Política      

Argentina: Kirchner es tres veces más popular que cuando llegó a la Presidencia


Nestor Kirchner

Infolatam
Buenos Aires, 9 de diciembre 2007


Tras cuatro años pilotando el timón de Argentina, Néstor Kirchner deja la presidencia con un índice de popularidad inédito en la reciente historia argentina, en torno al 60/65 por ciento.

Y eso, a pesar de que en las elecciones de 2003 el ex presidente Carlos Ménem, que había ganado la primera vuelta con un 24 por ciento de los votos, le robó la posibilidad del espaldarazo de las urnas al renunciar a la segunda vuelta, con lo que Kirchner fue proclamado presidente con el respaldo de menos de la cuarta parte de los argentinos.

"Me tocó ser presidente votado solamente por el 22,7 por ciento de los ciudadanos, pero la tasa de desempleo era del 27 por ciento, es decir que era más alta la tasa de desempleo que los votos que obtuve", definía Kirchner a principios de este año, en la inauguración del período de sesiones del Parlamento.

La cita del paro era exagerada, pero lo cierto es que en el tercer trimestre de 2003, cuando se celebraron las anteriores presidenciales, el desempleo era del 18 por ciento y hoy está en el 8. Esta es una de las muchas estadísticas que han mejorado durante la gestión polémica por poco ortodoxa, excesivamente populista y a veces con toques autoritarios y provocadores de este descendiente de suizos originario de la provincia patagónica de Santa Cruz, el sur profundo argentino. Uno de los logros de los que mas orgulloso está es en la lucha contra la pobreza, que durante su presidencia cayó a la mitad -del 47 al 23 por ciento-, mientras que los indigentes, 20 de cada cien argentinos al comenzar de su mandato, son hoy el 8 por ciento.

El salario mínimo pasó de 200 a 980 pesos (70 y 313 dólares al cambio de 2003 y al actual, respectivamente), un incremento del 380 por ciento, y las pensiones mínimas subieron de 150 a casi 600 pesos. También el PIB ha crecido a un ritmo superior al ocho por ciento anual, un 35,5 por ciento en el cuatrienio presidencial de Kirchner, lo cual se nota en las calles, en los comercios y restaurantes, en las ventas de autos y propiedades, en el consumo desenfrenado.

Pero, en lo que a la economía se refiere, los momentos estelares de su gestión fueron la liquidación de la deuda que el país mantenía con el FMI y la reestructuración de deuda externa por 81.836 millones de dólares, con una quita del 65,4 por ciento, aceptada por más de las tres cuartas partes de los acreedores.

Eso, más el imparable crecimiento de las reservas y un constante superávit fiscal, frutos tanto de una política impositiva más estricta como de las subidas de las retenciones a las exportaciones. Cierto es que el arquitecto de esta política económica fue el primer ministro de Economía de Kirchner, Roberto Lavagna, "heredado" de su predecesor, Eduardo Duhalde, pero el ex gobernador patagónico supo mantener el rumbo de la economía tras su salida, hace ya casi dos años.

En el último año se han disparado los ataques contra la credibilidad de los datos del Instituto Oficial de Estadísticas, especialmente los referidos a la inflación, cuya realidad podria ser tres veces superior a lo reconocido oficialmente. El Gobierno no ha conseguido domeñarla pese a intentar imponer férreos controles sobre los precios.

Más allá del descontento de algunos inversores extranjeros, que siguen reclamando mayor seguridad jurídica en Argentina, el gobierno de Kirchner se ha caracterizado por la defensa de los derechos humanos, presionando para conseguir la revocación de las leyes de punto final y obediencia debida.

En su haber, Kirchner tiene también haber fortalecido la institución presidencial en Argentina, muy devaluada tras los excesos de los años de Ménem y la debilidad de Fernandez de la Rúa y la sucesión de presidentes que siguieron, algunos ejerciendo menos de 24 horas. Pero tanto como ha fortalecido la figura del Presidente, ha debilitado la de la oposición, totalmente desarbolada y sin alternativa que presentar; su Frente para la Victoria, amalgama de peronistas, radicales e independientes, lo que él denomina "transversalidad", ha hecho irrelevantes los dos grandes partidos tradicionales, el peronismo del que provienen Kichner y su esposa y el radicalismo adscrito a la Internacional socialista.

En su debe, toda una retahíla de enfrentamientos, algunos innecesarios y otros fruto de su impaciencia y escasa predisposición al protocolo, con la Iglesia, el campo, los industriales, la prensa, las multinacionales. Uno de los momentos más sonados de su presidencia fue cuando pidió el boicot contra la petrolera Shell.

Kirchner abandona la presidencia en uno de sus puntos más altos de popularidad, y pone fin a veinte años ininterrumpidos en posiciones de poder: alcalde de Río Gallegos durante cuatro años, gobernador de Santa Cruz durante doce y presidente argentino el último cuatrienio.

A partir del lunes, pasará a ser el consorte de la presidenta, la sucesora que él mismo eligió y que, en la imaginación popular, podría ser su predecesora en un hipotético futuro mandato presidencial a partir de 2011.

 
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