
Infolatam
Paris, 14 abril 2009
(Especial para Infolatam).- "...Godot y Mr. Marshall son importantes, pero con el crecimiento regional muy previsiblemente por debajo del 1% en 2009... más vale aplicarse en casa antes que esperar soluciones ajenas.
Lamentablemente, no todos los países latinoamericanos se encuentran en la misma situación y con el mismo margen de maniobra. Chile, Brasil o México pero también Colombia o Perú, por mencionar algunos, sí han conseguido dotarse de capacidades de respuesta y no esperar eternamente a Godot".
En Esperando a Godot, la célebre pieza teatral de Samuel Beckett, los vagabundos Vladimir Estragón esperan en vano a un misterioso personaje que nunca llega, pero en el que aventuramos ciertas connotaciones de divinidad. Bienvenido Mr. Marshall, cumbre del cine de los cincuenta, guarda similitudes con la obra de Beckett: un pueblo español, Villar del Río, se prepara por todo lo alto para recibir a un comité norteamericano que trae la tan deseada ayuda económica y social del Plan Marshall a la España de postguerra. En la entrañable cinta de Berlanga, Godot sí tiene nombre-Estados Unidos de América-y hace su aparación, pero sólo para pasar de largo sin detenerse en el pueblo.
La recuperación pasa por hacer los deberes en casa
Poner demasiadas expectativas en el exterior puede ser peligroso, si bien vivimos en un mundo global en el que los mercados financieros están irremediablemente conectados y la recuperación del ritmo de crecimiento y generación de riqueza de las economías latinoamericanas pasa por la reactivación en los países de la OCDE, en especial en la locomotora estadounidense. Ciertamente, las bonanzas en los socios comericales y financieros suponen una oportunidad-exportar más, recibir más flujos de capital e inversión-al igual que las crisis externas no dejan a nuestras economías al margen, como ilustra perfectamente la dramática situación actual, originada en las economías de la OCDE. Pero la recuperación pasa por hacer los deberes en casa, independientemente de que Godot aparezca al final de la obra teatral o de que los dólares de Mr. Marshall vuelvan a fluir hacia el sur una vez superado el punto más bajo de la crisis.
La aprobación de grandes paquetes de estímulo en Estados Unidos (627 mil millones de dólares), Japón (590 mil millones de euros), la Unión Europea (200 mil millones de euros) y más recientemente en China (465 mil millones de euro)-todos ellos importantes socios de las principales economías latinoamericanas-debería suponer una buena noticia para la reactivación de un consumo interno que importa productos latinoamericanos, siempre que no se incluyan cláusulas proteccionistas como las que se han barajado en algunos casos.
Igualmente las noticias procedentes del reciente G20 son buenas para América latina, ya que se aumenta la capacidad del Fondo Monterio con nuevas líneas de crédito (una de ellas ya solicitada por México por un monto más de 30 mil millones de euros). También en Medellín, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) anunció un aumento de sus capacidades de crédito,sin hablar del Banco Mundial que también verá su acción potenciada. Por si fuera poco, además de las líneas de currency swap, puestas en marcha por la Reserva Federal, el Banco Central de China también ha decidido a finales de marzo otorgar una a Argentina, un hecho inédito, está facilidad sumándose a 5 otras conceidades a países asiáticos mayoritariamente hasta entonces.
Pero la acción externa y la coordinación global son sólo parte de la solución para América Latina. Más importante aún es la capacidad endógena de responder a la desaceleración económica y la arterioesclerosis financiera con medidas firmes que estimulen la actividad al tiempo que aseguran que los segmentos más vulnerables de la población no sufren los rigores de la crisis. Como señalamos en el informe Perspectivas Económicas de América Latina 2009 de la OCDE, la política fiscal puede y debe ser una herramienta en la promoción del crecimiento y estabilidad económicos, al tiempo que favorece la reducción de la pobreza y desigualdad en el seno de las sociedades latinoamericanas. Para aprovechar al máximo este potencial, es importante disponer de sistemas fiscales fuertes, transparentes y progresivos, que recauden de manera equitativa y que gasten de forma eficiente.
Brasil y México toman medidas fiscales
En los últimos los gobiernos de la región se han unido al coro países que han tomado medidas fiscales encaminadas a estimular la demanda agregada. En México, por ejemplo, el gobierno del Presidente Calderón se ha comprometido a a incrementar en un 7.5% la inversión del gobierno en proyectos público-privados, expandiendo los beneficios de cobertura de desempleo y otorgando subsidios para las familias de menores recursos: las medidas de estímulo sumarán 120 mil millones de pesos (1% del PIB) en 2009.
En Brasil, a parte de la inyección de 100 mil millones de dólares en el sistema bancario (con el objetivo de sostener la liquidez en el mercado domestico), se han anunciado recortes de impuesto por valor de 3.6 mil millones de dólares y el compromiso de mantener la inversión hecha a través del Programa de Aceleración del Crecimiento, que enfatiza el potencial de crecimiento en construcción civil. En Chile, por su parte, se ha aprobado rápidamente un paquete de estímulo fiscal por valor de 4 mil millones de dólares (un 2,8% del PIB). El caso de Chile es particularmente llamativo ya que este país - todauna lección para los países desarollados - es uno de los pocos en el mundo que está haciendo política de impulso fiscal a partir de una posición virtuosa de superávit.
Toca hacer los deberes, pero ¿se disponen del material y los instrumentos necesarios para ello? La época de bonanza de los últimos años robó mucho poder político a los defensores de políticas anticíclicas, pero el hecho de que estos actores se hayan mantenido a flote permite ahora constatar las bondades de dicha política a largo plazo. El electorado también reconoce el beneficio de una gestión fiscal responsable: la Presidenta Bachelete disfruta de una cota de popularidad del 56%, en buena parte gracias a políticas previsoras y esa maravilla fiscal creada por los chilenos qe les ha dotado de una capacidad contra cíclica única en el mundo (y alabada hace poco por el exigente Financial Times).
Godot y Mr. Marshall son importantes, pero con el crecimiento regional muy previsiblemente por debajo del 1% en 2009 - el Fondo Monetario lo situaba en el 1.1% en enero, el Banco Mundial parece manejar en semanas más recientes una cifra cercana al 0.3%, al igual que el BID quién habla de crecimiento cero - más vale aplicarse en casa antes que esperar soluciones ajenas. Lamentablemente, no todos los países latinoamericanos se encuentran en la misma situación y con el mismo margen de maniobra. Eso sí, como Chile, Brasil o México pero también Colombia o Perú, por mencionar algunos, sí han conseguido dotarse de capacidades de respuesta y no esperar eternamente a Godot.
Los emergentes ya no son solo observadores
La reunión del G20, celebarada a principios de abril en Londres, muestra, si fuera necesario, que los países emergentes son también parte de la solución de la crisis y que cobran cada vez más protagonismo. Han dejado de ser los observadores pasivos de las reuniones del G7 o G8 para convertirse en actores. Llama la atención que nada menos que 3 países latino-americanos se sentaron en la mesa del G20 en Londres, México, Brasil y Argentina. Ojala la región consiga hacer entender su voz en este nuevo concierto de las naciones. Para ello también la mejor manera es seguir el rumbo iniciado por muchos países de la región que lejos de esperar a Godot han decidido a lo largo de la última década dotarse de política económicas pragmáticas y responsables, algunas de ellas transformándose en referentes internacionales.
Los retos siguen sin embargo pendientes: a corto plazo, lidiar con el impacto de la crisis; a medio plazo, no olvidarse de los que más sufrirán de ella, es decir los más pobres y dotarse de políticas fiscales que sean no sólo estímulos para el crecimiento sino también para el desarrollo; políticas fiscales que sean más redistributivas, es decir en definitiva gastar no sólo mejor sino también de manera más equitativa. Este no es sólo un imperativo económico: en democracias también es un imperativo político.
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