular a esos otros, de sacar de la vista a los que son distintos, era la panacea para resolver todos los problemas nacionales. Pues bien, en realidad no es para tanto. La verdad es que, como me dijo en una conversación telefónica Juan Carlos Urenda, el más respectado teórico de la autonomía cruceña, el proyecto de estatuto no es más que una voz entre otras, representa algunas visiones, pero de ninguna forma constituye la posición oficial de este Departamento, la cual todavía debe discutirse y con seguridad será planteada en otros términos.

A pesar de ello, el daño está hecho. La susceptibilidad occidental resultó estimulada y esto fue aprovechado por el gobierno del presidente Morales para desprestigiar el proceso autonomista que impulsa Santa Cruz. Curiosamente, para hacerlo los portavoces gubernamentales emplearon el argumento de la primacía de lo nacional sobre los particularismos, el cual perfectamente podría usarse en contra de la propuesta oficialista de autonomías indígenas.

Al presentar públicamente un documento insuficientemente meditado, los dirigentes cruceños han desencadenado un proceso que al final del quitó influencia sobre la opinión pública nacional, incluso sobre la que estaba ya inclinada a su favor. Como dice la ex diputada cochabambina Erika Brockmann, "cuando creíamos que los cruceños ya actuaban pensando en todo el país, como élites nacionales, nos salen con esto".  El proyecto de estatuto fue un error estratégico que ha dado aire a los enemigos de las autonomías departamentales.

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