
Infolatam
Nueva York, 3 de junio 2007
(Especial para Infolatam).- La fortuita combinación de una crisis en el suministro de gas de Argentina a Chile con una bien planificada gira oficial de la Presidenta Bachelet a países europeos puso en el tapete el principal desafío de política exterior de uno de los países más globalizados de América latina.
Mientras Chile es celebrado y respetado en el mundo, las relaciones vecinales de esta económica y políticamente estable nación demuestran que es más fácil ganarse amigos lejanos que cultivar el respeto y las buenas relaciones con los vecinos inmediatos.
La Presidenta Bachelet emprendió una gira a Noruega, Finlandia y Suiza para promover el concepto de desarrollo sustentable y exitoso de países afines (like-minded countries). En su gira, Bachelet quería tanto demostrar cuál es la estrategia de desarrollo de largo plazo de su país como aprender de las experiencias de países que se desarrollaron aprovechando sus recursos naturales y privilegiando la estabilidad política y el consenso. Porque es la primera mujer presidenta de Chile y porque representa a un país que ha destacado por su desarrollo económico y estabilidad política, Bachelet fue recibida con entusiasmo por las principales autoridades de los países que visitó. Aunque sus niveles de aprobación tambaleen dentro de su país, Bachelet sigue gozando de una enorme legitimidad internacional.
Pero la popularidad de su país y su gobierno disminuye notoriamente mientras más cerca se encuentran los vecinos. En el continente, los mejores amigos de Chile son México, Brasil y crecientemente Uruguay. Ninguno de ellos comparte fronteras con Chile. Los países limítrofes tienen relaciones mucho menos cordiales y a menudo bastante más complejas.
El mejor ejemplo de lo difícil que ha resultado para Chile cultivar una buena relación con sus vecinos es la ausencia de relaciones a nivel de embajador que tiene ese país con Bolivia. Si bien es comprensible que la Guerra del Pacífico de 1879-donde Chile le arrebató a Bolivia el acceso al Océano Pacífico-haya dejado heridas, es inconcebible que un país que se precie de globalizado no trabaje más para mejor las relaciones con sus vecinos.
La pro-activa política chilena de promover acuerdos de libre comercio con otros países parece no ser aplicable a Bolivia. Pero los beneficios de una relación más cercana, estable y fluida con Bolivia serían sustancialmente mejores a los que vaya a obtener Chile con la gran mayoría de los países del mundo.
Mientras realizaba su gira por Europa, Bachelet se enteró que el gobierno argentino había cortado los envíos de gas natural a Chile. Después de varios años de insuficiente inversión, control de precios y aumento del consumo de gas en Argentina, la demanda en ese país ha superado la oferta y disponibilidad de gas. Por eso, los gaseoductos que proveían de energía limpia a Chile fueron cerrados por 48 horas. La reacción del gobierno de Chile fue ambigua.
Mientras por un lado el Ministerio de Relaciones Exteriores parecía más interesado en la gira de la presidenta por Europa, los principales líderes del oficialista Partido Socialista habían viajado a Buenos Aires para realizar gestiones ante la senadora Cristina Kirchner, esposa del mandatario argentino. Al final, el gas volvió, pero las dudas sobre la coherencia y efectividad de la política chilena hacia sus vecinos se profundizaron. Nadie sabe muy bien cuál es la posición oficial de Chile respecto a posibles futuros cortes de gas. La presidenta pareció sugerir que apoyaba tanto la posición de Relaciones
Exteriores de no seguir intentando negociar con Argentina así como la iniciativa del Partido Socialista de negociar directamente con el ejecutivo argentino. Para empeorar más la situación, esta crisis de suministro de gas inevitablemente hace mirar hacia Bolivia. El país altiplánico tiene gigantescas reservas de gas natural.
De hecho, Argentina satisface sus necesidades importando gas boliviano. Pero Chile no puede acceder a ese gas boliviano. Porque Bolivia mantiene su reclamo por recuperar acceso soberano al Océano Pacífico, resulta improbable que Santiago y La Paz se pongan de acuerdo para comerciar gas natural. Al final, las economías de ambos países (y también la relación de Chile con Argentina) terminan dañadas.
La crisis de suministro del gas desde Argentina a Chile ha obligado al gobierno a repensar sus prioridades de política exterior. Si bien es esencial acercarse a países que lograron exitosamente realizar el salto hacia el desarrollo, la primera prioridad debería ser buscar formas para lograr que los problemas y desafíos que presenta la relación con los países vecinos se conviertan en oportunidades que permitan el desarrollo económico de Chile y los países limítrofes. De lo contrario, de poco le servirá a Chile tener amigos en el resto del mundo si no logra consensuar con sus vecinos más directos acuerdos que faciliten el desarrollo económico sostenible.
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