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EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

América Latina ante la cumbre del G-20 de Pittsburg

 

Infolatam
Madrid, 23 septiembre 2009


(Especial para Infolatam).- "... para América Latina lo más relevante será lo que se conoce como el debate sobre las "estrategias de salida"; es decir, cómo y cuándo revertir los enormes estímulos monetarios y fiscales que se han activado para contrarrestar la caída de la demanda privada. Se debe subrayar que la economía mundial está empezando a recuperarse gracias a las inyecciones de gasto público y liquidez que han impulsado gobiernos y Bancos Centrales"

Al igual que sucediera en las pasadas cumbres de Washington y Londres, Brasil, México y Argentina asistirán a la próxima reunión del G-20 que se celebrará en Pittsburg (Estados Unidos) los días 24 y 25 de septiembre. Este grupo informal, creado tras la crisis asiática de 1997 y que recibió escasa atención hasta el estallido de la crisis financiera en 2008, está desplazando al G-7/8 y se está consolidando como el punto focal de la nueva gobernanza económica global. El paulatino aumento del poder del G-20 supone un triunfo para los países de América Latina (y también para otras economías emergentes) que ven cómo, inesperadamente, la devastadora crisis financiera global les ha permitido sentarse por primera vez a la mesa que definirá la nueva arquitectura financiera global.

Los temas a tratar en la cumbre serán muchos. Se hablará de la regulación del sistema de incentivos y retribuciones en el sector financiero, de la posibilidad de establecer un impuesto a las transacciones financieras internacionales (la conocida tasa Tobin), de los avances en la reforma del Fondo Monetario Internacional y de cómo coordinarse para resistir la tentación proteccionista (tema delicado tras el aumento de aranceles que Estados Unidos a impuesto a los neumáticos chinos). También se evaluarán los avances y el nivel de coordinación de las reformas regulatorias que los distintos países han puesto en marcha en sus sistemas financieros nacionales y que son la clave para evitar futuras crisis.

Más allá de la enorme importancia de todos estos temas, para América Latina lo más relevante será lo que se conoce como el debate sobre las "estrategias de salida"; es decir, cómo y cuándo revertir los enormes estímulos monetarios y fiscales que se han activado para contrarrestar la caída de la demanda privada. Se debe subrayar que la economía mundial está empezando a recuperarse gracias a las inyecciones de gasto público y liquidez que han impulsado gobiernos y Bancos Centrales. Aunque se haya dejado atrás el pánico, se haya estabilizado el sistema financiero y la tasa de ahorro se esté recuperando, el consumo privado todavía está en mínimos histórico. Por lo tanto, si la liquidez y el gasto público se retiran demasiado pronto, como sucedió en 1931 tras la crisis del 29, es posible que la economía global vuelva a experimentar un colapso.

Ahora bien, si los estímulos públicos se mantienen durante demasiado tiempo, se corre el riego de sobrecalentar la economía, provocar inflación (que a la postre obligará a subir los tipos de interés), generar una nueva burbuja en el precio de los activos y continuar aumentando los niveles de déficit y deuda pública hasta que haya una crisis de insostenibilidad. El crecimiento incontrolado de la deuda es peligroso en cualquier situación, pero como en los próximos años comenzará a jubilarse la generación del baby-boom en los países ricos, será necesario emitir enormes cantidades de deuda para financiar las pensiones y el mayor gasto en sanidad, por lo que sería deseable tener unas finanzas públicas lo más saneadas posibles.

El debate sobre las "estrategias de salida" es clave para América Latina. Por una parte, sus economías tienen un patrón de crecimiento muy sensible a las condiciones del mercado internacional, especialmente a la evolución de los precios de las commodities. Una contracción anticipada del gasto en los países industrializados y en China podría ensombrecer las perspectivas de crecimiento y recuperación de la región, que hoy son mejores que hace unos meses en parte por el estímulo del gasto público en el conjunto de los países del G-20.

Pero por otro lado, a largo plazo, el coste de la deuda de los países latinoamericanos estará influido por la enorme emisión que se espera en los países ricos, que al ser de "mejor calidad" tiende a desplazar a la de las economías emergentes. Para no ver cómo su propia deuda se encarece, los países latinoamericanos tendrán interés en que los países avanzados consoliden sus cuentas públicas en cuanto sea posible. En definitiva, América Latina necesita que el G-20 acuerde mantener los estímulos de demanda a corto plazo pero los retire de forma gradual y coordinada en cuanto la recuperación se materialice.

 

 
 

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