
Madrid, 3 de septiembre de 2008
(Especial para Infolatam)
"... Las compañías chinas están invirtiendo en Asia y en todo el continente africano, al igual que las de India o de Brasil. América Latina no sólo está en la mira de las empresas chinas, sino que además interesa a empresas indias, coreanas o inversores del Medio Oriente.
En otras palabras, la conexión entre América Latina y Asia podría ser la tendencia más promisoria de este siglo e ilustrar uno de los mayores cambios que registra la economía mundial: lo que llamábamos el Centro (los países de la OCDE), es cada vez menos el centro del comercio y de las corrientes de capital mundiales, en tanto que la Periferia (los países emergentes) es cada vez menos la periferia"
El capitalismo internacional está experimentando un cambio de gran alcance. A nivel empresarial estamos presenciado el auge de nuevos actores procedentes de los países emergentes. Al igual que lo ocurrido con el medallero de los Juegos Olímpicos de Beijing, las empresas chinas ya están arrebatando a las estadounidenses los primeros puestos en los escalafones de las mayores empresas del mundo por capitalización bursátil. Sobre todo, y más allá de China, estamos viviendo el auge de un nuevo mapa empresarial en el cual las empresas de los países OCDE dejaron de ser les únicos inversores internacionales.
Hace apenas treinta años, 100% de la inversión extranjera directa procedía de estos países; hoy en día es menos de 80%. El surgimiento en la última década de nuevas multinacionales en Rusia, Brasil, India, China, Sudáfrica, Turquía, Corea del Sur o México, está así transformando a economías tradicionalmente receptores de capital extranjero en importantes inversionistas en el exterior. América latina también es parte de esta tendencia. La región sigue siendo una receptora importante de capital. De hecho, en 2007, registró más de 100.000 millones de dólares en entradas de inversión extranjera directa (IED), la cifra más alta de en su historia. Al mismo tiempo, países como Brasil y México vivieron un auge de sus propias corrientes de inversión directa en el exterior, que en algunos casos superaron las entradas de capital extranjero.
El surgimiento de multinacionales latinas, que compiten ahora con los conglomerados más grandes del mundo desarrollado en cuanto a su poderío fabril y financiero, es de hecho el tema central de un artículo – “La emergencia de las multilatinas” – que hemos publicado en la Revista de la CEPAL, en agosto del 2008.
Cierto, las multinacionales de los países emergentes aún son relativamente pequeñas comparadas con sus pares de la OCDE, tienen un alcance geográfico más limitado, pero ya suman la cuarta parte del total de multinacionales importantes del mundo. Si bien los países emergentes de Asia dominan este fenómeno de inversiones en el exterior (en el 2005 generaban más del 60% de la IED de las economías emergentes), América Latina también se muestra dinámica. Según cifras de la CEPAL, en el 2007 la inversión directa de Brasil en el exterior alcanzó a cerca de 7.000 millones de dólares y la de México a casi 5.000 millones. A estas se sumaron otras empresas de la región, en particular las chilenas también activas fuera de su país de origen.
Esta emergencia de las multinacionales latinas no es nueva. De cierto modo, en los años noventa, las multinacionales españolas fueron las primeras multilatinas ya que América Latina se convirtió en el principal mercado emergente para las grandes empresas de España y ahora este país es el mayor inversionista extranjero en la región, por delante de Estados Unidos. Su expansión -primero en Europa y luego en América Latina- recibió impulso de factores como la integración europea y la privatización y desregulación del sector servicios en América Latina. En tanto, las causas que hoy explican la internacionalización de las empresas latinoamericanas y de sus contrapartes asiáticas son la necesidad de superar los límites de los mercados internos y la dinámica del mercado de recursos naturales para los exportadores.
Las multilatinas emergentes más grandes son mexicanas y brasileñas: 85 de las 100 empresas de primera línea de la región y 35 de las 50 más rentables son originarias de estos dos países. Las fuerzas tras esta nueva ola de internacionalización radica en la mayor presión competitiva en los mercados internos y la atracción para expandir y diversificar las ventas; los mercados y las bases de producción, y, sobre todo, la dimensión financiera: todas estas empresas registraron aumentos de su capitalización de mercado y de su capacidad para acceder a los mercados de capital locales e internacionales a menores costos. En los años 2000, el factor decisivo, tal y como argumentamos, para todas estas empresas ha sido la reducción del costo del capital para todas ellas.
También hay factores estructurales que impulsaron esta expansión, como el espectacular surgimiento de tecnologías de telecomunicaciones baratas y la introducción de reformas macroeconómicas que mejoraron el perfil de los países emergentes. A esto se sumó un ambiente financiero internacional favorable. Las compañías brasileñas, mexicanas, indias y chinas tienen elementos en común que explican su auge. Todas provienen de países grandes de veloz crecimiento, capaces de dar soporte a grandes empresas nacionales. Todas disponen de recursos de bajo costo, como la mano de obra o los productos básicos. Y todas crecieron en entornos locales difíciles y se sobrepusieron a la falta de capacidad de gestión, a marcos jurídicos y financieros muy inestables, y a sistemas logísticos e infraestructurales deficientes en sus países de origen.
Más allá de todos estos factores, también podemos destacar otra tendencia importante: la creciente conexión Sur-Sur. Los flujos comerciales entre los países emergentes se están disparando: en el 2007, pro primera vez en la historia, el comercio entre las principales economías emergentes superó al comercio entre los países emergentes y los países OCDE. Las compañías chinas están invirtiendo en Asia y en todo el continente africano, al igual que las de India o de Brasil. América Latina no sólo está en la mira de las empresas chinas, sino que además interesa a empresas indias, coreanas o inversores del Medio Oriente.
En otras palabras, la conexión entre América Latina y Asia podría ser la tendencia más promisoria de este siglo e ilustrar uno de los mayores cambios que registra la economía mundial: lo que llamábamos el Centro (los países de la OCDE), es cada vez menos el centro del comercio y de las corrientes de capital mundiales, en tanto que la Periferia (los países emergentes) es cada vez menos la periferia.
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