Los casos de corrupción, la crisis energética y la subida de la inflación no han mermado el apoyo a Cristina Kirchner
Infolatam
Buenos Aires, 25 de octubre de 2007
Ayer concluyó en Argentina la campaña electoral con menos emoción desde la reinstauración de la democracia en1983. Cristina Kirchner se ha centrado en darse a conocer internacionalmente y ha eludido las polémicas internas. La oposición dividida y con poco arrastre electoral ha denunciado los casos de corrupción, la inseguridad, la crisis energética y la espiral inflacionaria que vive el país. Las elecciones presidenciales se celebran este domingo.
Como en su momento señaló el analista del diario Clarín, Eduardo Van der Kooy "Cristina Fernández no está haciendo una campaña de candidata. Parece comportarse, más bien, como presidenta electa". La estrategia de campaña de Cristina Kirchner ha sido clara: mantener alejada a la candidata de los escándalos y de los problemas y eludir los enfrentamientos.
Cristina Fernández, que cierra mañana su campaña electoral con vistas a las elecciones presidenciales de este domingo 28, ha estado ausente de las polémicas, territorio monopolizado por Néstor Kirchner. Su marido ha sido el encargado de atacar a los anteriores gobiernos de Carlos Menem y su modelo "neoliberal" o a Fernando de la Rúa: "no tengo la culpa que aquellos que tenían la responsabilidad de gobernar, en algunos casos se hayan ido antes, lo hayan llenado de pobreza, nos hayan avergonzado con la corrupción o hayan hecho pactos de Olivos vergonzantes a espaldas del pueblo".
Lejos del mundanal ruido de la campaña, el objetivo del "kirchnerismo" ha sido situar internacionalmente a Cristina, dándole visibilidad exterior y creándole una imagen. De ahí sus viajes a España en julio, a Estados Unidos en septiembre o a Brasil en octubre para verse con personajes de la talla del Rey Juan Carlos, Bill Clinton o Lula.
Desde el lanzamiento de su candidatura presidencial, Cristina Fernández alzó la bandera del "diálogo social" entre trabajadores y empresarios como eje en torno al cual ha pivotado su campaña. Ha sido su principal propuesta, entendido ese pacto social como "un acuerdo institucionalizado es lo que va a garantizar la novedad del cambio, seguir en una misma dirección evitando los cimbronazos que este país tuvo por décadas". En realidad, Cristina ha jugado con la idea de continuidad dentro del cambio que ella representa.
Además, Cristina Kirchner ha contado con el apoyo institucional. Con la mira puesta en las elecciones, desde mediados de año el gobierno adoptó una serie de iniciativas de carácter social para beneficiar a los sectores de menores recursos y a mejorar los ingresos de la clase media. El "paquete" de medidas aumentó el poder adquisitivo de los jubilados y asalariados: subió las jubilaciones, en un 12,5% el salario mínimo e incrementó en un 40% de las asignaciones familiares.
Otro de los aspectos que ha caracterizado la campaña de Cristina Kirchner ha sido el de mostrarse cercana a los empresarios, incluso comprensiva, muy lejos del gesto y las palabras adustas de su esposo. La candidata ha hecho hincapié en que será una futura presidente confiable, prometiendo a Wall Street previsibilidad económica y responsabilidad fiscal.
Cristina Kirchner buscó resaltar el atractivo económico de su país, prometiendo oportunidades de negocios con palabras como estas: "señores, la Argentina es una muy buena oportunidad de negocios" o "para nosotros, la rentabilidad no es un pecado, pero también creemos que esa rentabilidad tiene que llegar al conjunto de la sociedad".
También subrayó en varias ocasiones que "nadie puede gastar más de lo que le entra", anticipando un ajuste fiscal para 2008, tras el aumento del gasto público durante la campaña electoral. Esto se complementará con superávit comercial y el impulso a las inversiones: "no creo que sólo la solvencia fiscal y un tipo de cambio competitivo sean suficientes para el crecimiento".
En la otra vereda, la oposición no consiguió formar un frente unido (fracasaron las negociaciones entre Elisa Carrió y Ricardo López Murphy) ni controlar la agenda: Carrió incidió en sus ataques a la corrupción y en su apuesta por una regeneración moral republicana. Roberto Lavagna denunció la política económica del gobierno sobre todo en lo referente a la inflación. Ambos son los candidatos opositores con más apoyo en las encuestas aunque ninguno supera el 20%.
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